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El Testigo Fiel
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«Mira que estoy a la puerta y llamo,
si alguno oye mi voz y me abre la puerta,
entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
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Documentación: Oración ante el peligro
Salmo 141 (140)
Tradicionalmente el salmo 140 es por antonomasia el salmo de la oración vespertina a causa de la expresión suba el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde. Pero hay un motivo más profundo que la simple cita literal [...]

de la tarde para hacer de este salmo la oración del fin de la jornada: nuestro texto es la oración de un hombre que, tentado en su fidelidad a Dios, quiere mantenerse firme, pero teme ante las acechanzas del tentador: No dejes, Señor, inclinarse mi corazón a la maldad, guárdame del lazo que me han tendido.
El fin de la jornada es un momento especialmente indicado para hacer la síntesis del día y para ver hasta qué punto también nosotros, como el salmista, estamos rodeados de continuas tentaciones que ponen en peligro nuestra fidelidad. Como el autor de nuestro salmo, somos unos pobres perseguidos por el tentador; como nos recomendó ya el Señor, nos es necesario "velar y orar para no caer en la tentación" (Mt 26,41), pues nuestro enemigo, el diablo, constantemente nos incita a la infidelidad: No nos dejes, Señor, caer en la tentación, en ti nos refugiamos, no nos dejes indefensos.
Oración I: En esta hora de la ofrenda de la tarde, Señor, alzamos hacia ti nuestras manos; escucha nuestra voz, ya que en ti nos refugiamos, y no nos dejes indefensos frente a la tentación y a la seducción de los hombres malvados. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Oración II: Nuestros ojos están vueltos hacia ti, Señor; guárdanos de los lazos que nos han tendido, no nos dejes caer en la tentación y haznos participar en la victoria pascual de tu Hijo; que podamos contemplar cómo nuestro enemigo, el diablo, ha caído despeñado y sus tentaciones, como una piedra de molino rota por tierra, han quedado desvanecidas. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
[Pedro Farnés]



Partes de esta serie: Reyes invitan al Papa a visitar España en 2006 · Salmo 141 (140)

sup>1Señor, te estoy llamando, ven de prisa,

escucha mi voz cuando te llamo.

2Suba mi oración como incienso en tu presencia,

el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.

3Coloca, Señor, una guardia en mi boca,

un centinela a la puerta de mis labios;

4no dejes inclinarse mi corazón a la maldad,

a cometer crímenes y delitos;

ni que con los hombres malvados

participe en banquetes.

5Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda,

pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza;

yo seguiré rezando en sus desgracias.

6Sus jefes cayeron despeñados,

aunque escucharon mis palabras amables;

7como una piedra de molino, rota por tierra,

están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.

8Señor, mis ojos están vueltos a ti,

en ti me refugio, no me dejes indefenso;

9guárdame del lazo que me han tendido,

de la trampa de los malhechores.

[10Caigan los impíos en sus propias redes,

mientras yo escapo libre.]

Partes de esta serie: Reyes invitan al Papa a visitar España en 2006 · Salmo 141 (140)
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