El salmo 141 -plegaria de un hombre perseguido y abandonado, pero que confía en que Dios le salvará- es una plegaria muy apropiada para empezar en la tarde de hoy la celebración del día del Señor, porque este salmo viene [...]
a ser como una profecía del misterio pascual de Jesucristo: "Todo lo que describe el salmo -nos dice san Hilario- se realizó en el Señor durante su pasión".
En el justo perseguido, pero salvado por Dios, sumergido en la angustia, pero lleno de confianza, podemos ver a Jesucristo que ahora ora con nosotros, reunidos en su nombre. Jesús, en efecto, en los días de su pasión, no encontró nadie que le hiciera caso, nadie que mirara por su vida, pero, en la resurrección, el Padre le sacó de la prisión y ahora da gracias a su nombre, mientras los justos -la Iglesia que, sobre todo en el domingo, se reúne a su alrededor para celebrar la eucaristía- le rodean, contemplando cómo Dios le ha devuelto su favor.
Nosotros, pues, el pueblo de Jesús resucitado, empezamos ahora con este salmo la acción de gracias de este domingo, que inauguramos en este momento, rodeando a Cristo triunfante, como lo haremos también, unidos a todos los cristianos, en la eucaristía que será el centro de nuestro domingo.
En la celebración, si no es posible cantar la antífona propia, este salmo se puede acompañar cantando alguna antífona que exprese la esperanza, por ejemplo: "En Dios pongo mi esperanza" o bien "Protégeme, Dios mío".
Oración I: Con frecuencia, Señor, nuestro espíritu está abatido y, ante las muchas dificultades de nuestro caminar de cada día, nos va faltando el aliento; ayúdanos, pues, con los ejemplos del misterio pascual de tu Hijo y afiánzanos en la esperanza de que nos sacarás de la prisión y nos llevarás al país de la vida, donde todos los justos rodearán a Cristo y, por los siglos de los siglos, darán gracias a tu nombre. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Oración II: Imploramos, Señor, humildemente tu misericordia y gritamos a ti, que eres nuestro refugio, pidiéndote que atiendas nuestros clamores y hagas que un día podamos gozar de tu heredad en el país de la vida, por los siglos de los siglos. Amén.
[Pedro Farnés]