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El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
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Documentación: Dios juzgará con justicia
Cántico de Isaías (Is 33,13-16)
Este cántico alude literalmente a la liberación de Jerusalén cuando Senaquerib levantó el asedio de la ciudad (2 R 18,13-16). El profeta quiere tranquilizar al pueblo que está aún lleno de temor, anunciándole la victoria que se avecina: Escuchad lo [...]

que he hecho, reconoced mi fuerza
. Pero Isaías se dirige también a los israelitas que han sido infieles a la alianza, profanando la misma santidad de Jerusalén. Cuando estos israelitas contemplen el castigo del ejército de Senaquerib, temerán también por sus propias infidelidades; también temen en Sión los pecadores, y un temblor agarra a los perversos: "¿Quién de nosotros habitará un fuego devorador, la hoguera perpetua, que va a destruir al enemigo?" Que el pueblo de Dios no tema: si se convierte y procede con justicia, habitará en lo alto de la Jerusalén libertada y, perdonado por Dios, tendrá abasto de pan y provisión de agua.
Como oración de la mañana, este cántico nos invita a la contemplación del triunfo pascual inaugurado por Jesús. El asedio de Jerusalén levantado es como un signo de que la muerte y el pecado han sido ya derrotados: Escuchad lo que he hecho, reconoced mi fuerza. Pero las palabras de este himno de victoria son también exhortación a la penitencia. Hemos sido llamados al reino de Dios, a formar parte de la Iglesia santa; si nuestro comportamiento nos hace temer que sucumbiremos, juntamente con los enemigos de Dios, que el mensaje de este cántico nos devuelva la paz: Si procedemos con justicia, habitaremos en lo alto de la Jerusalén definitiva, y, en el banquete eterno, gozaremos, con abasto de pan, de la mesa de Dios.
En la celebración comunitaria, es recomendable que este cántico sea proclamado por un salmista; si no es posible cantar la antífona propia, la asamblea puede acompañar el cántico cantando alguna antífona penitencial o de acción de gracias, por ejemplo: "Padre, hemos pecado contra ti" (MD 933) o bien "Grandes y maravillosas son tus obras".
Oración I: Señor Dios, que, por la victoria de Jesucristo, nos has hecho conocer tu fuerza y, por su gloriosa ascensión a tu derecha, nos has dado la esperanza de habitar un día en lo alto, concédenos también tu ayuda, para que procedamos con justicia y cerremos nuestros ojos para no ver la maldad; así un día podremos habitar contigo en el picacho rocoso de tu reino eterno, por los siglos dedos siglos. Amén.
Oración II: Santo Dios, santo Fuerte, santo Inmortal, tú que manifestaste a Moisés tu nombre desde la zarza ardiente y, en Cristo, tu Hijo, nos has revelado las exigencias de la nueva ley, ayúdanos a proceder siempre con justicia y a cumplir siempre con espíritu filial tus mandamientos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. [Pedro Farnés]
Introducción general
El presente poema forma parte de una composición mayor, relacionada con el "Apocalipsis de Isaías". Ha llegado la hora de la liquidación histórica. Algún acontecimiento político-religioso grave obliga al compositor a pensar sobre las realidades últimas, sobre el compromiso que surge de un Dios cercano. Hay quien dice -fundamentándose en Is 33,8- que ese acontecimiento es el enfrentamiento bélico entre Antíoco Eupator y los hermanos Macabeos. Tal vez sea demasiado pretenciosa, incluso innecesaria, una datación tan precisa. Los versículos que integran nuestro himno son un tanto heterogéneos: a la súplica anterior (vv. 7-9) se responde con un oráculo (vv. 10-13); sigue una consulta cúltica (v. 14), con una respuesta igualmente cúltica (vv. 15-16).
Para el rezo comunitario, hacemos unas indicaciones. Extraídos del capítulo 33, tal vez pueda aplicarse a los versículos que integran nuestro himno el siguiente esquema: lo que queda del oráculo (v. 13) y la consulta cúltica (v. 14a) puede ser proclamado por la asamblea, excluyendo la pregunta concreta (v. 14b) que sería recitada por un salmista, como sucedía en "las liturgias de la Ley". El presidente responde (vv. 15-16):
Asamblea, "Los lejanos escuchad... agarra a los perversos" (vv. 13-14a).
Salmista, Consulta: "¿Quién de nosotros habitará... una hoguera perpetua?" (v. 14b).
Presidente, Respuesta: "El que procede con justicia... y provisión de agua" (vv 15-16).
La amenaza del Dios Santísimo
Una de las supremas categorías religioso-políticas en el libro de Isaías es el Emmanuel, "Dios con-nosotros" (Is 7,14). Su cercanía es la del Dios santísimo que pone al descubierto el pecado del hombre. La solución normal es que el hombre pecador muera ante la cercanía de Dios. Pero el Dios viviente no se complace con la muerte del hombre. Arbitra otra solución: que el profeta y el pueblo pasen a través del fuego purificador y se conviertan en testigos de Dios (Is 6,8). La cercanía de Dios obligó a Jesús a pasar por idéntico bautismo de fuego. Quien, como Simón Pedro, experimenta al Dios con nosotros en Jesús, se estremece por el propio pecado. Pero no se puede refugiar ahí, sino que, salado por el fuego (Mc 9,49), es un testigo de la santidad de Dios. Lo único que le cabe hacer es dejarlo todo y seguir al Señor. Éste ya no tiembla ante Dios; se regocija.
Buscad las cosas de arriba
Los acontecimientos graves tienen la ventaja de situarnos ante lo importante. El resto ya no interesa. ¿Quién puede soportar a Dios hasta el fin? No los obradores del mal, que perecen ante Dios como la cera se derrite al fuego. Soporta a Dios quien renuncia a un conocimiento de oídas y llega a una nueva visión. Jesús fue ese hombre: desechó el gozo de lo inmediato y soportó la cruz sin miedo a la ignominia. Llegado a este extremo experimentó la cálida acogida del seno del Padre. Hay que olvidar lo que se sabía de Dios, para aprender de Jesús que es su explicación. Sólo quien ha nacido de arriba, quien busca las cosas de arriba, puede soportar a Dios hasta el fin. Está dispuesto a amar a los hermanos como signo de que ha visto a Dios.
Viático de eternidad
A Elías, en su peregrinación hacia el encuentro con Dios, se le invita a comer y a beber porque el camino es largo. Con esa comida llegó hasta el monte de Dios. Aquí tendrá abasto de pan y provisión de agua. Hay un nuevo alimento preparado para las gentes que han salido a un lugar solitario y se les ha hecho tarde (Mt 14,15). Jesús mismo les da el pan a través de los discípulos. Imperativamente ofrece a todos comer ese pan que es su Cuerpo. Si uno come de ese pan, no tendrá hambre, nunca tendrá sed. Este pan, que contiene en sí todo deleite, es un anticipo del pan que se gusta en el Reino eterno. Ya ahora hace dichosos. Es una ayuda que sostiene nuestra marcha hacia el encuentro con Dios.
Resonancias en la vida religiosa
Vivimos en la presencia abrasadora de Dios: Como a sus Doce discípulos el Señor nos ha convocado para que "estemos con Él". Su presencia entre nosotros no es ningún elemento decorativo ni una idea poética, es una realidad estremecedora, de la que a veces somos poco conscientes.
Sí. Estamos en la presencia del Hijo de Dios a quien define este cántico de Isaías como un "fuego devorador", "una hoguera perpetua". Y no es posible continuar esta forma de existencia sin dejarnos acrisolar, sin permitir que la ganga se nos desprenda violenta y poderosamente. Nuestro hombre viejo ha de sentir temor y temblor, porque Cristo lo destruirá.
Sólo con la fuerza de esta tremenda purificación podremos escalar la altura, el picacho rocoso a donde la Palabra de Dios nos llama constantemente. Nos instalaremos allí donde no hay carencia, donde hay estabilidad inconmovible. Y en tal situación nuestros ojos se cerrarán ante el mal, nuestras manos se sacudirán rechazando el soborno, nuestros oídos no atenderán a propuestas malvadas.
Estar en la presencia de Dios es nuestra vocación. Presencia estremecedora; presencia transformante.
Oraciones sálmicas
Oración I: Oh Dios nuestro, Emmanuel, que pones al descubierto nuestros pecados; no permitas que muramos en tu presencia; transfórmanos con tu fuego purificador y conviértenos en testigos de tu cercanía. Tú que vives y reinas con el Padre, en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.
Oración II: Padre, tu Hijo soportó la cruz sin miedo a la ignominia; destruye en nosotros esas imágenes de lo divino tan interesadas y comprometedoras; haznos nacer de arriba para comprender tu misteriosa presencia entre nosotros. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Oración III: Padre de tu pueblo peregrino, acuérdate de nuestro fatigoso caminar, de nuestra hambre, de nuestras situaciones desesperadas; que no nos falte el abasto del Pan de Vida, que es Jesús, ni la provisión de Agua que es tu Espíritu; con ellos concédenos tu Vida futura. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén. [Ángel Aparicio y José Cristo Rey García]



Partes de esta serie: El papa nos habla del sentido del Bautismo de Jesús · Cántico de Isaías (Is 33,13-16)

ios juzgará con justicia

[10Ahora me pongo en pie, dice el Señor,

ahora me yergo, ahora me alzo:

11Concebiréis paja y pariréis rastrojo,

mi aliento como fuego os consumirá;

12los pueblos serán calcinados,

como cardos segados arderán.]

13Los lejanos, escuchad lo que he hecho;

los cercanos, reconoced mi fuerza.

14Temen en Sión los pecadores,

y un temblor agarra a los perversos:

"¿Quién de nosotros habitará un fuego devorador,

quién de nosotros habitará una hoguera perpetua?".

15El que procede con justicia y habla con rectitud

y rehúsa el lucro de la opresión,

el que sacude la mano rechazando el soborno

y tapa su oído a propuestas sanguinarias,

el que cierra los ojos para no ver la maldad:

16ése habitará en lo alto,

tendrá su alcázar en un picacho rocoso,

con abasto de pan y provisión de agua.

Partes de esta serie: El papa nos habla del sentido del Bautismo de Jesús · Cántico de Isaías (Is 33,13-16)
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