Esta web utiliza cookies, puedes ver nuestra política de cookies, aquí Si continuas navegando estás aceptándola
Política de cookies +
El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
rápido, gratis y seguro
conservar sesión
  • Por sobre todo, los miembros registrados dan forma y sentido a este sitio, para que no sea solamente un portal de servicios sino una verdadera comunidad de formación, reflexión y amistad en la Fe.
  • Además tienes ventajas concretas en cuanto al funcionamiento:
    • Tienes reserva del nombre, de modo que ningún invitado puede quedarse con tu identidad.
    • En los foros, puedes variar diversas opciones de presentación (color de fondo, cantidad de mensajes por página, etc.), así como recibir mail avisándote cuando respondan a cuestiones de tu interés.
    • También puedes llevar un control sobre los mensajes que leíste y los que no, o marcarlos para releer.
    • Puedes utilizar todas las funciones de la Concordancia Bíblica on-line.
registrarme
rápido, gratis y seguro
«Mira que estoy a la puerta y llamo,
si alguno oye mi voz y me abre la puerta,
entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
Documentación: Angustias de un moribundo y alegría de la curación
Cántico de Ezequías (Is 38, 10-14. 17-20)
El cántico de hoy, que la redacción actual del libro de Isaías pone en boca del piadoso rey Ezequías, es la oración de un enfermo que se siente llegado ya a las puertas de la muerte: "En medio de mis [...]

días tengo que marchar hacia las puertas del Abismo;
ya no me será posible asistir a las solemnes liturgias del templo; ya no veré más al Señor en la tierra de los vivos, porque levantan y enrollan mi vida como el vendaval arrebata una tienda de pastores". Ante tamaña desgracia, el enfermo acude a Dios y ora, sus ojos, mirando al cielo, se consumen, esperando, contra toda esperanza, que el Señor intervendrá finalmente devolviéndole la anhelada salud. Dios escuchó a este enfermo -este cambio de escena constituye la segunda parte de nuestro cántico- y le devolvió la salud: Me has curado; detuviste mi alma ante la tumba vacía. Por eso entona un cántico de acción de gracias: Los vivos son quienes te alaban, como yo ahora.
Cuando este texto fue escrito, la fe en la resurrección aún no había arraigado en el pueblo de Israel. Nosotros, que conocemos mejor que el salmista el plan de Dios, que incluye la resurrección final, podemos hacer nuestra, con mayor plenitud si cabe que el propio autor de este texto, el contenido de esta oración y de esta acción de gracias. Si es verdad que nuestra naturaleza mortal nos lleva hacia la muerte y, mientras más avanza nuestra edad, más sentimos el peso de los años -tengo que marchar hacia las puertas del Abismo, me privan del resto de mis años-, con todo, la resurrección de Cristo, que celebramos cada mañana en la hora de Laudes, nos asegura que tendremos una curación más plena que la del enfermo autor de nuestro canto: Detuviste mi alma ante la tumba vacía. Por eso tocaremos nuestras arpas todos nuestros días en la casa del Señor.
En la celebración comunitaria, con el fin de lograr que sea más fácil captar las dos partes de este cántico -la oración del que aún está enfermo y la oración después de recobrada la salud-, es recomendable distribuir sus dos partes entre dos lectores distintos: el primero recitaría la oración del salmista enfermo (desde el principio hasta "sal fiador por mí", vv. 10-14); el segundo, la plegaria de acción de gracias una vez recobrada la salud (desde "Me has curado" hasta el final, vv. 17-20). Si no es posible cantar la antífona propia, este cántico se puede acompañar cantando alguna antífona que exprese la esperanza y la fe en la resurrección.-- [Pedro Farnés]



Partes de esta serie: Paseando por el Archivo Secreto Vaticano en Internet · Cántico de Ezequías (Is 38, 10-14. 17-20)

ngustias de un moribundo y alegría de la curación

10Yo pensé: "En medio de mis días

tengo que marchar hacia las puertas del abismo;

me privan del resto de mis años".

11Yo pensé: "Ya no veré más al Señor

en la tierra de los vivos,

ya no miraré a los hombres

entre los habitantes del mundo.

12Levantan y enrollan mi vida

como una tienda de pastores.

Como un tejedor, devanaba yo mi vida,

y me cortan la trama".

Día y noche me estás acabando,

13sollozo hasta el amanecer.

Me quiebras los huesos como un león,

día y noche me estás acabando.

14Estoy piando como una golondrina,

gimo como una paloma.

Mis ojos mirando al cielo se consumen:

¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí!

[15¿Qué le diré y qué pensaré

si él es quien lo hace?

Huye de mí el sueño

por la amargura de mi alma.

16Los que Dios protege, viven

y entre ellos vivirá mi espíritu.]

Me has curado, me has hecho revivir,

17la amargura se me volvió paz

cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía

y volviste la espalda a todos mis pecados.

18El abismo no te da gracias,

ni la muerte te alaba,

ni esperan en tu fidelidad

los que bajan a la fosa.

19Los vivos, los vivos son quienes te alaban:

como yo ahora.

El padre enseña a sus hijos tu fidelidad.

20Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas

todos nuestros días en la casa del Señor.

Partes de esta serie: Paseando por el Archivo Secreto Vaticano en Internet · Cántico de Ezequías (Is 38, 10-14. 17-20)
© El Testigo Fiel - 2003-2026 - www.eltestigofiel.org - puede reproducirse libremente, mencionando la fuente.
Sitio realizado por Abel Della Costa - Versión de PHP: 8.2.32