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El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
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Documentación: El buen pastor es el Dios altísimo y sapientísimo
Cántico de Isaías (Is 40,10-17)
Literalmente este cántico se refiere al advenimiento de Ciro, el rey persa, que llega con poder, y cuyo brazo manda; en este rey es el mismo Señor Dios quien viene con su salario, para destruir Babilonia; de este modo, los [...]

hijos de Israel alcanzarán la libertad frente a sus opresores.
Pero esta victoria y este advenimiento fueron, ya para Israel, algo más que la victoria de un rey sobre otro rey; fue Dios quien se sirvió del rey persa para librar a su pueblo de la esclavitud. En la persona de Ciro es Yahvé quien llega para salvar a su rebaño, dispersado entre los gentiles, reuniéndolo con su brazo, tomando en brazos a los corderos y haciendo recostar a las madres.
Pero en nuestro cántico hay algo más que la buena noticia de la liberación; el texto nos habla también de los caminos inescrutables de Dios, cuando él se propone salvar al hombre. Nunca ningún israelita hubiera sospechado que sería por medio de un pueblo pagano y un rey extranjero que llegaría a la libertad. "Los planes de Dios no son nuestros planes, nuestros caminos no son sus caminos" (Is 55, 8).
Mantengamos, pues, firme nuestra esperanza y segura nuestra fe, aun cuando, con frecuencia, no comprendamos el proceder del Señor. ¿Quién le ha sugerido su proyecto? ¿Con quién se aconsejó para que le enseñara el camino exacto?
En la celebración comunitaria es recomendable que este cántico sea proclamado por un salmista; si no es posible cantar la antífona propia, la asamblea puede acompañar el cántico cantando alguna antífona que exprese la confianza que el pueblo de Dios tiene en el Señor, por ejemplo: "El Señor es mi fuerza" (MD 647) o bien "El Señor es mi pastor" (MD 801).
Oración I: Señor Dios, pastor eterno, que con tu amor reúnes a tu rebaño y con tu poder lo proteges, nadie puede medir tu aliento ni enseñarte el método inteligente; haz, pues, que nosotros, en medio de nuestras tinieblas, sepamos acallar nuestros deseos, como un niño en brazos de su madre, y estemos seguros de que nadie como tú conoce el camino exacto y el método inteligente. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Oración II: Danos, Señor, tu luz, para que conozcamos tus misterios; tú eres el que está lejos y eres inaccesible, pero has querido acercarte a nuestra pequeñez; tú, el poderoso que no quieres aterrarnos con tu poder; mira, pues, nuestra pequeñez y, ya que has querido, en Cristo, asumir nuestra debilidad humana, haz que el fruto de la victoria de tu Hijo nos preceda siempre como trofeo. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén. [Pedro Farnés]



Partes de esta serie: El bautismo, según Benedicto XVI, es un «no» a la cultura de la muerte · Cántico de Isaías (Is 40,10-17)

l buen pastor es el Dios altísimo y sapientísimo

[9Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión;

alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén;

álzala, no temas, di a las ciudades de Judá:

"Aquí está vuestro Dios".]

10Mirad, el Señor Dios llega con poder,

y su brazo manda.

Mirad, viene con él su salario,

y su recompensa lo precede.

11Como un pastor que apacienta el rebaño,

su brazo lo reúne,

toma en brazos los corderos

y hace recostar a las madres.

12¿Quién ha medido a puñados el mar

o mensurado a palmos el cielo,

o a cuartillos el polvo de la tierra?

¿Quién ha pesado en la balanza los montes

y en la báscula las colinas?

13¿Quién ha medido el aliento del Señor?

¿Quién le ha sugerido su proyecto?

14¿Con quién se aconsejó para entenderlo,

para que le enseñara el camino exacto,

para que le enseñara el saber

y le sugiriese el método inteligente?

15Mirad, las naciones son gotas de un cubo

y valen lo que el polvillo de balanza.

Mirad, las islas pesan lo que un grano,

16el Líbano no basta para leña,

sus fieras no bastan para el holocausto.

17En su presencia, las naciones todas

como si no existieran,

valen para él nada y vacío.

Partes de esta serie: El bautismo, según Benedicto XVI, es un «no» a la cultura de la muerte · Cántico de Isaías (Is 40,10-17)
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