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El Testigo Fiel
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Documentación: Consuelo y gozo para la ciudad santa
Cántico de Isaías (Is 66,10-14a)
El cántico de hoy es un himno escatológico en honor de la Jerusalén definitiva. Ha terminado ya la cautividad de Babilonia, y los israelitas han retornado a Tierra Santa. Pero las esperanzas, forjadas durante el destierro, no se han realizado [...]

como Israel imaginaba en los días de cautiverio. Jerusalén no es la ciudad gloriosa y vencedora, sino un conjunto de ruinas; la pobreza y las calamidades de la postguerra dificultan la reconstrucción de la ciudad, la hostilidad de los pueblos vecinos no hace sino acrecentar las ya graves dificultades que se respiran por todas partes. Todo ello es motivo de decepción para un pueblo que en el dolor había imaginado un porvenir glorioso. Pero queda un resto de fervorosos israelitas que no han perdido totalmente la esperanza y que, ante las dificultades presentes, empiezan a entrever que las promesas de Dios sobre el futuro de la ciudad santa han de referirse a una Jerusalén muy distinta de la política y nacionalista que se habían imaginado. Nuestro cántico va dedicado, pues, a este pequeño resto que continúa creyendo en las promesas de Yahvé, y tiene por objeto reafirmar sus esperanzas.
El Espíritu nos repite hoy a nosotros el mensaje de este cántico. También el pueblo cristiano es invitado, frecuentemente, al gozo, con el anuncio de los bienes y favores de Dios, con la proclamación del Evangelio de Jesús. Pero también el pueblo cristiano, con frecuencia, entiende mal este mensaje y hace de las promesas de Dios bienes a la propia medida. Se imagina una Iglesia santa y pura en todos sus miembros y en cada una de sus instituciones, sueña con una paz y justicia plena y total ya aquí en la tierra..., y, cuando estos bienes no llegan a ser realidad en toda su plenitud, muchos son los que se descorazonan. La palabra de Dios nunca nos ha prometido los bienes escatológicos para el tiempo de nuestra peregrinación; por eso, nunca en la tierra la comunidad cristiana será totalmente pura y santa.
En el momento actual, la Iglesia es solamente aquella red que congrega toda clase de peces, buenos y malos, hasta el día en que los ángeles separen a los justos de los pecadores; aquí en la tierra, el mundo nunca será plenamente justo, porque los hombres debemos anhelar el mundo mejor que empezará con la gloriosa manifestación de Jesús, el Señor, manifestación que será la única realidad plena de justicia humana. Pero, mientras luchamos por aquel mundo mejor que no acabamos nunca de conseguir, hemos de conservar viva la esperanza: Gozad con Jerusalén, todos los que la amáis, alegraos, los que por ella llevasteis luto, porque el Señor destruirá a sus enemigos -injusticia, dolor, pecado, muerte- y en la Jerusalén definitiva seréis consolados.
Si no es posible cantar la antífona propia, este cántico se puede acompañar cantando alguna antífona que celebre la gloria de la Iglesia, por ejemplo: "Hija de Sión, alégrate" (MD 606) o bien "Hacia ti, morada santa" (MD 649).
Oración I: Señor Dios nuestro, has prometido consolar a Jerusalén como una madre consuela a sus hijos; haz que, mientras vivamos aún en el cuerpo, emigrados y lejos de ti, anhelemos estar con Cristo y nos sintamos ya salvados en aquella esperanza que no engaña. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Oración II: Señor Jesús, que has dicho: "Venid a mí todos los que estéis cansados y agobiados y yo os aliviaré", consuela a tu pueblo con la dulzura de tu amor y haz que nuestros trabajos engendren aquel mundo nuevo, donde todos se saciarán de la alegría que tú mismo prometiste y que nadie nos podrá arrebatar. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. [Pedro Farnés]



Partes de esta serie: Caricaturas, ¿existe el derecho a ofender? · Cántico de Isaías (Is 66,10-14a)

onsuelo y gozo para la ciudad santa

10Festejad a Jerusalén, gozad con ella,

todos los que la amáis,

alegraos de su alegría,

los que por ella llevasteis luto;

11mamaréis a sus pechos

y os saciaréis de sus consuelos,

y apuraréis las delicias

de sus ubres abundantes.

12Porque así dice el Señor:

"Yo haré derivar hacia ella,

como un río, la paz,

como un torrente en crecida,

las riquezas de las naciones.

Llevarán en brazos a sus criaturas

y sobre las rodillas las acariciarán;

13como a un niño a quien su madre consuela,

así os consolaré yo,

y en Jerusalén seréis consolados.

14Al verlo se alegrará vuestro corazón,

y vuestros huesos florecerán como un prado.

[La mano del Señor se manifestará a sus siervos,

y su cólera, a sus enemigos".]

Partes de esta serie: Caricaturas, ¿existe el derecho a ofender? · Cántico de Isaías (Is 66,10-14a)
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