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El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
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Documentación: Lamentación del pueblo en tiempo de hambre y de guerra
Cántico de Jeremías (Jr 14,17-21)
El cántico de Jeremías es una plegaria penitencial que cuadra muy bien con la oración del viernes, día de la muerte del Señor. Una prolongada sequía está destruyendo, año tras año, las cosechas de los campos y, ante tamaña desgracia, [...]

el profeta pide ayuda y misericordia a Dios. Pero Dios se muestra inexorable: los hijos de Judá van en pos de dioses extranjeros y tanto el profeta como el sacerdote vagan sin sentido por el país. El Señor, por tanto, no solamente dejará sin remedio la sequía, sino que al castigo de los campos sin cosechas seguirá el azote de la guerra. Ante tal respuesta por parte del Señor, Jeremías no desfallece; confiesa las culpas del pueblo, -Señor, reconocemos nuestra impiedad-, y espera el perdón de Dios, -no rompas tu alianza con nosotros, no nos rechaces-.
Pidamos, también nosotros, al Señor que, a pesar de nuestras infidelidades, no nos abandone. Que nuestra plegaria sea la del publicano humilde que se reconoce pecador; aunque nuestras culpas merecen el castigo, el Señor se apiadará de nosotros por amor de su nombre.
En la celebración comunitaria, es recomendable que este cántico sea proclamado por un salmista; si no es posible cantar la antífona propia, la asamblea puede acompañar el cántico cantando alguna antífona de matiz penitencial, por ejemplo: "¡Perdón, Señor, hemos pecado!" (MD 802) o bien "Danos, Señor, un corazón nuevo" (MD 971).
Oración I: Señor, reconocemos nuestra impiedad: hemos pecado contra ti como nuestros padres de Israel, hemos merecido que tu garganta tenga asco de nuestro pueblo; pero tu amor supera nuestras culpas, recuerda y no rompas tu alianza con nosotros, no nos rechaces, por tu nombre. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Oración II: Señor Jesús, tú que lloraste sobre tu ciudad de Jerusalén, que no quiso reconocerte como su Salvador, haz que nosotros nos compadezcamos también y lloremos por los sufrimientos de la humanidad, signos del mal profundo que nos penetra a todos los humanos; cura la terrible desgracia de nuestro pueblo, su herida de fuertes dolores, y no rompas tu alianza con nosotros, tú que moriste en la cruz por todos los hombres y ahora vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. [Pedro Farnés]



Partes de esta serie: Sor Tripi: he visto las mayores conversiones en la cárcel · Cántico de Jeremías (Jr 14,17-21)

amentación del pueblo

en tiempo de hambre y de guerra

17[ Diles esta palabra:]

Mis ojos se deshacen en lágrimas,

día y noche no cesan:

por la terrible desgracia de la doncella de mi pueblo,

una herida de fuertes dolores.

18Salgo al campo: muertos a espada;

entro en la ciudad: desfallecidos de hambre;

tanto el profeta como el sacerdote

vagan sin sentido por el país.

19¿Por qué has rechazado del todo a Judá?

¿Tiene asco tu garganta de Sión?

¿Por qué nos has herido sin remedio?

Se espera la paz, y no hay bienestar,

al tiempo de la cura sucede la turbación.

20Señor, reconocemos nuestra impiedad,

la culpa de nuestros padres,

porque pecamos contra ti.

21No nos rechaces, por tu nombre,

no desprestigies tu trono glorioso;

recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.

[22¿Hay entre los ídolos de los paganos uno que dé lluvia?

¿Sueltan solos los cielos sus chubascos?

Tú, Señor, eres nuestro Dios, en ti esperamos,

porque eres tú quien hace todo eso.]

Partes de esta serie: Sor Tripi: he visto las mayores conversiones en la cárcel · Cántico de Jeremías (Jr 14,17-21)
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