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El Testigo Fiel
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Documentación: Oración de Azarías en el horno
Cántico de Azarías (Dn 3, 26-29. 34-41)
El libro de Daniel pone en boca de Azarías, precipitado en el horno por haberse negado a adorar la estatua erigida por Nabucodonosor, este cántico de penitencia. En medio de las llamas, Azarías reconoce y confiesa humildemente los pecados de [...]

Israel, por los que Dios parece haber olvidado sus antiguas promesas. Toda esta plegaria refleja la situación de persecución del tiempo de los Macabeos. A causa de sus pecados, Israel ha quedado reducido al más pequeño de todos los pueblos, sin príncipes ni profetas, sin holocausto ni sacrificios, sin templo ni altar donde ofrecer primicias, la humillación no puede ser mayor. Pero al profeta le queda aún un medio a través del cual encontrar la faz de Dios: El corazón contrito y el espíritu humilde pueden ser un sacrificio igual, e incluso mejor, que el holocausto de carneros y toros.
Al empezar el nuevo día, hagamos nuestra esta plegaria. "Se acerca la hora, ya está aquí -decía Jesús a la Samaritana-, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu" (Jn 4,23). Como Azarías y como los mártires del tiempo de los Macabeos, también nosotros somos pobres y estamos desprovistos de todo: de buenas obras e, incluso, quizá, de ilusiones y de deseos de mejorar. Ofrezcamos, pues, a Dios lo único que está a nuestro alcance, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde, y confiemos que el Dios de nuestros padres no romperá su alianza y multiplicará nuestra descendencia como la arena de las playas marinas, por Abrahán, su amigo, por Isaac, su siervo, por Israel, su consagrado, y, sobre todo, por Jesús, su Hijo amadísimo.
En la celebración comunitaria, si no es posible cantar la antífona propia, este cántico se puede acompañar con alguna antífona de matiz penitencial, por ejemplo: "Desde lo hondo a ti grito, Señor", sólo la primera estrofa (MD 825) o bien "¡Padre, he pecado contra el cielo y contra ti!" (MD 932).
Oración I: Escúchanos, Señor, Dios de nuestros padres, y no retires de nosotros tu favor; humillados a causa de nuestros pecados y descorazonados por nuestras debilidades, pero sabiendo que los que en ti confían no quedan defraudados, acudimos a tu misericordia: acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde y danos la abundancia de tu perdón y de tu paz. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Oración II: Concede, Señor, a tu Iglesia una pobreza siempre creciente de medios y de fuerzas propias, que le haga poner toda su confianza sólo en tu fidelidad; haz también que el recuerdo de tus maravillas a lo largo de la historia de la salvación sea su fuerza ante las pruebas presentes, para que, firme en la esperanza, haga de todas sus obras un sacrificio espiritual, agradable a ti por Jesucristo, tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén. [Pedro Farnés]



Partes de esta serie: Irak: «Los cristianos están desesperados», · Cántico de Azarías (Dn 3, 26-29. 34-41)

ración de Azarías en el horno

26Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres,

digno de alabanza y glorioso es tu nombre.

27Porque eres justo en cuanto has hecho con nosotros

y todas tus obras son verdad,

28y rectos tus caminos,

y justos todos tus juicios.

29Porque hemos pecado y cometido iniquidad

apartándonos de ti, y en todo hemos delinquido.

34Por el honor de tu nombre,

no nos desampares para siempre,

no rompas tu alianza,

no apartes de nosotros tu misericordia.

35Por Abrahán, tu amigo;

por Isaac, tu siervo;

por Israel, tu consagrado;

36a quienes prometiste

multiplicar su descendencia

como las estrellas del cielo,

como la arena de las playas marinas.

37Pero ahora, Señor, somos el más pequeño

de todos los pueblos;

hoy estamos humillados por toda la tierra

a causa de nuestros pecados.

38En este momento no tenemos príncipes,

ni profetas, ni jefes;

ni holocausto, ni sacrificios,

ni ofrendas, ni incienso;

ni un sitio donde ofrecerte primicias,

para alcanzar misericordia.

39Por eso, acepta nuestro corazón contrito

y nuestro espíritu humilde,

como un holocausto de carneros y toros

o una multitud de corderos cebados.

40Que éste sea hoy nuestro sacrificio,

y que sea agradable en tu presencia:

porque los que en ti confían

no quedan defraudados.

41Ahora te seguimos de todo corazón,

te respetamos y buscamos tu rostro.

Partes de esta serie: Irak: «Los cristianos están desesperados», · Cántico de Azarías (Dn 3, 26-29. 34-41)
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