sperad -oráculo del Señor-
a que yo me levante a acusar,
porque yo suelo reunir a los pueblos, juntar a los reyes,
para derramar sobre ellos mi furor, el incendio de mi ira;
en el fuego de mi celo se consumirá la tierra entera.
Entonces daré a los pueblos labios puros,
para que invoquen todos el nombre del Señor,
para que le sirvan unánimes.
Desde más allá de los ríos de Etiopía,
mis fieles dispersos me traerán ofrendas.
Aquel día no te avergonzarás
de las obras con que me ofendiste,
porque arrancaré de tu interior
tus soberbias bravatas,
y no volverás a gloriarte
sobre mi monte santo.
Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde,
que confiará en el nombre del Señor.
El resto de Israel no cometerá maldades,
ni dirá mentiras,
ni se hallará en su boca una lengua embustera;
pastarán y se tenderán sin sobresaltos.