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El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
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Documentación: La pasión voluntaria de Cristo, el siervo de Dios
Cántico de la carta I de San Pedro (2,21b-24)
"El que quiera seguirme -dijo Jesús a sus discípulos- que cargue con su cruz cada día y se venga conmigo" (Lc 9, 23). El cántico que en los domingos de Cuaresma concluye la salmodia de las II Vísperas quiere ser [...]

una respuesta de la comunidad cristiana a esta invitación de su Señor.
Literalmente, con el contenido de este texto se quiere alentar a los esclavos injustamente vejados por dueños crueles e injustos: si sufren sin haberlo merecido, que recuerden que los mismos castigos que a ellos les infligen -insultos, azotes, incluso la crucifixión-, como ellos y antes que ellos, los soportó el Señor.
Pero el Espíritu Santo ha querido que en los sufrimientos de estos esclavos del siglo I se reflejaran también todas las injusticias y los sufrimientos de los fieles de todos los tiempos, nuestros propios sufrimientos también. Y ha querido darnos la única respuesta válida, desde el punto de vista cristiano, ante el sufrimiento: la paciencia esperanzada. En efecto, la paciencia ante la tribulación es una de las enseñanzas más repetidas en la Escritura; por ello, hay que decir que para los seguidores de Cristo es válida también en nuestros días, aunque nuestro mundo respire sólo sublevación ante el sufrimiento, y violencia ante la violencia. El cristiano no puede ser hombre violento ni puede dar curso libre a la venganza ni tomarse la justicia por su mano, sino que debe presentar la mejilla izquierda al que le abofetee en la derecha y dar la capa al que quiera ponerle pleito para quitarle la túnica (cf. Mt 5,39-40). Si esta doctrina nos parece difícil, que nuestro cántico a Cristo sufriente nos ayude en estos domingos de Cuaresma, en los que con mayor asiduidad contemplamos su cruz.
Oración I: Danos tu fuerza, Padre santo, para seguir con fidelidad las huellas de tu Hijo para cargar cada día con su cruz y seguirlo, imitando los ejemplos de su pasión; aleja de nosotros todo espíritu de venganza y haz que sepamos amar a nuestros enemigos como Cristo, que, en la cruz, pidió perdón por los que lo maltrataban. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Oración I: Mira, Señor, el rostro escarnecido de tu Hijo amado, con su cuerpo atormentado por la violencia y su espíritu humillado por los insultos; que, alzado sobre la cruz, sea como un signo para tu Iglesia y un ejemplo para todo el mundo, contra odios y rencores, contra injusticias y opresiones; que él, que subió al leño a fin de que vivamos para la justicia, sea para todos esperanza de un mundo nuevo, sin rencores ni odios ni desamor. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
[Pedro Farnés]



Partes de esta serie: Lo que el mundo espera de los consagrados es «la comunión entre los carismas» · Cántico de la carta I de San Pedro (2,21b-24)

a pasión voluntaria de Cristo, el siervo de Dios

21Cristo padeció por nosotros,

dejándonos un ejemplo

para que sigamos sus huellas.

22Él no cometió pecado

ni encontraron engaño en su boca;

23cuando lo insultaban,

no devolvía el insulto;

en su pasión no profería amenazas;

al contrario,

se ponía en manos del que juzga justamente.

24Cargado con nuestros pecados, subió al leño,

para que, muertos al pecado,

vivamos para la justicia.

Sus heridas nos han curado.

Partes de esta serie: Lo que el mundo espera de los consagrados es «la comunión entre los carismas» · Cántico de la carta I de San Pedro (2,21b-24)
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