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El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
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Documentación: Himno a Dios, realizador de maravillas
Salmo 135 (134)
El salmo 134 es una invitación a la alabanza, fundada principalmente en la contemplación de las dos obras más destacadas de Dios en favor de la humanidad y de Israel, la creación y el éxodo: Yo sé que el Señor [...]

es grande, todo lo que quiere lo hace: en el cielo y en la tierra...; él hirió a los primogénitos de Egipto, envió signos y prodigios
... Este salmo es, pues, en su conjunto, una gran afirmación de la trascendencia divina. Es igualmente un himno al Dios creador del universo y salvador de Israel. Con él, el pueblo de la antigua alianza aclamaba al que tiene en sus manos el universo y dirigió los destinos de Israel, desde la liberación de Egipto hasta la instalación en Canaán.
Para nosotros, cristianos, este salmo puede ser muy evocativo; con él celebramos a Dios creador y recordamos la historia de la salvación. De esta forma, el salmo prepara ya la celebración del domingo, día en que empezó la creación y llegó a su término la historia de la salvación.
Este recuerdo de la creación y de la Pascua hacía germinar en el corazón de Israel una fe tan sólida, que la multitud de ídolos les parecían simple caricatura. ¿Son también para nosotros nuestros himnos a Dios tan sinceros que nos lleven al desprecio de la multitud de ídolos que continuamente crea nuestro mundo?
Nosotros queremos alabar al Señor por la creación y por el nuevo éxodo que nos ha hecho vivir. El Señor es grande, hace lo que quiere, hirió de muerte a pueblos numerosos, a los innumerables pecados de los hombres y a la misma muerte..., y nos dio su tierra -el reino eterno- en heredad a nosotros, Israel, su nuevo pueblo.
Oración I: Señor grande, creador y salvador de tu pueblo, alabamos tu nombre y te bendecimos, porque has hecho obras grandes en favor de tu pueblo: mataste a reyes poderosos, el pecado y la muerte; compadecido de nosotros tus siervos, nos has dado tu tierra en heredad; que tu recuerdo perdure entre nosotros de edad en edad y que un día, en los atrios de tu casa, podamos bendecirte eternamente. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Oración II: Señor, creador del cielo y de la tierra, tú que haces lo que quieres, tú que haces subir las nubes desde el horizonte, desatas las lluvias y sueltas a los vientos, compadécete de tus siervos, que, reunidos en la casa del Señor, alaban tu nombre; y, ya que nos has escogido en posesión tuya, danos también un día tu tierra en heredad y haz que, en los atrios de tu casa, podamos bendecir tu nombre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oración III: El recuerdo de tus maravillas, Señor, fortalece nuestra fe y nos impulsa a la acción de gracias; acuérdate de nosotros, tú que nos has creado y nos has redimido; acuérdate de nosotros, que somos el templo y la casa edificada por tu Hijo, para que podamos bendecirte de edad en edad, como Dios vivo y verdadero. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Oración IV: Señor, dueño nuestro, que haces todo lo que quieres en el cielo y en la tierra, contempla a tu pueblo que te alaba porque eres bueno, que tañe para tu nombre, pues eres amable, y se alegra porque, por Cristo tu Hijo, Señor nuestro, has herido de muerte al enemigo y te has compadecido de nosotros, tus siervos; no permitas que la Iglesia, en nuestros días, confíe en los ídolos del mundo, hechura de manos humanas, antes confírmala en tu alabanza y bendícela abundantemente con el poder de tu diestra. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. [Pedro Farnés]



imno a Dios, realizador de maravillas

[1¡Aleluya!]

Alabad el nombre del Señor,

alabadlo, siervos del Señor,

2que estáis en la casa del Señor,

en los atrios de la casa de nuestro Dios.

3Alabad al Señor porque es bueno,

tañed para su nombre, que es amable.

4Porque él se escogió a Jacob,

a Israel en posesión suya.

5Yo sé que el Señor es grande,

nuestro dueño más que todos los dioses.

6El Señor todo lo que quiere lo hace:

en el cielo y en la tierra,

en los mares y en los océanos.

7Hace subir las nubes desde el horizonte,

con los relámpagos desata la lluvia,

suelta a los vientos de sus silos.

8Él hirió a los primogénitos de Egipto,

desde los hombres hasta los animales.

9Envió signos y prodigios

-en medio de ti, Egipto-

contra el Faraón y sus ministros.

10Hirió de muerte a pueblos numerosos,

mató a reyes poderosos:

11a Sijón, rey de los amorreos,

a Hog, rey de Basán,

y a todos los reyes de Canaán.

12Y dio su tierra en heredad,

en heredad a Israel, su pueblo.

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