lredo nació en Hexham (Yorkshire, norte de Inglaterra) en 1110. Era todavía muy joven cuando entró a servir al rey David de Escocia, de quien llegó a ser senescal (mayordomo mayor). Tenía veinticuatro años cuando tomó el hábito cisterciense en el monasterio de Rievaulx (diócesis de York), de donde entonces era abad Guillermo, dicípulo inmediato de san Bernardo. Elredo ejerció el cargo de maestro de novicios y escribió para sus jóvenes candidatos a la vida monástica el Speculum caritatis (Espejo de caridad). En 1143 fue elegido abad de San Lorenzo de Revesby (diócesis de Lincoln), pero al cabo de cinco años fue llamado a Rievaulx, para suceder al abad de dicho monasterio, Mauricio. Elredo fue abad de Rievaulx hasta su muerte, acaecida el 12 de enero de 1167. Dejó una fama tan grande de santidad, que los contemporáneos lo comparaban con san Bernardo. Los cistercienses lo veneran como santo y celebran su fiesta el susodicho día 12 de enero.
Además del Speculum caritatis, su obra principal, Elredo dejó otros tratados: De spiritali amicitia, De Iesu puero duodenni, De institutis inclusarum, Oratio pastoralis, De anima y otros tratados menores, así como una colección abundante de sermones. Recientes ediciones críticas de dichas obras han puesto de moda a Elredo, quien últimamente ha sido objeto de muchos estudios.
El viernes de la semana I de Cuaresma leemos un fragmento del Speculum caritatis, sobre el tema del título; el miércoles de la semana XII, otro del tratado De spiritali amicitia, igualmente sobre el tema enunciado por el título de la obra; y en el común de la Virgen María utilizamos un pasaje de uno de los sermones marianos. En los tres pasajes citados de Elredo hay un rasgo común, que caracteriza perfectamente a nuestro autor: es un escritor de estilo eminentemente contemplativo y laudatorio -cisterciense, diría yo-, de menos calidad que el de san Bernardo, pero que hace pensar en el abad de Claraval.
A. O.