adie se sorprenderá de que san Agustín sea el autor más utilizado en la Liturgia de las Horas.
Tanto teólogo especulativo como pastor, Agustín sabe bajar de las cumbres más elevadas de la especulación teológica y de la contemplación mística hasta la sencillez más conmovedora en la explicación pastoral de la revelación al pueblo. Tan genial es en un aspecto como en el otro, porque, si su inteligencia privilegiada le permite elevarse a la reflexión teológica de la más excelente calidad, por otro lado, su habilidad y dominio psicológico del auditorio, sus sentimientos humanos, la bondad y otras cualidades que acompañaron su celo pastoral le hicieron posible la exposición más viva y eficaz que quizá se haya hecho nunca de la Palabra sagrada y del dogma cristiano al pueblo de Dios.
Por otra parte, la producción literaria de Agustín es extensísima, no sólo en cantidad sino en la diversidad de las obras, porque Agustín no escatimó en absoluto sus dotes de escritor y de orador en bien de la Iglesia en cuantas ocasiones se presentaran o en cuantas necesidades lo exigieran.
Agustín aparece como filósofo, apologeta, polemista, teólogo sistemático en la exposición del dogma, exegeta (sistemático en la composición escrita de comentarios a muchos de los libros tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, y homileta, cuando los comentarios bíblicos eran predicados), moralista, poeta (no muy buen poeta) y, particularmente, predicador de excelentes facultades oratorias.
Su genio es tan extraordinario, su contribución a la historia de la teología y de la pastoral tan importante, y su influjo tan considerable en todas las épocas posteriores, que tenía que ser él el escritor más utilizado en la actual ordenación de la liturgia romana. Son 85 las veces que lo leemos durante el curso del año en el oficio de lectura.
Al tratarse de un número tan grande de lecturas, nos veremos obligados a recordarlas sólo de un modo muy abreviado. Pero antes digamos algo de las obras de las que se sacan dichas lecturas. Las citamos a continuación según el orden alfabético de sus títulos en latín.
a) De Civitate Dei. Es una de las más extensas del obispo de Hipona. Consta de 22 libros, dedicados a justificar la Ciudad de Dios (el cristianismo, la Iglesia) contra las acusaciones que le hacían los paganos, nostálgicos del paganismo romano. Agustín nos ofrece una teología de la historia, en un concepto dualista: la Ciudad de Dios se opone a la Ciudad del diablo, es decir, al Imperio romano pagano.
b) Confessiones. Hay que entender el título más como un significado de alabanza (confessio, alabanza, en latín) que de confesión del propio mal. Todo el mundo conoce el éxito de esta obra escrita en forma autobiográfica, en la que el autor habla constantemente de sí mismo, pero con una referencia a Dios tan absoluta, que no sólo no molesta al lector, sino que, como quizá nadie haya hecho, lo conduce a la glorificación de Dios. Es la fuente principal para el conocimiento personal de Agustín.
c) Contra Faustum. Fausto era el obispo maniqueo de Mileve (África del Norte), cuyas impugnaciones contra los cristianos va refutando Agustín, una por una. Contra Faustum es la obra más extensa de Agustín contra los maniqueos (secta fundada por Manes en Persia en el siglo III). La literatura antimaniquea del obispo de Hipona es abundante. Agustín conocía bien el maniqueísmo, ya que durante algún tiempo de su vida había sido maniqueo.
d) Epistola CXXX, ad Probam. Del rico epistolario de Agustín la Liturgia de las Horas utiliza sólo la carta CXXX, dirigida a Proba, es decir, a Anicia Faltonia Proba (que no hay que confundir con la poetisa, también romana y un poco anterior, homónima y con el mismo apellido de Faltonia: Valeria Faltonia Proba), una matrona de Roma, que, una vez viuda, llevó una vida casi monástica y dedicada al ejercicio de la caridad. Corresponsal de Agustín, mereció que este le dedicara la carta en cuestión, que es todo un tratado sobre la oración, dentro de la tradición africana de los tratados sobre el mismo tema de Tertuliano y de san Cipriano, leídos igualmente en la Liturgia de las Horas.
e) In Epistolam ad Galatas. Dictada al comienzo de la controversia antidonatista, la carta de san Pablo a los cristianos de Galacia da pie a san Agustín para tratar particularmente de la gracia.
f) In Epistolam I Iohannis. Los 20 sermones (tractatus) que constituyen el comentario a la primera carta de san Juan, forman uno de los más célebres comentarios bíblicos y uno de los mejores ejemplos de literatura pastoral que nunca se hayan dado. La carta apostólica proporciona al doctor africano uno de sus temas preferidos: la caridad, el amor entre los cristianos.
g) In Evangelium Iohannis. Los 124 sermones de que consta el comentario al Evangelio de san Juan representan el comentario máximo de Agustín a uno de los libros del Nuevo Testamento. Como el comentario anterior, revelan al teólogo maduro y al pastor experto que era Agustín a sus 60 años. La liturgia, antes de la última reforma, hacía mucho más uso de esa obra grandiosa de Agustín. Quizá su alegorismo desagrada a algunos modernos. En todo caso, la alegoría (no el alegorismo) agustiniana procede de unos principios teológicos concretos (no de un juego arbitrario del pensamiento), que en parte obedecen a la concepción neoplatónica del mundo y de la revelación, que el santo había adoptado, la cual, como sucedía en casi todos los Padres de la Iglesia, motivaba una ascensión sistemática desde el mundo sensible, material, visible (imagen) hacia la verdad "más real" de las "ideas" en Dios, o hacia Dios mismo, la verdadera realidad, o la verdad sencillamente.
h) De praedestinatione sanctorum. Es una de las últimas obras de Agustín. Dirigida a Próspero y a Hilario, dos laicos galos, la obra manifiesta la posición tajante, decidida, de su autor respecto de la doctrina de la gracia en la controversia antipelagiana. En este punto Agustín es consecuente hasta el extremo: todo es don de Dios, incluso los inicios de nuestra fe (la creatura, con sus fuerzas naturales, no puede alcanzar por sí sola el don sobrenatural). Es, quizá, el aspecto más interesante de la doctrina de Agustín y uno de los más difíciles de toda la teología católica.
i) In Psalmos. El comentario patristico latino más famoso a los Salmos es comúnmente conocido y citado, a partir de Erasmo, con el título de Enarrationes in Psalmos. Casi todo consta de sermones; sólo los comentarios de unos pocos salmos se hicieron en privado por Agustín, para completar el comentario, es decir, fueron dictados a un escribano (de las Enarrationes utilizadas por la Liturgia de las Horas, sólo la del salmo 32 pertenece a esa última categoría). Agustín predicó este comentario en Cartago. En muchos de los salmos oye Agustín la voz de Jesucristo que ora en nombre de su cuerpo, la Iglesia; ello le da ocasión de exponer -por cierto, de un modo extremadamente vivo y curioso- su eclesiología.
j) Sermones. Agustín, predicador infatigable, a pesar de sus debilidades físicas y de su edad, ha dejado una cantidad muy considerable de sermones dispersos, es decir, que no forman parte de un conjunto homogéneo y sistemáticamente reunido. Son sermones ocasionales, predicados en Hipona y otras ciudades, tomados por los estenógrafos. La numeración que suelen llevar es la que aparece en la edición publicada por los monjes de la Congregación de San Mauro. Estos, sin embargo, no pudieron ofrecer la colección completa de los sermones. A lo largo de los siglos XIX y XX se fueron descubriendo otros. En la Liturgia de las Horas hallamos un sermón citado como Caillau-Saint-Yves; Caillau y Saint-Yves fueron los descubridores de dicho sermón, como Dom Germain Morin descubrió y editó uno (entre otros muchos) que lleva su nombre. El mismo Dom Morin, además, hizo imprimir por vez primera una colección de sermones de Agustín conservados en un manuscrito de Wolfenbüttel (Alemania), ciudad que en latín tiene el nombre de civitas Guelferbytana; ello explica el nombre que llevan dos de los sermones agustinianos que aparecen en la Liturgia de las Horas. El sermón Mai 98 es uno de los descubiertos por el cardenal Angelo Mai en el siglo XIX.
A continuación damos la lista de las piezas agustinianas leídas en la ordenación actual del oficio divino; al final de cada referencia indicamos el tema (principal, pero no único) de la lectura. Ordenamos la lista según la enumeración que hemos hecho de las obras de san Agustín.
1. La Ciudad de Dios. Viernes XXVIII. Iglesia, eucaristía.
2. Confesiones. Domingo IX. Dios y yo.
3. Confesiones. 28 de agosto (san Agustín). Visión de Dios.
4. Confesiones. 27 de agosto (santa Mónica). La muerte de Mónica.
5. Confesiones. Martes VIII. Yo y Dios. Visión.
6. Confesiones. Miércoles VIII. Presencia y misericordia de Dios.
7. Confesiones. Viernes XVI. La redención en Cristo.
8. Contra Fausto. 11 de diciembre (san Dámaso). El culto de los mártires.
9-14. Epístola 130, a Proba. Domingo a viernes XXIX. La oración.
15. Comentario a la carta a los Gálatas. Domingo V. La gracia.
16. Comentario a la carta a los Gálatas. Jueves V. La formación de Cristo en el cristiano.
17. Comentario a I san Juan. 27 de diciembre (san Juan Evangelista). El Verbo de Dios. La caridad.
18. Comentario a I san Juan. Viernes VII. La visión.
19. Comentario al Evangelio de san Juan. Domingo III de Cuaresma. La samaritana, figura de la Iglesia venida de los paganos.
20. Comentario al Evangelio de san Juan. 3 de enero. La caridad.
21. Comentario al Evangelio de san Juan. Jueves XXVIII. La atracción de Dios.
22. Comentario al Evangelio de san Juan. Domingo IV de Cuaresma. La visión de Dios.
23. Comentario al Evangelio de san Juan. Martes XXXIV. La visión, la patria.
24. Comentario al Evangelio de san Juan. Jueves IV de Pascua. La caridad.
25. Comentario al Evangelio de san Juan. Miércoles santo. La caridad.
26. Comentario al Evangelio de san Juan. 6 de diciembre (san Nicolás). La caridad.
27. Comentario al Evangelio de san Juan. 30 de abril (san Pío V). La Iglesia.
28. Comentario al Evangelio de san Juan. Sábado VI de Pascua. Las dos vías (cf. el núm. 41), la visión.
29. Sobre la predestinación de los santos. Viernes XIII. La predestinación de los santos, o sea, de los bautizados, la gracia.
30. Comentario al salmo 32. 22 de noviembre (santa Cecilia). La alegría, la Iglesia.
31. Comentario al salmo 32. Viernes XIV. La caridad.
32. Comentario al salmo 37. Viernes III de Adviento. La oración, la caridad.
33. Comentario al salmo 47. Miércoles XIX. La Iglesia.
34. Comentario al salmo 60. Domingo I de Cuaresma. Cristo tentado para la Iglesia.
35. Comentario al salmo 61.12 de mayo (santos Nereo y Aquiles). Cristo sufre en la Iglesia.
36. Comentario al salmo 85. Miércoles V de Cuaresma. Cristo ora por la Iglesia.
37. Comentario al salmo 95. Domingo XXXIII. Última venida de Cristo, el juicio, la caridad.
38. Comentario al salmo 109. Miércoles II de Adviento. Las promesas de Dios.
39. Comentario al salmo 126. Sábado XIV. La Iglesia.
40. Comentario al salmo 140. Martes II de Cuaresma. Cristo sufre por la Iglesia.
41. Comentario al salmo 148. Sábado V de Pascua. Los dos tiempos (cf. el núm. 28)
42. Sermón 8. Domingo de la octava de Pascua. La regeneración cristiana.
43. Sermón 13. 7 de enero. La encarnación de Cristo.
44. Sermón 19. Domingo XIV. El arrepentimiento del corazón.
45. Sermón 21. Miércoles XXXIII. La alegría, la vida futura, la caridad.
46. Sermón 23. Domingo XXII. Las obras, la gracia.
47. Sermón 25. 21 de noviembre (la Presentación). La Iglesia.
48. Sermón 34. Martes III de Pascua. La caridad.
49-61. Sermón 46. Domingo XXIV hasta el viernes XXV. Los pastores (cf. núms. 62-63 y 78).
62-63. Sermón 47. Lunes y martes XIII. Las ovejas (cf. el núm. 81).
64. Sermón 96. Común de santos. El seguimiento de Cristo.
65. Sermón 103. 29 de julio (santa Marta). El camino y la patria.
66. Sermón 171. 26 de mayo (san Felipe Neri). La alegría en Cristo.
68. Sermón 194. 5 de enero. La visión de Dios como finalidad de la encarnación.
69. Sermón 256. Sábado XXXIV. Cantar caminando hacia la patria.
70. Sermón 276. 22 de enero (san Vicente). La gracia.
71. Sermón 293. 24 de junio (san Juan Bautista). Juan Bautista y Jesucristo.
72. Sermón 293. Domingo III de Adviento. Continuación del núm. 71.
73. Sermón 295. 29 de junio (santos Pedro y Pablo). La Iglesia.
74. Sermón 304. 10 de agosto (san Lorenzo). Conjunto demasiado fragmentario para poder determinar un tema.
75. Sermón 329. Común de un mártir. La Iglesia, la caridad, la gracia.
76. Sermón 329. 26 de septiembre (santos Cosme y Damián). Como el núm. 75.
77. Sermón 336. Común de la dedicación de una iglesia. La Iglesia, la caridad, la gracia.
78. Sermón 340. 19 de septiembre (san Jenaro). El pastor (cf. núms. 48-61).
79. Sermón Caillau-Saint-Yves 2. Miércoles XX. Los tiempos pasados no fueron mejores.
80. Sermón Guelferbytanus 3. Lunes santo. La pasión de Cristo.
81. Sermón Guelferbytanus 32. 3 de febrero (san Blas). El pastor, la caridad (cf. núms. 62 y 63).
82. Sermón Mai 98. Ascensión. La Iglesia
A. O.