a Liturgia de las Horas escoge para la fiesta de san Alberto Magno un fragmento de su Comentario al Evangelio de san Lucas, concretamente un pasaje en el que se habla del sacramento eucarístico. En él se nos revela, clara, el alma teológica y mística del santo.
Y es que san Alberto es eso: un científico, un teólogo y un santo, de una sola pieza.
Nació, según algunos, en el año 1206 o, según otros, en 1207 en Lauingen (Baviera) y murió en Colonia en 1280. Vivió intensamente la vida religiosa y teológica de aquel sigo XIII que vio el esplendor de la Escolástica, de las Órdenes mendicantes y de la influencia decisiva de la Iglesia en toda la vida social de Europa. Estudió en Padua, donde tomó el hábito dominico de manos del maestro general de la Orden, el beato Jordán de Sajonia. Prosiguió la formación en Colonia y después enseñó en la misma Colonia, en París, en Hildesheim, en Friburgo de Brisgovia, en Ratisbona y en Estrasburgo.
Su mérito principal está en la amplitud de sus conocimientos; le llamaban el doctor universalis. Conoció, en la medida de su tiempo, la geografía, astronomía, mineralogía, alquimia, medicina, zoología y la botánica. Era lo que hoy llamaríamos un científico. Pero no se quedó sólo en la ciencia natural o experimental; se adentró en la filosofía y en la teología, buscó sus mutuas relaciones y asignó a una y otra su lugar propio.
Empezó en términos cristianos la interpretación de Aristóteles, tarea que llevó a cabo su discípulo más famoso, Tomás de Aquino.
Fue obispo de Ratisbona y provincial de los dominicos en Alemania, pero resignó el episcopado después de dos años de ejercerlo, para volver a la vida ordinaria de la Orden.
Sus obras principales son: Summa Theologica, en la que comenta a Pedro Lombardo, y que no hay que confundir con la de santo Tomás, y sus Comentarios a los Salmos, a san Mateo, a san Lucas, y otros; De sacramento Eucharistiae; De sacrificio missae. Hay unas Opera omnia, publicadas en París en 1880, pero, en realidad, de san Alberto hay todavía muchas obras inéditas.
El fragmento que leemos es una catequesis teológica y llena de unción sobre el sacramento eucarístico. Durante el siglo XIII empezaron las celebraciones del Corpus Christi (Lieja 1246). Alberto Magno, Tomás de Aquino y muchos otros profundizaron muchísimo en la teología del Santísimo Sacramento y fueron sus grandes adoradores. Tenemos un buen ejemplo de ello en esta lectura que, al exponer la riqueza de gracia que da la Eucaristía, su dulzura, la prueba de amor que significa, el medio privilegiado de unión con Dios que representa, nos revela el alma contemplativa de san Alberto y nos conduce a la meditación amorosa del gran Sacramento
J. F.