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Documentación: Ambrosio de Milán, obispo y doctor de la Iglesia


Partes de esta serie: El Papa recibirá este miércoles a musulmanes promotores del diálogo · Ambrosio de Milán, obispo y doctor de la Iglesia

an Ambrosio es uno de los grandes doctores de la Iglesia occidental. Su vida es suficientemente conocida y, por tanto, nos limitaremos a una breve referencia. Nació en Tréveris hacia el año 340, y murió en Milán en 397. Su familia era romana. Como su padre, se dedicó a la política, después de estudiar en Roma, adonde la familia se trasladó a la muerte del padre. A los treinta años era gobernador de Milán, ciudad importantísima en ese momento del Imperio.

Según la tradición, fue elegido obispo de la ciudad de forma casi milagrosa. Era todavía catecúmeno. Fue bautizado y consagrado obispo siete días después de la elección (7 de diciembre de 374). Educado por un gran maestro, el presbítero san Simpliciano, se inclinó por la filosofía neo-platónica.

En medio de una vida pastoral muy intensa, pudo escribir lo bastante para ser considerado como un gran escritor cristiano. Su obra, en consecuencia, es eminentemente pastoral. Ha pasado a la historia como un gran defensor de la autonomía de la Iglesia frente al poder civil. En este punto tuvo ideas muy claras y valentía para defenderlas. Es sorprendente la rapidez con la que, una vez bautizado, ayudado, como dijimos, por Simpliciano, se construyó una síntesis teológica clara, coherente y armónica, de modo que se le consideraba uno de los mejores testigos de la fe tanto en Oriente como en Occidente.

No tiene la profundidad de pensamiento de Agustín, ni los conocimientos y la fuerza literaria de Jerónimo; sin embargo, es uno de los grandes teólogos cristianos del siglo IV en la línea alejandrina. Conoce bien el latín, ya cristiano, de su tiempo y utiliza sabiamente la eficacia pastoral de la lengua. Es claro, usa buenas imágenes, conoce la preceptiva literaria de la época. Las versiones modernas no pueden captar todos los matices de su lengua, pero nos la pueden aproximar.

Su producción es extensa y variada. Podemos distinguir la siguiente temática:

a) Obras exegéticas. Ocupan el primer lugar los seis libros del Hexaemeron, colección de homilías sobre la creación, que no se utiliza en la Liturgia de las Horas. En cambio, sí se hace muy a menudo con los Comentarios a los Salmos, el libro de Caín y Abel y el Comentario al Evangelio de san Lucas.

b) Obras morales y ascéticas. Las principales son De officiis ministrorum y varios libros sobre la virginidad. De ellas, la Liturgia de las Horas saca algunas lecturas.

c) Obras dogmáticas. Como el libro De fide ad Gratianum, el De poenitentia y el De mysteriis, del que hablaremos después.

d) Cartas. Dos de las cuales, la 2 y la 35, son utilizadas en la Liturgia de las Horas. Y otras obritas ocasionales.

También hay que citar su producción poética. Ambrosio tuvo éxito en la introducción de los himnos en la liturgia. Anteriormente, san Hilario lo había intentado sin fruto. Él, en cambio, escribió himnos y los musicó, de acuerdo con las teorías musicales helenísticas. Sus himnos son dimetros yámbicos correctos, divididos en estrofas de cuatro versos. Recibieron posteriormente el nombre de "ambrosianos". En la Liturgia de las Horas hay ocho que se consideran auténticos y cuatro dudosos. Entre los auténticos los más conocidos son: Aeterne rerum conditor, de Laudes del domingo; Splendor paternae gloriae, de Laudes del lunes; Veni Redemptor gentium, para las Vísperas de las últimas ferias de Adviento; Iam surgit hora tertia, para Tercia del tiempo pascual.

Dados los numerosos fragmentos que la Liturgia de las Horas ha incorporado no podemos hacer una presentación individual de cada lectura. Después de san Agustín y san León Magno, es el autor más utilizado (26 lecturas*). Las obras más citadas son el De mysteriis, Enarrationes in duodecim Psalmos y Expositio in Psalmum centesimum duodevigesimum.

EI libro De mysteriis nos da una buena idea de sus catequesis. San Ambrosio se dirige a los neófitos y les explica el sentido oculto de los ritos con los que han recibido el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. Nada era indiferente de esos gestos y palabras, el misterio contenía una eficacia capaz de regenerar y santificar sus almas. La parte más selecta de dicho libro se lee durante toda la semana XV del tiempo ordinario. San Ambrosio expone los ritos preparatorios del Bautismo, la parte principal de este sacramento, y la Eucaristía en los dos días últimos. Es toda una invitación a saborear la obra entera.

En los Comentarios a los Salmos, el obispo de Milán se nos manifiesta como un gran maestro de la exégesis alegórica. Son notables las lecturas del viernes y sábado X, por su alabanza encendida de los Salmos. Siete veces más hallaremos lecturas de este tema.

Hay también dos lecturas sobre la virginidad consagrada a Cristo -tema mayor en sus obras, porque, con san Jerónimo, es uno de los grandes apologistas de la virginidad-. La de santa Inés es justamente famosa por su lirismo. La otra es para la memoria de santa Lucía.

Y terminamos con la cita de una lectura que nos revela su fibra íntima y personal. La oración fúnebre en la muerte de su hermano Sátiro, que hallamos en la Conmemoración de todos los fieles difuntos el 2 de noviembre. Es una profesión incomparable de fe en Cristo y de esperanza, cuando ante la muerte profesamos nuestra fe en la vida eterna.

J. F.

* El texto original dice "28", pero solo he contado 26. N.E.
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