l monje palestinense Anastasio ocupó la sede antioquena desde el año 559 hasta el 599, fecha en la que murió. Es uno de los más significados representantes de la polémica que tuvo lugar contra los aftartodocetas; estos constituían una secta monofisita, llamada así porque se les atribuía un docetismo, o sea, una creencia según la cual la naturaleza humana de Jesucristo es sólo aparente (el término griego dokéo significa "aparecer", asemejar) y, en consecuencia, incorruptible (aphtharté, en griego), ya en vida de Jesús, es decir, antes de la resurrección. La actitud antiaftartodoceta del patriarca de Antioquía le enemistó con el emperador bizantino Justiniano, cuyo sobrino, el emperador Justino II, desterró a Anastasio. El exilio duró veintitrés años. Cuando murió Gregorio Sinaíta, que ocupaba como usurpador la sede antioquena, el emperador Mauricio, oyendo los ruegos del papa san Gregorio I, restituyó a Anastasio a su sede. Se venera a Anastasio como santo.
Tenemos noticia de obras suyas que no han llegado hasta nosotros. De Anastasio sólo conocemos cinco tratados teológicos y varios Sermones (no todos ellos son verdaderos discursos). Como teólogo, Anastasio tuvo influencia a causa de la claridad de su pensamiento, muy dialéctico. La Liturgia de las Horas usa una vez el sermón 4, el martes de Pascua; esta lectura tiene la particularidad de expresar de modo preciso el pensamiento de Anastasio sobre la pasibilidad de Cristo, según lo que antes dijimos. Ese pensamiento central en la teología del patriarca antioqueno queda complementado por otra lectura suya, sacada del sermón 5, sobre la resurrección (por una casualidad, en la Liturgia de las Horas, Anastasio hace honor a su nombre, cuando nos habla de la resurrección, anástasis en griego), utilizada como primera de las lecturas segundas en el oficio de difuntos.
A. O.