l fundador de la Congregación de los Clérigos Regulares de San Pablo, llamados ordinariamente "barnabitas", nombre que proviene de su casa madre, el convento de San Bernabé, en Milán, murió muy joven, el 5 de julio (día de su memoria litúrgica) de 1539, a los treinta y seis años de edad. Eso y el hecho, por otra parte, de que el santo religioso no fuese propiamente un escritor, no permitieron que Antonio María dejase expuesto de modo sistemático por escrito todo el pensamiento de su apostolado religioso. A pesar de todo, en la docena de Cartas y en los seis Sermones suyos que han llegado hasta nosotros, así como en las Constituciones para sus clérigos, redactadas por él, aparece bastante clara la ideología del santo, en la que sobresale su fuerte inspiración paulina (recordemos el título que escogió para su congregación). Al mismo tiempo, esos pocos escritos reflejan el celo que animaba al reformador, a quien preocupaba de modo particular la tibieza espiritual posible en las personas consagradas a Dios.
En este aspecto está muy bien escogido el fragmento de uno de los sermones de Antonio María para servir de lectura segunda el 5 de julio. Esas palabras, dirigidas a los religiosos de su congregación, manifiestan el celo vibrante del padre Zaccaría y son, al mismo tiempo, una demostración de la devoción que sentía hacia el apóstol san Pablo.
A. O.