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Documentación: Bernardino de Siena, presbítero


Partes de esta serie: Argentina: Desconocido amenaza de muerte al Arzobispo de La Plata · Bernardino de Siena, presbítero

principios del siglo XV, cuando Europa salía del Cisma de Occidente, una corriente espiritual pietista favoreció algunas reformas de órdenes religiosas y de grupos de cristianos que, aun siguiendo devociones en cierto modo marginales, vivieron más intensamente la vida cristiana.

Siena había tenido a mediados del siglo XIV a la gran mística Catalina, ahora doctora de la Iglesia, y en el mismo año que murió, el 1380, nacía en Massa Maritima, territorio de Siena, Bernardino (1380-1444) que, como ella, tenía que inflamar al pueblo en una viva y tierna devoción hacia el Nombre de Jesús.

Era franciscano y, conmovido por un sermón de san Vicente Ferrer, se lanzó a la predicación misional más abnegada. Recorrió casi toda Italia, donde predicó y puso paz, mientras fomentaba obras de caridad y de misericordia. Era un predicador de palabra viva, pintoresca, incisiva e inflamada que, cuando hablaba de paz y de amor, arrastraba a las multitudes.

Ha pasado a la historia como el propagador de la devoción al Nombre de Jesús. Empezó esa predicación poco después de 1424 y la materializó en el anagrama (presuntamente latino) del Nombre de Jesús, IHS, rodeado de doce rayos de sol y coronado con una cruz, que él llevaba ante sí al entrar en los pueblos en forma de estandarte. Dicho anagrama tuvo una difusión inmensa y ha llegado de muchas maneras hasta nuestro tiempo.

San Bemardino era un buen teólogo, como lo demostró en su defensa ante el papa Martín V, cuando fue acusado de hereje por su predicación. Pero sus escritos responden más a la sencillez de una predicación popular que a la especulación teológica. Ello no quiere decir que no trate profundamente sus temas; se advierte la sencillez del predicador, la solidez teológica y el misticismo del franciscano espiritual y piadoso. La tierna devoción de san Francisco por la humanidad de Jesús, en él se manifiesta en el entusiasmo por el Nombre de Jesús y en la devoción a la Virgen María y a san José.

Sus obras son colecciones de sermones, especialmente sobre el Nombre de Jesús y de tema mariológico o josefino. Tiene también unos Sermones sobre las bienaventuranzas y un tratado Sobre la vida cristiana que escribió después de 1442, año en el que fue admitida su dimisión del cargo de General de la Orden franciscana, religión que él había reformado por la regla de la Estricta observancia. De viaje hacia Nápoles, muere en Áquila el 20 de mayo de 1444, después de fundar más de trescientos conventos. Es canonizado por Nicolás V en el año santo de 1450. Hacía seis años que había tenido lugar su muerte.

En la Liturgia de las Horas hallamos dos lecturas de san Bernardino: la de san José, el 19 de marzo, y la de su propia memoria, el 20 de mayo.

La devoción a san José, poco mencionada en la época patrística, quizá por temor a interpretaciones erróneas, crece a partir de san Bernardo, santo Tomás y otros santos medievales. El culto particular a san José empieza en Occidente en el siglo XII. En 1870 Pío IX lo declara patrono de la Iglesia Católica. En la lectura, san Bernardino insiste en la gracia singular de san José para la misión encomendada. De un principio general, deriva su grandeza, el poder de intercesión y el ejemplo de fidelidad que nos da.

El día de la memoria de san Bernardino podemos leer un ejemplo de su predicación sobre el Nombre de Jesús. Ese culto litúrgico había empezado en Inglaterra en el siglo XIII. Él, como dijimos, lo popularizó. Es un sermón rico en comparaciones -el fuego, el trueno- y citas de la Sagrada Escritura, muy apropiadas. Su solidez teológica convierte un tema que podría resultar sentimental, en un estudio bíblico y espiritual, lleno de doctrina.

J. F.

Partes de esta serie: Argentina: Desconocido amenaza de muerte al Arzobispo de La Plata · Bernardino de Siena, presbítero
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