raulio fue obispo de Zaragoza desde 631 hasta 651, año de su muerte. Amigo y discípulo predilecto de san Isidoro de Sevilla, imitó tanto su erudición, que se considera a Braulio como el mejor representante de la cultura visigótica después de su maestro y como la figura más destacada del episcopado hispánico de la época postisidoriana inmediata. Al ocupar la sede zaragozana, sucedió a su hermano Juan, o sea que, como otros pre-lados contemporáneos de la península Ibérica, pertenecía a una familia muy clerical.
Una mención curiosa que Braulio hace de Gerona en la carta 14 de su Epistolario, en la que recuerda los usos litúrgicos de esa iglesia, ha hecho pensar en Gerona como lugar posible de origen del santo. Pero todo induce a creer que, por lo menos buena parte de su juventud, la pasó junto a Isidoro. Antes de ser obispo de Zaragoza, fue arcediano de esa iglesia. Siendo prelado, asistió a los sínodos toledanos de los años 633, 636 (año de la muerte de Isidoro) y 638. El último de esos sínodos le encargó la redacción de la respuesta común del episcopado hispánico, al reaccionar los obispos de Hispania contra unas disposiciones, mejor dicho, imposiciones antisemíticas del papa Honorio I (véase la carta 21 de Braulio).
Nuestro santo participó en la elaboración de las Etimologías de san Isidoro. Es autor de un tratado llamado Praenotatio librorum Isidori y de una Vida de san Emiliano, en cuyo honor compuso también un himno. Pero su Epistolario, que consta de 44 cartas, es el conjunto literario más considerable entre las obras que de Braulio han llegado hasta nosotros.
La carta 19 proporciona una lectura muy bella para el oficio de difuntos en la Liturgia de las Horas. La epístola fue escrita con motivo de la muerte de Huniano, hijo de Hojona y esposo de Eutrocia, dos damas visigodas. A ellas, que se sentían muy desconsoladas, va dirigido el escrito, típico ejemplo del género literario antiguo de consolación, fundamentado en la revelación y en los principios de la teología.
El 26 de abril, fiesta de san Isidoro, como lectura segunda variante, tenemos un breve elogio que Braulio hace de su maestro, el obispo de Sevilla. Son unas líneas llenas de un docto entusiasmo y de una profunda veneración.
A. O.