an Buenaventura fue elegido ministro general de la Orden de San Francisco el 2 de febrero de 1257,31 años después de la muerte del fundador. Su acción sensata, suave y evangélicamente enérgica hace que se le pueda considerar un segundo fundador de la Orden.
Había nacido en Bagnorea, cerca de Viterbo, provincia de Toscana (Italia), en 1221, y su nombre era Giovanni Fidanza. Estudió en París una teología aristotélica, aliada con el averroísmo, que no le gustó. Terminado el estudio de Artes, en 1240, entró en la Orden de San Francisco. Siguió también la enseñanza de Alejandro de Hales, a quien siempre veneró como maestro. Gregorio X lo creó cardenal y obispo de Albano. Intervino en la preparación del Concilio II de Lyon, que intentaba la unión con los griegos. Murió en Lyon durante el Concilio, el día 14 de julio de 1274. Fue canonizado en el año 1482. Sixto V le dio el título de doctor de la Iglesia en 1587.
Su santidad es amable y ejemplar para todos; su pensamiento teológico y espiritual no se entiende si no se mira a la luz de su alma mística y contemplativa. Es el primer representante del agustinismo franciscano, que mira más las cosas en relación a Dios que en sí mismas y ve su causa en la esencia de Dios que, en sus ideas eternas, es el ejemplar divino de toda la creación. Pensamiento platónico y agustiniano que fue retomado por la escuela franciscana. También es propio de dicha escuela acentuar la acción de la voluntad (amor) sobre la del conocimiento (ciencia); de ahí viene su título de "doctor seráfico", llama de amor, en contraste con el de santo Tomás, "doctor angélico", por la grandeza de su intelecto.
De su extensa producción recordaremos sólo las tres obras utilizadas en la Liturgia de las Horas, dos de las cuales son, por otra parte, de las más características suyas. La BAC ha publicado seis volúmenes de san Buenaventura.
El Breviloquium (Resumen), escrito antes de 1257, todo lo contempla desde Dios y es un compendio de los temas mayores de la teología cristiana. Trata en forma sencilla y asequible lo que había escrito en el comentario a las Sentencias de Pedro Lombardo. Fue muy leído, como lo prueban los numerosos manuscritos conservados de dicha obrita.
Itinerarium mentis in Deum (Itinerario de la mente a Dios), obra capital de la literatura filosófico-teológica y mística. La escribió en el mes de octubre de 1259 y sigue un camino inverso al del Breviloquium: de las creaturas sube hacia Dios. Traza el camino de la contemplación pasando de las potencias sensitivas a las intelectuales hasta llegar al ápice del alma. Concibió dicha obra en el Monte Alvernia, donde san Francisco fue estigmatizado.
De ligno vitae (El árbol de la vida) es un pequeño opúsculo de 48 meditaciones sobre el misterio de Cristo, desde la encarnación hasta el regreso al cielo.
Las lecturas escogidas para la Liturgia de las Horas son:
Lunes de la semana V. El texto es del prólogo del Breviloquium y sirve como comentario muy amplio a Gál 1,12-2,10, que se lee ese día. Difícilmente se podría expresar con más claridad la afirmación: "Sin fe no hay teología". Habla el santo, el hombre de fe, oración y estudio, para hacemos comprender que el misterio de Cristo, revelado en la Escritura, inspirada por el Espíritu Santo, sólo puede ser captado a la luz del mismo Espíritu.
La otra corresponde a la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Un fragmento del De ligno vitae nos conduce hasta el Corazón de Cristo por la herida del costado. Antes que la devoción al Corazón de Jesús adoptase la forma moderna, los místicos franciscanos, gracias a su piedad tierna y afectiva, habían descubierto la dulzura de la contemplación del amor de Cristo.
El día 15 de julio, para la memoria del santo. Un texto muy significativo del Itinerario (cap. 7) habla del éxtasis místico y nos revela indirectamente la altura de la oración de san Buenaventura. Ve el gran paso que da el alma, no por sus méritos, ni posibilidades, sino por el don de Dios. Léase el párrafo central de esa lectura y se hallará: "Pregunta a la gracia, no a la doctrina; al deseo, no a la inteligencia; al esposo, no al maestro...".
J. F.