an Clemente fue, según san Ireneo, el tercer sucesor de san Pedro. Eusebio ofrece las fechas de su gobierno: desde el año duodécimo de Domiciano (92) hasta el tercero de Trajano (101). Tales fechas, que parecen las más fidedignas, son completadas con menos certidumbre por otros Padres; por ejemplo, Tertuliano asegura que lo ordenó obispo san Pedro en persona. Ireneo dice que conoció directamente a los santos Pedro y Pablo. Orígenes y Eusebio lo identifican con poco fundamento con el Clemente de Flp 4,3. La Iglesia lo venera como mártir pero no hay noticias claras sobre su martirio.
Tenemos una carta dirigida a los cristianos de Corinto, que fue leída durante mucho tiempo en las reuniones litúrgicas, y que todos los manuscritos transcriben con su nombre.
Después del Nuevo Testamento, en el siglo I, la Didajé o Doctrina de los Doce Apóstoles, y la carta de Clemente son los documentos más representativos de la primera y genuina tradición cristiana. Encabeza la lista de autores que luego recibirán el nombre de "Padres apostólicos". Probablemente escribió hacia los años 95-98.
Por todos esos motivos la carta es leída en la Liturgia de las Horas en catorce ocasiones. Es importante por su doctrina y quizá lo es más por su venerabilidad; en ella se respira todavía el aire fresco de la Iglesia naciente, impregnada de la sangre de los primeros mártires. Nos recuerda el martirio de Pedro y de Pablo a quienes llama "los buenos Apóstoles", lleno de devoción. El autor se considera servidor de la Iglesia, acepta que tiene un primado, pero que es un primado de amor.
La carta estuvo motivada por unas disensiones en la Iglesia de Corinto, donde una facción había destituido a los presbíteros legítimos. La Iglesia de Roma -representada por Clemente- los invita a la unidad. No usa palabras autoritarias, pero el hecho de que la Iglesia de Roma intervenga en un asunto de otra Iglesia es la prueba de una prioridad ya aceptada, más en una época en que todavía vivía por lo menos un apóstol: san Juan.
Para no alargar en demasía este artículo, no introduciremos las lecturas una por una, sino que indicaremos los grandes temas tratados en los capítulos de las lecturas y que después de los subtítulos se indican entre paréntesis.
Historia de la Iglesia y martirio (5,6). En la época primitiva que describe, habla ya, lleno de veneración, de los mártires Pedro y Pablo. También es un documento de primer orden para la persecución de Nerón; según él una gran "multitud" fue perseguida y ejecutada. Es notable en esa narración y en otros lugares la semejanza con la carta a los Hebreos.
Exhortación a la penitencia (7,8,9,13,19,20,21,51). En varias lecturas hallamos vivas exhortaciones a la penitencia y a la conversión. Enseña a confiar en Dios, a ser obedientes, humildes. A menudo lo hace con ejemplos muy bien escogidos de uno y otro Testamentos; aconseja la sumisión total a la voluntad de Dios.
Fe y resurrección (22,23,24). Quiere que aceptemos sin sombra de duda la palabra de Dios, y, en su fe robusta, ve incluso pruebas de la resurrección en la vida natural. Iluminan su fe en Cristo resucitado las comparaciones del día y la noche, la siembra y la siega, etc.
La santidad (27,29,31,33,34,35). A partir de la fidelidad de Dios, que cumple sus promesas, explica la doctrina del pueblo de Dios, y exhorta a los cristianos, sin distinción, a vivir una vida santa, justificados por la fe que se manifiesta en las obras de caridad. Todo ello alimenta la esperanza cierta de los dones futuros.
Jesucristo (36,37,38,48). San Clemente forzosamente tenía que poner ante nuestros ojos la figura adorable de Jesús, y lo hace. Lo contempla como nuestro camino, la Cabeza del cuerpo que formamos en Cristo, la puerta de nuestra salvación. Insiste sobre todo en la necesaria unidad del cuerpo místico a causa del hecho escandaloso que motiva la carta.
Unión y caridad (46,49,50). Esta parte se inspira claramente en la primera carta paulina a los de Corinto. Son los mismos destinatarios y las causas, parecidas. La carta repite los conceptos de Pablo sobre la insensatez de la división y la belleza del amor, que es paciente, etc. (cf. ICo 13).
Oración (59,60). Un bello ejemplo de plegaria de los fieles, que la Liturgia de las Horas coloca el día 5 de octubre, Témporas de acción de gracias, nos ayuda a comprender cómo era la oración comunitaria de los comienzos de la Iglesia. Es una oración entretejida de alabanzas y súplicas, de fe y confianza, que sería conveniente que los cristianos conociéramos y utilizáramos a menudo.- J. F.