acido en Aquileya, Cromacio fue clérigo desde muy joven. Aquileya, en el siglo IV, era un gran centro de vida espiritual; quizá lo causaba la situación geográfica de ese puerto del Adriático, entre Oriente y Occidente. Cromacio fue amigo de san Jerónimo (conocemos una carta de Jerónimo a Cromacio) y de Rufino, a quienes Cromacio, siendo obispo de Aquileya, protegió. Antes de ser obispo ayudó a su prelado Valeriano en la defensa de la ortodoxia contra los arrianos. Siendo presbítero, intervino en el sínodo del año 381, reunido en Aquileya, por orden del emperador Graciano. Obtuvo el episcopado en 388 y fue consagrado por san Ambrosio, su metropolitano. Rigió su diócesis durante casi veinte años.
Su persona y su sede eran lo bastante importantes para que san Juan Crisóstomo recurriera a él en las dificultades que el patriarca constantinopolitano tenía con la corte imperial de Oriente. Cromacio escribió a favor de Juan al emperador Honorio; Juan quedó muy agradecido. En los últimos años de su vida Cromacio tuvo que ser testigo de las calamidades políticas que se desencadenaron sobre la ciudad de Aquileya: presenció las invasiones de los bárbaros, que motivaron que muchos cristianos huyesen. Murió en 407 o a principios de 408. Venerado como santo, su memoria se celebra el 2 de diciembre.
Cromacio ha dejado muchos testimonios de su buena predicación episcopal. Tenemos, de él, un comentario al evangelio de san Mateo y un número considerable de sermones, algunos de los cuales, conservados únicamente por homiliarios medievales de Cataluña, le han sido debidamente restituidos esos últimos años. Cromacio se inspira principalmente en su predecesor en la sede episcopal de Aquileya, Fortunaciano, en san Cipriano, en san Ambrosio y en san Hilario de Poitiers. En la explanación de la Sagrada Escritura se parece a Ambrosio, pero Cromacio es un exegeta más asequible y de estilo más sencillo. Esas mismas características tiene como predicador.
Un ejemplo de esa exégesis sencilla nos lo da la lectura del día 11 de junio, memoria de san Bernabé. Está sacada del comentario de Cromacio al evangelio de Mateo.
A. O.