e trata del primer obispo que tuvo la comunidad cristiana de Vercelli, ciudad situada al nordeste de Italia; pero él era natural de Cerdeña y, antes de ser obispo, ocupó el cargo clerical de lector en la Iglesia de Roma. Eusebio tiene la importancia de haber introducido, por primera vez en Occidente, la vida común de los clérigos de una diócesis.
El obispo de Vercelli fue un heroico defensor de la fe nicena y de su paladín, san Atanasio; por ello Eusebio tuvo que soportar, como Atanasio, exilios prolongados y penosos (Escitópolis, Capadocia y Tebaida) y otras penalidades que le ocasionaron los semiarrianos. El emperador Juliano lo llamó para que asistiese al Concilio de Alejandría convocado por Atanasio. En épocas mejores, colaboró con san Hilario de Poitiers en el restablecimiento de la fe verdadera en su obispado y en los vecinos. San Eusebio murió en el mes de agosto del año 371. Hoy celebramos su memoria el día 2 de agosto.
Por san Jerónimo sabemos que tradujo los Salmos del griego al latín y que los comentó por escrito. Ese comentario no ha llegado hasta nosotros. Existe, en cambio, un Tratado sobre la Santísima Trinidad, que ha sido atribuido a san Atanasio, a san Ambrosio y a otros, y que parece retocado por una mano de uno de la secta llamada de los luciferianos (un grupo con opiniones propias relativas al misterio trinitario). Los siete primeros libros de dicha obra son probablamene de Eusebio.
Prescindiendo de varias cartas dirigidas a él, tenemos tres escritas por nuestro prelado: una a su perseguidor, el emperador Constancio; una segunda, dirigida a los presbíteros y a los fieles de Vercelli y de algunos obispados vecinos (carta que contiene la transcripción de una justificación a una acusación que le hizo Patrófilo, obispo arriano de Escitópolis, ciudad palestina, a la que Eusebio había sido desterrado), y una tercera, dirigida a Gregorio de Hispania, es decir, Gregorio, obispo de Illiberis (Elvira), cerca de Granada; pero la autenticidad de esta última carta es puesta en duda por algunos.
De la segunda carta se saca la lectura propia para el día de la memoria del santo confesor y defensor de la fe de Nicea. En esa epístola aparece claramente la preocupación que el santo obispo no dejó de experimentar por el bien de su Iglesia, él que hallándose alejado a causa del exilio, no podía ocuparse de sus fieles sino por correspondencia. De esa clase de escritos pastorales enviados por obispos desterrados por causa de la fe, en la Iglesia antigua tenemos otros ejemplos. En Eusebio el celo y la solicitud se manifiestan de modo muy vivo, a causa del amor que sentía por sus ovejas y de su responsabilidad consciente en la defensa de la verdadera fe.
A. O.