an León I Magno (papa de 440 a 461) ocupa un lugar destacado en el sistema de las lecturas segundas de la Liturgia de las Horas. Ello se debe a la gran calidad de sus sermones, los cuales, pronunciados en un estilo solemne, agradable por el ritmo y de un latín claro y preciso, ponen de manifiesto su madurez de juicio y sus innegables dotes de orador. Si decimos que León no es un teólogo propiamente dicho, hemos de reconocer que es un buen definidor de la fe y un expositor preciso del dogma; nos referimos concretamente a la cristología, tan debatida en su tiempo y definida en el Concilio Ecuménico de Calcedonia, en pleno pontificado de León, en el año 451. El pontífice romano envió a los padres del Concilio el famoso documento conocido como Tomus ad Flavianum (pieza núm. 28 en el epistolario de León), epístola que fue leída y aprobada por los miembros conciliares y admitida como definición de la fe. "Esta es la fe de los Padres, esta es la fe de los Apóstoles; así creemos nosotros. ¡Anatema a quien no creyere así! Pedro ha hablado por boca de León", exclamaron los padres de Calcedonia, al adoptar el dictamen del sucesor del apóstol san Pedro en la cátedra episcopal romana.
La Liturgia de las Horas lee en dos ocasiones esa Epístola a Flaviano, obispo de Constantinopla: el 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor (en Cristo hay dos naturalezas: es perfectamente Dios y perfectamente hombre, de otro modo no habría una redención verdadera); y el día 17 de diciembre (el mismo tema). No tan bien recibido por los padres de Calcedonia fue lo que León les dijo en referencia al primado de Pedro en la sede de Roma (véase, en la lista de los sermones que sigue, los que hablan de dicho tema).
Notemos, en el elenco de los sermones de san León que damos a continuación, que la Liturgia de las Horas recurre a la voz de ese doctor de la Iglesia en solemnidades tan principales como Navidad y Epifanía. La edición latina de la Liturgia de las Horas no cita la numeración seguida de las piezas, tal como estas suelen ser citadas habitualmente, sino que en muchos casos lo hace según las numeraciones de cada sermón en las agrupaciones temáticas (por ejemplo, primer sermón del grupo de Navidad, etc.). Nosotros citaremos según la numeración general continua.
Poco después de la edición de la Liturgia de las Horas apareció, con un año de diferencia (1973), la nueva edición crítica de los sermones por Antoine Chavasse, Sancti Leonis Magni Romani Pontificis tractatus septem et nonaginta, en la colección Corpus Christianorum, Series Latina, vols. CXXX-VII y CXXXVIII.
A. Chavasse, que, siguiendo la nomenclatura de los mejores testimonios manuscritos, llama tractatus (de hecho, este término no varía el significado) a las piezas que hasta ahora los editores de san León habían calificado de sermones, se adapta a la numeración que los antiguos editores, los hermanos P. y H. Ballerini (Venecia, 1753 = Migne PL 54) habían dado a los sermones, ya que es según tal numeración como los sermones han sido ordinariamente citados en los últimos siglos. Chavasse, sin embargo, distingue ciertos sermones de otros, confiriendo a unos unas cifras romanas, a otros unas arábigas; lo hace para mostrar qué sermones pertenecen a una primera colección (los de cifras romanas) y cuáles a una segunda (las arábigas). Ambas colecciones son originales y fueron fusionadas por el mismo León en una. Nosotros respetaremos esa numeración diferenciada de Chavasse, la cual -repitámoslo- corresponde a una numeración continua, a pesar de la diferencia de cifras romanas y arábigas, de modo que los sermones, tal como se citan en obras anteriores, pueden encontrarse en seguida en la nueva edición crítica. Indicamos, al final de cada enunciado, el tema de la lectura.
Sermón III. Común de pastores: lectura para un papa santo. El primado de Pedro.
Sermón IV. 22 de febrero (la Cátedra de Pedro) El primado de Pedro.
Sermón IV. 10 de noviembre (san León). El primado de Pedro.
Sermón XXI. Navidad. La encarnación para la redención.
Sermón XXI. 16 de julio (la Virgen del Carmen). Las dos naturalezas del hijo de María.
Sermón 26. 31 de diciembre. Extensión de la encarnación a la Iglesia.
Sermón 27. Sábado de la semana V del tiempo ordinario. Cristo Dios verdadero nacido hombre verdadero es el inicio de una nueva creatura.
Sermón XXXIII. Epifanía. Encarnación y vocación universal.
Sermón 44. Jueves después de Ceniza. La ocasión excepcional de la Cuaresma.
Sermón 48. Martes IV de Cuaresma. La limosna como remedio cuaresmal.
Sermón LI. Domingo II de Cuaresma. La glorificación (transfiguración) futura del Cristo total.
Sermón LIX. Martes V de Cuaresma. La potencia de la cruz.
Sermón LXIII. Miércoles II del tiempo pascual. Encarnación y universalidad de la Iglesia.
Sermón 66. Jueves IV de Cuaresma. Las dos naturalezas de Cristo y la redención.
Sermón LXXIII. Miércoles IV del tiempo pascual. Los cuarenta días entre la resurrección de Cristo y su Ascensión.
Sermón LXXIV. Viernes VI del tiempo pascual. Lo que era visible en el Redentor ha pasado a ser realidad sacramental.
Sermón LXXXII. 18 de noviembre (dedicación de las basílicas romanas de los santos apóstoles Pedro y Pablo). Pedro y Pablo, gloria de Roma.
Sermón 92. Lunes de la semana XXXIV del tiempo ordinario. El ayuno ha de estar animado por la caridad.
Sermón 95. Desde el jueves de la semana XXI del tiempo ordinario hasta el martes de la semana XXIII. Las bienaventuranzas
A. O.