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El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
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si alguno oye mi voz y me abre la puerta,
entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
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Documentación: Brígida, abadesa


rígida, nacida en 1302, cerca de Upsala (Suecia), era hija de Birgerio y de Sigrida; vivió intensamente los sufrimientos de la Iglesia católica durante el exilio de Aviñón. Casada y madre de ocho hijos, de común acuerdo con su marido, se hicieron ambos religiosos del Císter. Mística y confidente de Dios, se siente llamada a una fundación, que se denominará Orden del Santísimo Salvador y tendrá como fin un culto especial a la pasión de Cristo y a María Santísima. Pasa los últimos veinticuatro años de su vida en Roma, donde muere el 23 de julio de 1373. Fue canonizada el 7 de octubre de 1391.

Es una buena representante de la mística intimista, iniciada por san Bernardo, e inclinada, posteriormente, hacia una piedad de cruz y de sufrimiento. Los problemas de Europa y de la Iglesia durante el siglo XIV producen esos ejemplos de contemplativos centrados en la meditación de la cruz, sufrimiento, escatología, castigo de Dios. La fe robusta de los santos podía hacer que ellos vivieran con alegría pascual el misterio de la cruz, pero el resultado en la piedad popular era más bien negativo, entristecido, y conducía más al temor que al amor.

Siguiendo las órdenes de sus directores espirituales, escribió sus experiencias místicas y revelaciones. Las escribía en sueco. Ellos las traducían al latín, lengua que durante la estancia en Roma aprendió hasta el punto de poder revisar esas versiones. No es este el lugar apropiado para investigar hasta qué punto sus revelaciones son sobrenaturales y auténticas.

La obra se titula Revelaciones y está llena de una gran unción y amor por Jesús, el esposo. El fragmento que leemos en la Liturgia de las Horas es una elevación de la mente a Cristo Salvador. Es como un himno de ala-banza a Cristo por su obra redentora a partir de la Cena pascual. Recuerda vagamente el esquema del himno de san Francisco a las creaturas y nos puede hacer comprender las largas horas de contemplación que la santa había dedicado a la pasión. Detallista y ferviente, no olvida ni un solo detalle interior o exterior que pueda ser motivo de oración. De algún modo también podríamos decir que es un vía crucis ampliado y sin la división de las estaciones.

J. F.

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