omo otros autores que hallamos en el libro de la Liturgia de las Horas, santo Tomás de Aquino (1224-1274) es muy conocido. Tenemos, además de la noticia biográfica del libro litúrgico, la pequeña biografía de El santoral del calendario, de A. Olivar (C.P.L., Barcelona 1999, p. 46). También queremos recordar que la BAC Minor tiene una obrita, Introducción a Tomás de Aquino, de Santiago Ramírez y Victorino Rodríguez (Madrid 1975), que consideramos de mucha utilidad por su rigor científico y abundancia de datos.
Dejando, pues, la biografía, diremos algo de sus escritos. De santo Tomás todo el mundo sabe que escribió la Summa Theologica, que es un resumen extraordinario de la teología católica, explicada de acuerdo con el sistema filosófico de Aristóteles. Lo que, en cambio, no es tan sabido es que santo Tomás es un autor prolífico y de los más copiosos de su tiempo. Era un hombre de una actividad literaria prodigiosa, a pesar de su presencia calmosa, y en unos veinte años, de 1252 a 1274, escribió lo que podríamos llamar una enciclopedia teológica, que contiene 130 títulos. Dicha obra en la edición de Parma ocupa veinticinco volúmenes, y en la parisina de Fretté treinta y cuatro volúmenes en cuarto mayor y a dos columnas. Y, sin embargo, esa obra no fue escrita ligeramente, sino después de largo estudio y meditación, que reclama la máxima atención. En sus autógrafos se puede ver que corregía y redactaba repetidamente las cosas; en la Summa contra Gentiles hay fragmentos que han sufrido tres o cuatro redacciones distintas.
Su obra es básicamente de disquisición teológica, pero quien sólo haya leído algún fragmento de la Summa Theologica, tendría una idea falsa del santo y el místico que es Tomás de Aquino. Hay que leer algunos comentarios a la Sagrada Escritura, sermones, oraciones, etc., para descubrir cómo la teología-ciencia y la teología-piedad eran en el santo doctor una misma cosa: diríamos, su piedad es teológica, y su teología es piadosa. Su amor a Dios, su vida religiosa y sacerdotal, vivida profundamente, eran el motor de su trabajo y de su magisterio, que nunca separó del celo apostólico de un hijo de santo Domingo.
Es imposible ofrecer aquí, ni siquiera parcialmente, la lista de sus obras; recordemos sólo las divisiones que introduciríamos en un catálogo general: Comentarios a la Sagrada Escritura del Antiguo y del Nuevo Testamento; Comentarios a decretos dogmáticos y a teólogos, por ejemplo, Pedro Lombardo; Comentarios a filósofos, en particular Aristóteles; Cuestiones disputadas; Quodlibetales, o sea de temas variados; discursos y opúsculos de dogma, de moral, de apologética, de liturgia; conferencias y sermones; opúsculos filosóficos.
De entre esas obras se han sacado las lecturas que figuran en la Liturgia de las Horas. Dos son de las Collationes de Credo in Deum y una del Officium Sanctissimi Corporis Christi.
Las Collationes de Credo in Deum forman uno de los libritos que no redactó él personalmente. Durante la Cuaresma de 1273 parece que predicó cada día en Nápoles; algunos de los oyentes tomaron por escrito la predicación, y después Pedro de Andria pasó los sermones del dialecto napolitano al latín y los publicó, probablemente sin retoques del autor; dichas obras se llaman técnicamente reportata. El tema, en este caso, es una catequesis popular del símbolo de los Apóstoles, que explica el dogma católico con profundidad, pero con palabra sencilla.
Una de esas lecturas es para su memoria (28 de enero) y comenta las palabras: "fue crucificado". Cuando se lee ese comentario amorosamente contemplativo de Cristo crucificado, ejemplo de todas las virtudes, no se sabe si admirar más la precisión teológica de las palabras o la piedad religiosa que todas ellas respiran.
La otra, para el sábado XXXIII, comenta las palabras "creo en la vida eterna" del final del símbolo. Santo Tomás, consecuente con su síntesis teológica, dice que la felicidad definitiva es la unión con Dios, pero que tal unión consiste en la visión perfecta. La escuela franciscana, con san Buenaventura al frente, ponía la felicidad en el amor: la escuela tomista insiste en el conocimiento, del cual deriva inmediatamente la alabanza, la satisfacción de todo deseo, la abundancia de delicias y la compañía de los santos. Digamos, para terminar, que dicho comentario está editado en castellano: Santo Tomás de Aquino, Escritos de catequesis (Rialp, Madrid 1975).
Hay dos lecturas del comentario al evangelio de san Juan. El papa Urbano IV pidió a santo Tomás que hiciese una Glossa continua super quattuor euangelia, conocida con el nombre de Catena aurea; lo que hizo estando en Italia entre los años 1259 y 1268. Durante su segundo profesorado en París, 1269-1272, publicó un nuevo comentario a san Juan, que redactó personalmente hasta el capítulo V; el resto fue un reportatum de Fray Reginaldo, revisado por el mismo santo Tomás. En ese comentario el teólogo pasa insensiblemente a predicador: "Si preguntas por dónde tienes que pasar, recibe a Cristo, porque él es el camino". Frases como esta dan la medida del teólogo-exegeta-predicador que es el Doctor Angélico. Su comentario, de acuerdo siempre con los Padres, es tan sólido como espiritual.
Una lectura es la del sábado IX del tiempo ordinario, donde comenta Jn 14: "Yo soy el camino", insistiendo en sus temas preferidos: el deseo del hombre busca la verdad y la encuentra en Cristo; por ello el mismo Cristo es el camino que conduce hacia la verdad y la vida que es él mismo.
La otra, para el lunes XXI, comenta el capítulo 10: "Yo soy el buen Pastor". Lo hace recordando las cualidades necesarias al pastor para merecer el nombre de bueno, cualidades que Jesús posee en grado eminente. Al mismo tiempo de ahí saca consecuencias de ejemplaridad para quienes son pastores por participación.
La última lectura que comentamos es la propia de la Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo. Su historia es conocida: Urbano IV le encargó la composición de un oficio propio de dicha solemnidad; santo Tomás cumplió el encargo, y la Liturgia de las Horas actual conserva ese mismo oficio con algunas adaptaciones. La lectura segunda, escrita expresamente para dicha fiesta, refleja el pensamiento de santo Tomás sobre la Eucaristía de acuerdo con la teología eucarística tal como él mismo la expone en la Summa. Se fija mucho en los tres momentos que canta la antífona O sacrum convivium: la Eucaristía es memorial de la pasión (pasado que se reactualiza); es unión (comunión) con Dios y vínculo de unidad y de paz (presente); es prenda de la gloria que esperamos (futuro).-J. F.