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El Testigo Fiel
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Documentación: Eusebio de Cesarea, obispo

La paz de Constantino

fuente: De la Historia eclesiástica (Lib 10, 1-3: PG 20, 842-847)
Se utiliza en: San Silvestre I, papa (lecc. único) (31/12)

A Dios todopoderoso y rey del universo, gracias por todas las cosas; y también gracias plenas a Jesucristo salvador y redentor de nuestras almas, por quien rogamos que se conserve perfectamente nuestra paz firme y estable, libre de los peligros exteriores y de todas las perturbaciones y adversas disposiciones del espíritu.

El día sereno y claro, no oscurecido por ninguna nube iluminaba, con su luz celeste, las Iglesias de Cristo, difundidas por todo el mundo. Incluso aquellos que no participaban en nuestra comunión gozaban, si no tan plenamente como nosotros, al menos de algún modo, de los bienes que Dios nos había concedido.

Para nosotros, los que hemos colocado nuestra esperanza en Cristo, una alegría indescriptible y un gozo divino iluminaba nuestros rostros, al contemplar cómo todos aquellos lugares que habían sido arrasados por la impiedad de los tiranos revivían como si resurgieran de una larga y mortal devastación. Veíamos los templos levantarse de sus ruinas hasta una altura infinita y resplandecer con un culto y un esplendor mucho mayor que el de aquellos que habían sido destruidos.

Además, se nos ofrecía el espectáculo, deseado y anhelado, de las fiestas de dedicación en todas las ciudades de consagración de iglesias recientemente construidas.

Para estas festividades, concurrían numerosos obispos peregrinos innumerables, venidos de todas partes, incluso de las más lejanas regiones; se manifestaban los sentimientos de amistad y caridad de unos pueblos con otros. Ya que todos los miembros del cuerpo de Cristo se unían en una idéntica armonía.

Era el cumplimiento del anuncio profético, que, con antelación y de una manera recóndita, predecía lo que había de suceder: Los huesos se juntaron hueso con hueso, y

también de otras muchas palabras proféticas oscuramente enigmáticas.

La misma fuerza del Espíritu divino circulaba por todos los miembros; todos pensaban y sentían lo mismo; idéntico ardor en la fe, y única la armonía para glorificar Dios.

Los obispos celebraban solemnes ceremonias, y los sacerdotes ofrecían los puros sacrificios, conforme a los augustos ritos de la Iglesia; se cantaban los salmos, se escuchaban las palabras que Dios nos ha transmitido, se ejecutaban los divinos y arcanos ministerios, y se comunicaban los místicos símbolos de la pasión salvadora.

Una festiva multitud de gente de toda edad y sexo glorificaba a Dios, autor de todos los bienes, con oraciones y acciones de gracias.

Otras lecturas del mismo autor

Y tal convenía que fuese nuestro Pontífice: santo, inocente, sin mancha - [Demostración evangélica (Lib. 5, 3: PG 22, 366-367)]
Una voz grita en el desierto - [Sobre Isaías 40]
Con razón en estos días desbordamos de gozo, como si ya estuviéramos con el Esposo - [Tratado sobre la solemnidad de la Pascua (Tratado 4-5: PG 24, 698-699)]
Constantemente somos saciados con el cuerpo del Salvador y constantemente participamos de la sangre del Cordero - [Tratado sobre la solemnidad de Pascua (Tratado 7. 9. 10-12: PG 24, 702-706)]
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