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El Testigo Fiel
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Documentación: León Magno, papa y doctor de la Iglesia
Memoria de san León I, papa y doctor de la Iglesia, que, nacido en Etruria, primero fue diácono diligente en la Urbe, y después, elevado a la cátedra de Pedro, mereció con todo derecho ser llamado «Magno», tanto por apacentar a su grey con una exquisita y prudente predicación como por mantener la doctrina ortodoxa sobre la encarnación de Dios, valientemente afirmada por los legados del Concilio Ecuménico de Calcedonia, hasta que descansó en el Señor en Roma, donde, en este día, tuvo lugar su sepultura en San Pedro del Vaticano.

Dios mismo será su más preciado galardón, él, que es la encarnación del precepto

fuente: Sermones (Sermón 16,1-2: CCL 138, 61-62)
Se utiliza en: Miércoles, IX semana del Tiempo Ordinario (impar)

La sublimidad de la gracia de Dios, dilectísimos, realiza cada día su obra en los cristianos corazones, de suerte que nuestro deseo se eleve de los bienes terrenos a los goces celestiales. Pero incluso la presente vida es regulada por la acción del Creador y sustentada por su providencia, ya que uno mismo es el dador de las cosas temporales y el garante de los bienes eternos.

Pues así como, en la esperanza de la futura felicidad a la que nos dirigimos de mano de la fe, hemos da dar gracias a Dios por habernos

hecho capaces de pregustar lo que con tanto amor nos está preparado, así también debemos honrar y alabar a Dios por estos frutos que, al llegar la estación propicia, cada año cosechamos.

Desde el principio de la creación, infundió Dios tal fecundidad a la tierra, de tal manera ordenó las leyes que presiden en cualquier germen o simiente el desarrollo embrionario de los frutos, que nunca abandonó lo que había establecido, sino que en las cosas creadas permanece la próvida administración del Creador.

Así pues, todo lo que, para uso del hombre, han producido las mieses, las viñas y los olivos, todo brotó de la largueza de la divina bondad, que, con la alternancia de las estaciones, colaboró con los precarios esfuerzos de los agricultores, a fin de que el viento y la lluvia, el frío y el calor, el día y la noche se pusieran al servicio de nuestra propia utilidad. La razón humana no sería suficiente para llevar a feliz término el fruto de sus trabajos, si a la siembra y riegos acostumbrados, no les infundiera Dios la virtualidad del crecimiento.

Es, por tanto, un grave deber de caridad y de justicia poner al servicio de los demás lo que misericordiosamente nos ha otorgado el Padre celestial. Pues son muchos los que no poseen campos, ni viñas ni olivares. A su necesidad hemos de proveer echando mano de la abundancia que Dios nos ha concedido, para que también ellos bendigan con nosotros a Dios por la fecundidad de la tierra, alegrándose de que a los terratenientes se les haya dado lo que se ha convertido en patrimonio común de pobres y peregrinos.

Dichoso el granero y digno de ser repleto con toda clase de frutos, que sacia el hambre de los necesitados y de los débiles, que previene la necesidad del peregrino y abre el apetito del enfermo. La justicia de Dios permite que todos éstos giman bajo el peso de diversos sufrimientos, para luego coronar la paciencia de los que sufren y la benevolencia de los misericordiosos.

La oración, secundada por la limosna y el ayuno, es un medio eficacísimo para obtener el perdón de los pecados, y sube velozmente a oídos de Dios propulsada por tales sufragios. Pues, como está escrito, el hombre bondadoso se hace bien a sí mismo, y nada es tan nuestro como lo que invertimos en provecho del prójimo. En efecto, la parte de los bienes temporales que se invierte en favor de los necesitados, pasa a los tesoros eternos, y los intereses que se acumulan como fruto de una generosidad tal, no sufre depreciación ni puede ser afectada por ninguna corruptela. Dichosos realmente los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia de Dios, y él mismo será su más preciado galardón, él, que es la encarnación del precepto.

Otras lecturas del mismo autor

María, antes de concebir corporalmente, concibió en su espíritu - [(Sermón 1 en la Natividad del Señor, 2.3. PL 54,191-192)]
En Pedro permanece lo que Cristo instituyó - [(Sermón 3 en el aniversario de su consagración episcopal, 2-3: PL 54,145-146)]
La Iglesia de Cristo se levanta sobre la firmeza de la fe de Pedro - [(Sermón 4 en el aniversario de su consagración episcopal, 2-3; PL 54,149-151)]
Purificación espiritual por el ayuno y la misericordia - [(Sermón 6 sobre la Cuaresma, 1-2: PL 54,285-287)]
El misterio de nuestra reconciliación - [Carta a Flaviano (Carta 28,3-4 PL 54,763-767)]
El misterio de nuestra reconciliación - [Cartas (Carta 31, 2-3: PL 54, 791-793)]
Somos templo del Dios vivo - [De los tratados sobre el ayuno cuaresmal (1.2.3.4: CCL 138A, 252.253.254.255)]
Los días que transcurrieron entre la resurrección del Señor y su ascensión - [Sermón 1, sobre la Ascensión del Señor (2-4: PL 54, 395-396)]
Reconoce la dignidad de tu naturaleza - [Sermón 7 en la Natividad del Señor 2,6]
La cruz de Cristo, fuente de todas las gracias - [Sermón 8 sobre la pasión del Señor 6-8]
Dios ha manifestado su salvación en todo el mundo - [Sermón en la Epifanía del Señor 3,1-3.5]
Reconoce, cristiano, tu dignidad - [Sermón en la Natividad del Señor 1,1-3]
El nacimiento del Señor es el nacimiento de la paz - [Sermón en la Natividad del Señor 6,2-3.5]
La Ascensión del Señor aumenta nuestra fe - [Sermón sobre la Ascensión del Señor2,1-4]
Cristo vive en su Iglesia - [Sermón sobre la Pasión 12,3,6-7]
Meteré mi ley en su pecho - [Sermón sobre las bienaventuranzas (Sermón 95, 1-2: CCL 138A, 582-584)]
Dichosos los pobres en el espíritu - [Sermón sobre las bienaventuranzas (Sermón 95, 2-3: CCL 138A, 584-585)]
La dicha del reino de Cristo - [Sermón sobre las bienaventuranzas (Sermón 95, 4-5: CCL 138A, 585-587)]
Feliz el alma que ambiciona este manjar - [Sermón sobre las Bienaventuranzas (Sermón 95, 6-7: CCL 138A, 587-588)]
Mucha paz tienen los que aman tu nombre, Señor - [Sermón sobre las Bienaventuranzas (Sermón 95, 8-9: CCL 138 A, 588-590)]
La sabiduría cristiana - [Sermón sobre las bienaventuranzas 95,6-8]
Mucha paz tienen los que aman tus leyes - [Sermón sobre las bienaventuranzas 95,8-9]
Cual sea el trabajo de cada uno, tal será su ganancia - [Sermones (Serm. 92, 1.2.3: PL 54, 454-455)]
Del bien de la caridad - [Sermones (Sermón 10, 3-5 sobre la Cuaresma: PL 54, 299-301)]
Contemplación de la pasión del Señor - [Sermones (Sermón 15, 3-4 sobre la Pasión del Señor: PL 54, 366-367)]
Entended el misterio de un amor tan grande - [Sermones (Sermón 2, 3-5 en la resurrección del Señor: CCL 138A, 443-446)]
El especial servicio de nuestro ministerio - [Sermones (Sermón 4,1-2: PL 54,148-149)]
En la inmolación de Cristo está la verdadera Pascua y el único sacrificio - [Sermones (Sermón 60, 1-2, sobre la Pasión del Señor: CCL 138A, 363-365) ]
Pedro y Pablo, dos vástagos plantados por Dios - [Sermones (Sermón 82, en el natalicio de los apóstoles Pedro y Pablo, 1,6-7: PL 54,426-428)]
La cruz de Cristo, fuente de todas las bendiciones y origen de todas las gracias - [Tratado sobre la Pasión del Señor (Tratado 59, 4-6: CCL 138A, 354-359)]
Y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios - [Tratados (Tratado 36 ,1-2 CCL 138, 195-196)]
El momento es apremiante - [Tratados (Tratado 90, 2-3: CCL 138A, 558-561)]
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