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El Testigo Fiel
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Diálogo: Foros: La voz del Espíritu

Buscador simple (o avanzado)
El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.

Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.

Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda admite el uso de comillas normales para buscar palabras y expresiones literales.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).
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por Maricruz (8-mar-2011 - último: 10-mar-2011, 10:34:31)
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Nueva advocación de la Virgen (1)
por Abel (7-ene-2011)
Santos «lindos» (87)
por Abel (8-nov-2009 - último: 4-ene-2011, 11:27:44)
No sea cosa de contar la misericordia (13)
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San Francisco Javier (9)
por Abel (3-dic-2010 - último: 10-dic-2010, 2:52:39)
Un dilema (89)
por Abel (6-nov-2010 - último: 15-nov-2010, 1:41:47)
La voz del Espíritu (134)
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por Abel (19-jun-2010 - último: 20-jun-2010, 11:08:20)
San Justino, mártir (3)
por Abel (1-jun-2010 - último: 2-jun-2010, 12:15:56)
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por Satsang (21-nov-2009 - último: 12-may-2010, 4:34:33)
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por Abel (13-abr-2010 - último: 17-abr-2010, 5:38:10)
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por Toñi (29-may-2008 - último: 8-dic-2009, 5:59:32)
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por mizales (2-dic-2009 - último: 6-dic-2009, 5:20:29)
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por Jorge (i) (13-jul-2009 - último: 2-dic-2009, 8:11:35)
Columna y fundamento (11)
por Luis Manuel (24-nov-2009 - último: 30-nov-2009, 8:34:40)
Cristo, pobreza y riqueza (13)
por Gerard (2-oct-2008 - último: 30-nov-2009, 1:38:50)
Apocalíptico: confortador ?? (20)
por Gerard (18-nov-2008 - último: 29-nov-2009, 11:48:32)
Sin Dios... autoayuda (81)
por Gerard (7-jul-2009 - último: 28-nov-2009, 3:16:30)
Mañana me echan cuchillo (46)
por Carlos JBS (8-jun-2009 - último: 10-jul-2009, 2:38:24)
Mi hermana menor operada de tumor canceroso (47)
por Alberto (2-feb-2009 - último: 13-jun-2009, 8:02:21)
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¡Ven Espíritu Santo!
por: Iris (83.37.27.---) - 30-may-2006, 1:53:10

Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo,

que vendrá sobre vosotros

para que seáis mis testigos

en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría

y hasta los confines de la tierra.

Hechos de los Apóstoles 1, 8)

Este sábado es la Vigilia de Pentecostés.

En todo el mundo los cristianos nos reunimos en comunidad para orar y suplicar a fin de que el Espíritu se derrame con sus siete sagrados dones.

Es en Pentecostés que Espíritu Santo pone en marcha la primera comunidad cristiana.

Desde ese momento, la Iglesia es el ámbito de su presencia permanente.

Lo que la Iglesia anuncia, testimonia, celebra, es siempre y gracias al Espíritu Santo.

La Iglesia es sacramento de salvación y Dios continúa haciéndose presente, visible y operante.

A esta Iglesia pertenecemos los bautizados de todo el mundo y los que nos precedieron en la fe: los santos.

Ellos hicieron visible el Amor del Espíritu y llevaron hasta las últimas consecuencias el mandato de Jesús: Ser testigos.

Permitieron que el Espíritu anide en sus corazones y con sus diversos carismas iluminaron al mundo.

Por eso, es tan importante que nuestros hijos conozcan sus vidas para que sus ejemplos estimulen sus tiernas mentes y acepten el desafío de hacer grandes cosas.

¡Ven Espíritu Santo!

que tu fuego

reavive nuestro interior.

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Re: ¡Ven Espíritu Santo!
por: Kanbei (82.158.212.---) - 30-may-2006, 10:26:47

Esta oración al Espíritu Santo es preciosa

Ven, Espíritu Divino,

manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre;

don, en tus dones espléndido;

luz que penetra las almas;

fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,

descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo,

brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas

y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,

divina luz y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre,

si tú le faltas por dentro;

mira el poder del pecado,

cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo,

lava las manchas, infunde

calor de vida en el hielo,

doma el espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,

según la fe de tus siervos;

por tu bondad y tu gracia,

dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse

y danos tu gozo eterno. Amén.

Un abrazo.

"HAbla, Señor, que tu siervo escucha".

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Re: ¡Ven Espíritu Santo!
por: Maricruz (221.89.37.---) - 31-may-2006, 2:35:59

Gracias, Kanbei, por ponernos este himno clásico del Espíritu Santo, muy hermoso.

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Re: ¡Ven Espíritu Santo!
por: Maricruz (221.89.37.---) - 31-may-2006, 3:02:36

Se decía que en la Iglesia el Espíritu Santo era "el gran Desconocido". Me consta que incluso los predicadores se sentían poco inclinados a aceptar los sermones sobre el Espíritu Santo o sobre la Trinidad, incomodados de no saber qué decir...

Una de las muchas cosas que el Concilio Vaticano II y el movimiento que trajo y nos suscitó a renovarnos acudiendo de nuevo a las raices de la vida cristiana, fue la redescubierta del Espíritu Santo y de la vida trinitaria.

Hemos de confesar que sorprendentemente el Movimiento de la Renovación carismática ha contribuido también a ello. Pero no solo la Renovación, ya que desde antes del Concilio se iba perfilando esta sed de retorno a las raíces, a las fuentes de la vida cristiana, favorecido por los aportes ciéntificos actuales: el mayor conocimiento de la Sda. Escritura, ayudado por los nuevos modos de análisis y aproximación a sus textos, y también el conocimiento cada vez más profundo de la vida, la teología y la Liturgia cristianas de los primeros siglos, un mejor conocimiento de la Historia de la Iglesia, fueron llevando de manera natural a sentirnos muy bien cuando evocamos la presencia y la acción del Espíritu divino.

Iris nos lo recuerda en su post, con su cita de la Sda. Escritura y con esta frase que extraigo como la punta fina de lo que nos interesa muchísimo no olvidar nunca:

Lo que la Iglesia anuncia, testimonia, celebra, es siempre y gracias al Espíritu Santo
Lo que nos dice que toda nuestra vida cristiana se fundamenta en la presencia y en la acción del Espíritu Santo en la Iglesia, es decir, en cada uno de nosotros.

Actúa en la Iglesia-Cuerpo, pero también actúa en la Iglesia en cada una de sus células. Creo que es una sola acción en la que cada pequeña variación revierte en todo el Cuerpo. Es Vida que se comunica y se expande como la onda en el agua del mar, como la sangre en las arterias que vivifica todas las células vivas del cuerpo, o como el agua que permite el proceso vital del cuerpo y de cada una de las células.

El Espíritu, identificado al Aire, al Agua, a la Sangre, a todo lo inasible y a la vez totalmente presente, ya no nos es extraño. Por Él aceptamos, creemos, y somos vivificados en Cristo, reconociéndolo como el Señor, el Verbo de Dios, el Hijo único en el que todos tenemos nuestra filiación, el Salvador y Redentor, el Amigo más íntimo a nosotros que nosotros mismos.

Así nos es tan deseable su Persona divina; así nos es de fascinante su Ser y su acción. Nos quita el miedo a la Vida y a la muerte, porque donde hay el Espíritu hay la Vida, aunque sea en un cuerpo que ya abandone su último aliento. Y en "las alas del viento" en sus alas, en su Ser, la Creación entera respira y suspira por su Creador, en un eterno cántico de alabanza y de esperanza de los nuevos Cielos y la nueva Tierra. Entremos en el coro de la Vida y no nos quedemos lamentando el no-ser y la no-vida en que muchos se encierran, porque no es con lamentaciones que les convenceremos de que la Vida existe, sino con el testimonio de vivir ya ahora, en nuestras mismas limitaciones y pequeñez, el gozo del Señor, precisamente en un mundo que ha perdido el gozo y que solo busca las alegrías baratas, sin encontrarlas, pues solo le llevan de un vacío a un vacío mayor.

Que el Espíritu Santo nos llene, nos rompa los muros de nuestras durezas de corazón y nos convierta como decia Sta. Isabel de la Trinidad, en "alabanza de gloria", ahora y por siempre.

id: 27960
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Re: ¡Ven Espíritu Santo!
por: Jordi (211.135.43.---) - 5-jun-2006, 5:42:53

¡Feliz PASCUA de PENTECOSTES a todos!

Se decía que en la Iglesia el Espíritu Santo era "el gran Desconocido"

Nada de extraño; por algo la efusión del Espíritu es la última etapa del divino anonadamiento (kenosis) que realiza nuestra Salvación. Efusión que Lucas nos pinta con bastante jaleo, pero Juan mucho más sobriamente: "...sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo..." Jn20,22.

Siempre pensé que lo de anonadamiento, era cosa del Hijo, tal como nos lo describe S. Pablo en Flp 2,6-11. También en Hb 5,7-8 se nos dice que Jesús, a pesar de su súplica en grito al Padre, fue a causa de su sumisión que fue escuchado: A pesar de ser Hijo, aprendió en el sufrimiento qué es obedecer.

Pero nuestra Salvación se realiza en el anonadamiento divino, en el que están implicados también tanto el Padre como el Espíritu Santo. Cómo en una Perfecta Trinidad se podría anonadar una Persona, quedando las dos restantes perfectamente ancladas en la felicidad y omnipotencia divinas?.

Hay Palabras de Jesús, que aunque no se refieran directamente a ello, nos hacen sospechar un profundísimo anonadamiento del Padre. “Si vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos...! Mt 7,11

Muchas veces hemos visto en la tele o cine, a señoras que se atribuyen delitos ante el juez o la policía. Si los resultados de la investigación cada vez hacen más inverosímil que la señora haya perpetrado el crimen, ¿no pensamos inmediatamente si no estará encubriendo a algún hijo?. Si de unas señoras que no dejan de ser malas, sospechamos casi por principio, que son capaces de dejarse meter en la cárcel o hasta dejarse ejecutar, para evitárselo a un hijo, ¿será mucho suponer que el maternal Padre del cielo, que además es bueno, habría preferido cien veces ser crucificado en lugar de su Hijo, que además también era bueno?.

Si se puede decir con propiedad que el Hijo aprendió en el sufrimiento qué sea obedecer, ¿no se podrá decir con la misma exactitud que el Padre, haciendo el sordo a la oración en grito de Jesús, no librándole de la muerte sino enviándole a ser crucificado, aprendió lo que era mandar? No hay resquicio que nos haga sospechar que la obediencia del Hijo en el amor al Padre y a los que le obedecerían después de consumado, sea en nada más terrible que el mandato del Padre, amante del Hijo, dado a causa del amor por los que finalmente aprenderíamos a obedecer.

“El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él graciosamente todas las cosas? Rm 8,32”. Yo sólo puedo interpretar esta exclamación de Pablo, como un grito de Acción de Gracias al insondable anonadamiento de un Padre con el Corazón partido entre el Amor a su Hijo, que es todo lo que pesee, porque únicamente es Padre, y la obligación amorosa de darnos su máxima y única Posesión, su Hijo, para cercionarnos que su Amor a nosotros y a nuestra salvación, es maternal, paternal y perfectamente divino. El mismísimo que en Jesús tradujo para nosotros en muerte de Cruz, pero que realmente supera infinitamente a Cruces y a muertes.

Pero en este día de Pentecotés quisiera explayarme más directamente en el amoroso anonadamiento del Espíritu Santo.

La kenosis, anonadamiento de Padre e Hijo son eternas, por ser divinas, pero dentro de nuestro mundo se realizaron temporalmente sobre todo durante el A.T., vida de Jesús y de una manera puntual en la Pasión y Muerte.

La del Espíritu se prolonga materialmente a lo largo de toda nuestra historia.

Jesús, muerto en la obediencia amorosa, no podía quedar en la aniquilación. El Padre no sólo le resucitó sino que le constituyó Cristo, Señor y Salvador nuestro. Y este Cristo, Salvador y Señor nuestro, no realiza sobre nosotros su señorío y salvación a golpes de cetro o de preceptos a derecha e izquierda, sino que, animado por el mismísimo espíritu salvador y maternal del Padre, lo hace poniendo a nuestra disposición todo lo que tiene. En su vida humana de Jesús, el Hijo ya nos salvó dándonos su vida, en obediencia al Padre. Una vez hecho Cristo, nos posee y salva dándonos, en plena comunión de amor con el Padre, lo más secreto que anima su vida y corazón, su Espíritu que también es Espíritu del Padre.

En el aspirar de este Espíritu somos introducidos a participar en la secreta Vida del Hijo, en donde encontramos al que consuma y engendra toda vida: somos abrazados por el Padre.

En el suave arrebato de este Espíritu sin duda se consumía la agitada vida de S. Pablo, cuando tan apasionadamente, exponiendo su vida, manda a los creyentes a dejar de una vez de lado la ley –hecha pensando en los transgresores, no para fieles poseedores del divino Espíritu-, para preocuparse mucho más de “no entriste(cer)zcáis al Espíritu Santo con el que fuisteis sellados...” Es el Espíritu el que autentiza la veracidad de nuestro abrazo con el Padre, última instancia de la salvación.

Es aquí donde empezamos a vislumbrar la tremenda kenosis del Espíritu Santo. El anonadamiento de muerte a que nuestro amor sometió a Padre e Hijo, se perpetúa en nuestra historia en anonadamiento de espera, fortaleza, paciencia, gemido... en una palabra, de entristecimiento de Espíritu Santo.

La responsabilidad del Espíritu es tremenda, en nada menor a la del Padre e Hijo: El Espíritu está esncargado de que tanto desvelo y corazón partido del Padre, tanta cruz y sacrificio de Cristo, se traduzcan, fructifiquen en obediencia amorosa, humana y cósmica al Padre. El encargado de que tan tremenda historia de salvación divina, no haya sido en vano.

El Espíritu, tan delicado El, tan humilde como para que frecuentemente nos podamos atribuir su actuar en nosotros como fruto de nuestro proyecto, tan maternal por ser espíritu del padre, tan celador de la obediencia filial, como espíritu del hijo, se ha hecho esclavo de amor nuestro, sometido a nuestra rebeldía, a doble título: respetándonos como a madre, y exigiéndonos como a hijo.

¡Pobre gran desconocido que todo lo anima en el silencio, la esperanza, el dolor de alumbramiento, la divina inutilidad –única eficiencia real-!

Como Mónica impotente y esperanzada, el Espíritu nos va acompañando tantas veces entristecido por nuestra pródiga alineación, esperando que algún día recordemos que tuvimos casa con un Padre. Espera confortar nuestra verguenza y fracaso, para arrastrarnos emocionado a la casa del Padre, y finalmente poner en nuestros labios su secreta única oración verdadera: ¡Abba, Padre!

De qué emoción no embargará al Espíritu esta oración-grito proferida en nosotros, que hace llegar a puerto tanta peregrinación salvadora de Padre e Hijo.

No sería poca gracia en este Pentecostés, que le rogáramos prostrados, que libere en filiación tanto recobeco rebelde que sigue destrozando poco o mucho nuestra vida. Pero ello no basta, creo.

Se nos da el Espíritu nos sólo para hacernos hijos a nosotros, sino como testimonio y realización de que la paternidad de Dios se extiende al universo, de que Cristo es el primero entre todos los hermanos.

El Espíritu nos transforma en nuevos Pablos para que le ayudemos a actuar en los hermanos. Es El, mucho más que los milagros, quien nos autetiza como portadores veraces del Cristo Resucitado, y de la libertad de hijos.

"Ven, Espíritu Divino,

manda tu luz desde el cielo".

A su lado delicias para siempre.

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Re: ¡Ven Espíritu Santo!
por: Rosy (200.64.110.---) - 5-jun-2006, 11:00:04

Felicidades en el dia de Pentecostes!!

Concluimos el tiempo Liturgico de Pascua, con la fiesta de Pentecostes, o venida del Espiritu Santo sobre todos. Reflexionemos e invoquemos su asistencia, pue el Espiritu de Dios que se derrama sobre el Mundo y renueva la tierra y renueva los "ideales" y proyectos tanto de politicos, como de laicos, como de las familias, viene a todos en quien confia y tiene su esperanza, puesta en esa sabiduria que mana de Dios, y viene de Dios.

Pues el discernir del Espiritu Santo, es sabiduria que da El pa saber tomar las decisiones mas eficacez, concretas que podran ayudar en todos los ambitos y aspectos en las problematicas, en las decisiones, a tomar y tener solucion. Las mas acertadas y asi todos sientan que has llegado tu desde haya arriba y no fantasmas, a cuestionar y tomar decisiones que sean mas convenientes que alegren y no entriztescan a la humanidad. Pues El fue el mismo Espiritu de su sabiduria quien al principio formo toda la tierra, los seres que la rodean, las familias que la conforman y le dio al campo y a la tierra toda especie de manuntecion, para saciar a las familias. Pues si el mismo quiso nacer en una familia ¿como dejar "desamparadas" a las familias?, en las que El confia trasmitira sus proyectos de generacion, en generacion. Y asi seguira construyendo tanto el Reino aqui en la Tierra al igual que en el cielo.

El Espiritu de sabiduria sera pa todos, pa todas las familias, de todos los paises de toda la tierra que conforman este planeta El mejor amigo eficaz, el mejor consejero, El que nunca falla, El que nunca rechaza, El que nunca humilla, El que nunca entriztese, El que da la mejor solucion, pa el mejor actuar en la construccion, de nuestras familias, de las estructuras de un pais de la Eleccion de los Gobernantes que gobiernen con la sabiduria de Dios y de los Gobernantes del Clerigo, reyes y pastores de su pueblo y en "parte" reyes de esta tierra, que influyen muchisimo en las decisiones, mas convincentes y mas acertadas y las mejores pa dar una mejor calidad de vida, tanto en lo politico como... en lo Eclecial porque queriendo y no Van aunada y casi de la "mano" Politica y Religion, aunque son muy diferentes, son dos poderes los mas fuertes en los que la Sabiduria de Dios, tiene que influir desde Hoy pa asi conformar y construir Años y Vida y todo lo que en esto conlleva, lo que se necesita, pa que se tenga una vida de mejor calidad, y no un "raquitismo" o caricatura de Vida en las Familias que conforman un Pais.

Un Abrazo en Maria y el Espiritu de Sabiduria y no fantasma llegue a vuestros Hogares y caliente, el Amor y el Deseo de Ayudar a quien lo necesite y no se haga Sordo a su Voz. Y en Ocasiones sea ese Espiritu de Sabiduria quien de Briznas que alegren en mucho las Horas que tal se ve podran ser "insoportable" por hacerse sordos a su Voz. Ven Espiritu de Sabiduria e Innunda todo el Pais y los Paises que conforman el Planeta.

Habla Senor que tu Hija escucha.

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Re: ¡Ven Espíritu Santo!
por: Kanbei (62.14.22.---) - 6-jun-2006, 9:09:54

Jordi,

preciosa tu exposición. Aunque tengo que meditar un poco más la segunda parte (la kénosis del Espíritu Santo), pues reconozco que el Espíritu Santo es aún para mi ese gran desconocido, no quisiera dejar pasar la ocasión de subrayar un aspecto que tú has expuesto maravillosamente: la kénosis del Padre.

“El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él graciosamente todas las cosas? Rm 8,32”. A mi me ha sucedido (y quizá muchos hayan tenido la misma experiencia) el hecho de fijarme exclusivamente en la kénosis, el abajamiento, la humillación del Hijo. Me fijaba en todo lo que Jesús sufrió por nosotros, para atraernos hacia el Padre, pero de alguna manera soslayaba el sufrimiento del Padre, sufrimiento doble por nuestro desprecio a todo lo que hacía por nuestra salvación, y sufrimiento por tanto dolor cargado sobre las espaldas del Hijo. Creo que en el fondo, lo que subyace es una imágen de Dios que, si bien se encuentra en la Biblia, creo que no es la imágen definitiva de Dios. Dios es justo, es decir, en Él encontramos la justicia en su máxima expresión. Si Dios es justo, ¿qué merecemos nosotros por nuestros desprecios, nuestras negligencias, nuestras burlas hacia sus desvelos?. En justicia, no merecemos nada, sino permanecer hundidos en el fango en el que nosotros mismos queremos permanecer. Pero como muy bien nos dice Benedicto XVI en la "Deus caritas est" 10, Dios se enfrenta consigo mismo, su Amor frente a su Justicia, y si bien en justicia no merecemos nada, su Amor es capaz de hacer cualquier cosa con tal de salvarnos...incluso entregar a lo que más quería a la tortura y la muerte por parte de aquellos a los que quería salvar.

Todos los que hayan sido padres percibirán la locura, el Amor ilimitado, el sufrimiento atroz que supone esto. Imaginémonos que está en nuestra mano salvar de la muerte a muchas personas, la mayoría desconocidas, la mayoría personas desagradecidas que incluso se burlan de nosotros o nos odian, y que el único medio para ello es entregarles a nuestro hijo para que lo maten salvajemente...no concibo dolor más atroz, ni amor más ilimitado.

Quizá (como me pasó a mi) hayamos descubierto tarde lo que es el Amor de Dios...pero una vez descubierto, no perdamos el tiempo.

Un abrazo.

"Habla, Señor, que tu siervo escucha".

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Re: ¡Ven Espíritu Santo!
por: Jordi (211.135.43.---) - 6-jun-2006, 2:44:25

Quizá (como me pasó a mi) hayamos descubierto tarde lo que es el Amor de Dios...

Al leer tu reflexión Kanbei, realmente se siente próxima a la propia piel las kénosis de padres y madres, que de por sí ya son un indicio bien elocuente de la personalidad del que nos ha planificado y plasmado.

Pero no creo que desmerezca en nada de la temperamental corazonada y exclamación de Jesús "Te bendigo, Padre,...porque has ocultado estas cosas... y las has revelado a pequeños"(Mt 11,25), la tremenda iluminación y gracia que supone el caer en la cuenta del trasfondo del corazón de este Padre Dios, al que tanta propensión tenemos de relegar con todo respeto, a un mundo divino de omnipotencia y omnisciencia, casi sin sospechar si quiera que pueda necesitar una pequeña oficina tranquila a la hora de atar los cabos de todo el plan salvífico, bien alejadito El y muy por encima de los altibajos de nuestra salvación en família.

Corazón de Padre, entregado y amorosamente destrozado, como no puede menos de hacer sospechar el título con que Jesús nos lo definió: "Padre nuestro (no únicamente Padre de Jesús) que estás en los cielos"... Y el mismo Jesús nos acabó de aclarar de qué Padre se trataba (y de qué hijos!!!) en la parábola del hijo pródigo: Es Padre como Dios manda, de tales hijitos, que mira que nos cuesta saber lo que queremos y lo que podemos esperar de nuestro Padre, para no hablar ya de lo que el padre esperaría de nosotros...

Que nos sea desvelado aunque sólo sea lo que debería ser evidente y claro a todo ser viviente, ya es por sí mismo una auténtica invitación a pasearnos por el cielo.

Y ciertamente a un poco de cielo me ha sabido tu post.

Y en el mismo post he encontrado patentes huellas tanto de la kenosis como de la fecundidad del Espíritu Santo.

pues reconozco que el Espíritu Santo es aún para mi ese gran desconocido

Ya de entrada nos lo presentas en estado bastante notable de kenosis. La humildad del Espíritu es tremenda, y uno se puede pasar la vida cooperando con el, sin notar que se asome por ninguna parte. Pablo nos dice que somos radicalmente incapaces de llamar con verdad a Dios Padre, sino es dentro de un gemido que produce el Espíritu en nosotros. Cada Padre nuestro que nos sale del corazón, es mucho más suspiro del Espíritu que ocurrencia u oración mía.

Y con más motivo todavía, descubrir el más mínimo resquicio del Corazón del Padre, sólo puede ser Don del Espíritu, así como toda ulterior profundización. Yo cuando te leo, creo que es mucho más exacto decir que te ha sido revelado por el Espíritu, que no que hayas descubierto, aunque ello también sea cierto, pues el Espíritu no viene a quitarnos nada sino a dirigir y divinizar las operaciones de nuestro espíritu.

La misma Cruz de Cristo, si sólo es consideración mía, aunque sea bien amorosa, sólo se distinguirá algo cualitativamente de la cruz de S. Pedro, pero ni asomo de amores infinitos, ni de vida divina entregada por mí. Esta perspectiva sólo la da el Espíritu. A ello apuntan claremente las palabras de Jesús: "Mucho tengo que deciros pero ahora no podéis con ello... el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa" Jn16,12-13.

A la mismísima Inmaculada María, le habria sido del todo imposible una relación maternal con la Persona del Verbo, sin ser totalmente poseída por el Espíritu.

Nunca es tarde para descubrir esta dimensión en la que ya estás viviendo, como ves porque tienes ojos, te des o no cuenta, se lo agradezcas o no. Pero ciertamente hay que proponerse vivir conscientes de esta animacíon del Espiritu que causa en nosotros la vida eterna, vivir en el tiempo ya, la eternidad.

Sin duda todo llegará y hay que esperarlo y concientizarlo con la misma ilusión y esperanza que una madre Mónica.

En su presencia delicias para siempre.

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Re: ¡Ven Espíritu Santo!
por: 67julio05 (200.93.196.---) - 6-jun-2006, 6:02:15

Que el Espiritu Santo renueve en todos los bautizados

el apremiante llamado a la nueva evangelizacion

para que seamos testigos de la Verdad

en medio de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

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Re: ¡Ven Espíritu Santo!
por: Iris (83.37.27.---) - 6-jun-2006, 6:45:20

Amén!

Aleluya!!! por todo lo que nos han hecho compartir.

Casi me avergüenza añadir comentarios a los post anteriores, pues siento que el Espíritu ha utilizado vuestras voces para expresarse.

Nunca es tarde cuando el Amor se manifiesta, hay un tiempo misterioso para todo.

Ahora no lo comprendemos, pero lo comprenderemos cuando nazcamos a la vida definitiva.

Probablemente en ese instante valoraremos la exacta dimensión de las intervenciones del Espíritu Santo en las "horas negras" de nuestra vida cuando estábamos tan lejos del que se murió de amor por nosotros.

Sin su presencia y mociones no hubiéramos iniciado el retorno a la casa del Padre.

Todo es gracias a la Santísima Trinidad, a la intercesión de María y de la Iglesia que ya goza ante la presencia de ellos: los santos.

Todo aquí en esta tierra, cada paso que damos, cada moción del Espíritu, cada Eucaristía, cada oración es simplemente un medio para llegar a la verdadera meta: gozar eternamente ante la presencia de la Santísima Trinidad.

Allí en ese momento comprenderemos la profunda dimensión y delicadeza del amor del Padre manifestado en el Hijo por la acción del Espíritu Santo.

Pienso que ese encuentro irradiará tal luz sobre nuestras inteligencias, vislumbraremos tal delicada belleza que todo lo conocido nos parecerá sin brillo, opaco y sin luz. Nuestros corazones arderán con tal intensidad que casi, tal vez, hablando en lenguaje humano nos dolerá tanto gozo y perfección.

San Agustín, que también se acusa de "amar tarde" nos dejó estas maravillosas palabras:

Te he amado demasiado tarde,

belleza siempre antigua y siempre nueva:

te he amado demasiado tarde.

Tú estabas dentro, y yo fuera;

y aquí era donde te buscaba.

Tú estabas conmigo y yo no estaba contigo;

y tus obras que sin Ti no habrían existido,

me retenían lejos de ti.

Daba vueltas alrededor de ellas buscándote;

pero deslumbrado por ellas me olvidaba de mí mismo.

Pregunté a la tierra si era mi Dios

y me respondió que no;

y todos los seres que están en ella,

me hicieron la misma confesión.

Interrogué a todas las criaturas y me respondieron:

nosotras no somos tu Dios: búscale sobre nosotras.

Y volví a mí; entré dentro de mí mismo y me dije:

¿y tú quién eres?

Yo me respondí: soy un hombre racional y mortal.

¿Quién eres Tú, mi Señor y mi Dios,

único poderoso, único eterno,

incomprensible, inmenso, que siempre vives y en quien nada muere?

¿Quién eres Tú, y qué eres para mí?

Dilo, oh misericordia mía, dilo a tu pobre siervo.

Dilo en nombre de tu bondad:

¿qué eres Tú para mí?

Di a mi alma: Yo soy tu salud.

No me ocultes tu rostro, no sea que muera.

Déjame dirigirme a tu clemencia,

a mí que no soy más que tierra y ceniza.

Déjame hablar a tu misericordia,

pues ella ha sido grande sobre mí.

Dime, responde, oh misericordia mía,

en nombre de tus bondades,

¿qué eres Tú para mí?

Y he aquí que has hecho resonar

una gran voz en el fondo de mi corazón

y has roto mi sordera.

Me has iluminado y he visto tu luz

y he comprendido que eres mi Dios;

he aquí por qué te he conocido.

Sí te he conocido

y he sabido que eres mi Dios.

He creído que eres el verdadero Dios

y el que has enviado es el Cristo.

maldito el tiempo en que no te conocí;

maldita esa ceguedad que me impedía verte;

maldita esa sordera en la que no te oía;

maldito el tiempo en que no te he amado.

Te he amado demasiado tarde,

oh belleza siempre antigua y siempre nueva.

¡Te he amado demasiado tarde!

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Re: ¡Ven Espíritu Santo!
por: Maite (80.58.205.---) - 6-jun-2006, 9:02:17

El Espíritu Santo, era, es fue el Gran desconocido; hoy también, muchos cristianos no sabrían decir más que la corta definición del catecismo de su infancia

Y otros tal vez aún peor sólo sabrían o sabríamos decir lo sacado de los libros, y el Espíritu no se encierra ni en unos libros, ni en ningún otro sitio. El Espíritu es viento, y como viento es libre, es fuego, y quién puede detener el fuego, es agua

Pero sobre todo es el Amor, el Amor increado, El Amor entre el Padre y el Hijo

Jesús Hombre, es Hijo natural de Dios, gracias al Espíritu Santo, y nosotros somos hijos de Dios, gracias al Espíritu Santo

Pero seguimos sin conocerlo, y tal vez puesto que es Él quien lo permite, sea bueno que sea así, que siga el Misterio, no sea que nos acostumbremos de más, y nos olvidemos de lo que somos, aunque nos hayan elevado a lo que no merecemos

Maricruz, habla de los grupos carismáticos, mi opinión no es

muy favorable a los mismos, no estoy en contra, la Iglesia los tiene ahí, y Ella es la que sabe y manda, pero no me convencen, tengo compañeras de ecumenismo que pertenecen a grupos carismáticos, y ellas si son un cielo, aunque no estemos de acuerdo en muchas cosas

No entiendo por ejemplo, el hablar en lenguas, que además nadie piense que, significa hablar en lenguas extrañas, o el que algunos hablen a estas alturas( mis compañeras no, por ahora Gracias a Dios) de la sanación, de la curación por la imposición de manos, cosa que nadie sensato puede creer en pleno siglo XXI, o que tengan su día de intercesión, lo que pasa es que ellos están convencidos, de su oración es “omnipotente” y eso a mi, me suena a necesitar “ camisa de fuerza”

El pensar también que el Espíritu es casi de su propiedad, el alborotar en casi todos los actos normales a los que acuden( esto lo digo, por algunas personas que acudieron a actos litúrgicos normales, invitados por estas compañeras) y que casi montan una Verbena

Pero sobre todo, no me convencen, porque uno de los fundadores en La Coruña, señor que hasta tiene un libro escrito “ movido por el Espíritu Santo” según él dejo a su esposa y a sus hijos, para ir anunciar el Evangelio.

Y la familia debe ser lo primero, sobre todo, porque uno, puede confundir la voz del Espíritu, con la de su egoísmo, o la de una necesidad de cambio.

No, entro en sus ideas doctrinales, todas muy liberales, en todos los campos, si hay una cosa que me preocupa, y es que al tratar exclusivamente al Espíritu Santo, se olvida al Padre y al Hijo, y nuestro Dios, perdón, el Dios en él que creo, la Fe es individual

Es Uno y Trino, el cerrarse en una sola Persona, puede llevar a un falso “unitarismo”

Y además un “Unitarismo” muy peligroso.

Es sólo una opinión por supuesto

La ciencia ha dicho, Maricruz; nos ha ayudado a conocerlo mejor.

Por supuesto sé que la ciencia a la que se refiere es la Ciencia bíblica, el estudio de la exégesis bíblica, y por supuesto que estoy de acuerdo, en el sentido de que puede ayudarnos a conocer lo que la Escritura contiene sobre el Espíritu Santo, pero sin olvidar que la Biblia es Palabra de Dios, pero Escritura humana, y que la pluma de unos hombres, aún inspirados no pueden revelarnos el Misterio de Dios

Sí, puede darse gracias a esto un conocimiento intelectual, de la mente, pero el corazón sigue vació.

El conocimiento del Espíritu Santo, sólo lo puede dar( me refiero al del corazón) y el otro sin este es pura teoría, y teoría nos sobra a todos; el conocimiento que necesitamos es el de los niños inocentes, el de las personas que viven en su Amor, en Él mismo, él de los justos, aunque sean analfabetos y por lo tanto no puedan beneficiarse de esa “ciencia de la que con tanta justicia y razón habla Maricruz”

Un abrazo

Maite

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Re: ¡Ven Espíritu Santo!
por: Maricruz (221.89.37.---) - 7-jun-2006, 1:00:20

Me siento como Iris, sin deseo de intervenir aquí para no poner sombras a tanta luz como ha salido sobre este tema. Gracias a todos.

(En cuanto a la Renovación carismática, no me parece que sea tema en este hilo. O más bien este hilo no era tema para estos foros, sino para los de Espiritualidad -la Voz del Espíritu, como bien se llaman. Si deseas seguir con este tema, Maite, podrías abrir hilo nuevo sobre la Renovación u otros movimientos)

Un abrazo

Maricruz

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Re: ¡Ven Espíritu Santo!
por: Jordi (211.135.43.---) - 7-jun-2006, 1:31:26

Creo que tienes razón Maricruz, de que el hilo ha ido ha acabar y no sé si también no comenzó, perteneciendo más propiamente al foro de la Voz del Espíritu, que a éste. Al principio sentí la duda, pero resultaba tan ligado a Pentecostés, que no me pareció inadecuado este lugar. Sin embargo por los contenidos, el rumbo decididamente ha cambiado hacia otro foro.

Quizás sí que sea mejor proseguir en el otro foro, ¿no?.

A su lado delicias para siempre.

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Re: ¡Ven Espíritu Santo!
por: Maricruz (221.89.37.---) - 7-jun-2006, 1:40:05

Jordi, no es necesario ya. Siempre quien lo pone elige libremente. Y no se cambia. Podemos seguir.

Un abrazo.

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Re: ¡Ven Espíritu Santo!
por: Maite (80.58.205.---) - 7-jun-2006, 9:31:56

No, por supuesto no tengo intención de hablar de la renovación carismatica, no tengo nada más que decir y además pues como ya dije, es un movimiento de la Iglesia y eso hace que aunque " no me guste mucho" ( la verdad me gustan muy pocos) no vaya atacarlo, ni decir nada que lo desprestigie, ese no es mi estilo.

Sí hable del mismo, fue porque se citaba en el post, si sólo se hablase del Espirítu Santo, no lo hubiera hecho.

Coincido contigo, en que es un tema más del foro de Espiritualidad que de aquí, poero Iris lo puso aquí, y bien puesto esta.

Bueno ya os dejo

Maite

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Re: ¡Ven Espíritu Santo!
por: Andrea (201.254.114.---) - 8-jun-2006, 2:09:22

Aunque tarde, es mi deseo que El Espíritu Santo llene sus corazones y el mío, santifícandonos. Estoy esperando que me entreguen la compu para poder ponerme al día. Un abrazo, Andrea.

Cuando vengas Señor en tu gloria, que podamos acudir a tu encuentro

id: 28098
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Re: ¡Ven Espíritu Santo!
por: Jordi (211.135.43.---) - 13-jun-2006, 5:25:48

Una pregunta íntimamente conectada con el misterio de nuestra salvación es la de porqué Dios y Jesús para salvarnos necesitan del anonadamiento, pasión, la cruz, y muerte. ¿No tenía Dios maneras y caminos para salvarnos con menos devarío y más cordura?.

Con frecuencia se cita el deseo divino de constituirse en auténtico ejemplo para nosotros... pero ¿es que no resulta ejemplar la conmovedora Navidad? ¿para qué extremar la cosa hasta viernes santo? ¿sería poco ejemplo o anodadamiento morir de una pulmonía o de tuberculosis?

Por una parte estas preguntas siempre me venían a confirmar la sospecha de que reflejaban ya por sí mismas, que la imagen que yo tenía de Dios era la de un Dios muy señorial, bastante alejado del Dios apasionado, que es Amor todo él, hasta el punto de que su única divinidad se desdobla en comunión de una familia trinitaria: tres Amantes hechos Uno por y en un mismo Amor.

Ciertamente que a Dios no le pasó por alto tanto la necesidad de ponerse a nuestra altura, para poder conversar con nosotros de corazón a corazón, como la conveniencia de constituirse un ejemplo para nosotros. En este sentido siempre me resultó llamativo el que las maestras de los parvularios japoneses, que al hablar con los niños casi siempre doblaran el espinazo más de 90 grados, para lograr un diálogo cara a cara hasta con los más pequeñitos de 3 años.

Sin embargo estas conveniencias difícilmente pueden constituir una respuesta adecuada al empeño y desvarío que la Santa Trinidad manifiesta al ocuparse de nosotros. Es una exageración tal, que cada vez me parece menos razonable el buscar su motivación partir de las meras necesidades humanas. Ni nuestro mero ser humano ni nuestro pecado, pueden ser la causa configurante de las decisiones salvíficas divinas. El hecho de que nuestra salvación se haya desarrollado dentro de una amorosa kénosis divina, puede que también sea requisito de nuestra pecadora condición humana, pero sin duda ante todo es fruto y manifestación de la Vida íntima de un Dios que es Amor Trinitario.

Siempre infunde respeto y casi suena a osadía, el ponernos frente a la intimidad de Dios, pero es un hecho ineludible: no se trata de mera curiosidad, pues Dios no nos ha revelado su misterio, para poner de relieve nuestra ignorancia e incompetencia ante su grandeza divina, sino porque en su propósito salvador, ha decidido introducirnos en esa su misma Vida divina, que se convierte así en el único ámbito capaz de animar y consumar nuestra propia existencia, redimida por El. “Como me envió el Padre que vive, y yo vivo gracias al Padre, así el que me come vivirá gracias a mí.” Jn 6, 57.

Es nuestra obligación el aceptar en humilde gratitud y generosa resolución, esta invitación de Dios a acomodarnos a su regazo, convertido todo El en Dios ya sin secretos, porque ha determinado introducirnos en su amistad:

¡Ven, Espíritu Santo, desvela en nuestros corazones la Amante Trinidad!

El Padre es origen y razón de toda la obra creadora y redentora: "...tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna." Jn 3,16. “Si me amarais os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo” Jn 14,28.

Sin embargo este Padre no se pone en contacto inmediato con nuestro mundo; personalmente no nos es asequible sino por la revelación del Hijo y en el Hijo. “A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que es Dios y está en el seno del Padre, es quien nos lo ha revelado” Jn 1,18.

Jesucristo, el Verbo hecho hombre, nos expresa su intimidad e identidad en un ámbito de total referencia al Padre y a nosotros, hasta el punto de hacernos a ambos criterio de su misma autenticidad. Sin el Padre y los creyentes, se esfumaría su personalidad.

Jesús es para nosotros el don y la realización en vida humana patente, de la secreta vida divina “y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y verdad" Jn1,14. Sus reacciones humanas respecto al Padre, a sí mismo y hacia nosotros, son manatiales que brotan de las relaciones interpersonales trinitarias, y que al mismo tiempo que nos son reveladas, nos urgen a una plena identificación con ellas por nuestra parte.

Cristo, en efecto, no puede darnos otro tipo de vida que la que el mismo vive: su continua referencia al Padre que tiene en sí la vida, y que es quien da al Hijo de tenerla en sí mismo también. Por ello, al estar con nosotros, no puede vernos de otra manera que como regalo del Padre, cuya pérdida debe evitar a cualquier precio y cuya salvación forma la otra referencia de todo su ser. Somos su obra a realizar, encomendada por el Padre.

Jesús es el Hijo del Padre, enviado para nuestra salvación, es el Hijo vivificador de los múltiples y pecadores hermanos, que somos para él posesión del Padre y regalo, cuya custodia y maduración le han sido confiadas. La personalidad de Jesús se nos manifiesta como un constante refluir entre el Padre y nosotros. Jesús necesita que le miremos y escuchemos, le creamos y sigamos, para que podamos contemplar y nos dejemos enajenar por el rostro y la acogida del Padre.

El Espíritu tampoco habla de sí mismo: recuerda y hace comprender a los discípulos las palabras de Jesús. Jn 14,26. Da testimonio de Jesús Jn 16,26. Los discípulos no pueden con las muchas cosas que le quedan a Jesús por decir. Será el Espíritu quien les llevará a la verdad completa. El Espíritu glorificará a Cristo, porque os anunciará aquello que ha recibido de mí... Todo lo del Padre es mío...Jn 16,12-15.

Resulta significativo que “el Padre... por su gran amor nos haya engendrado de nuevo, gracias a la resurrección de Jesucristo...1Pe 1,3.” y no, viniendo a este mundo a morir por nosotros. Nos dió algo más precioso a sus ojos que su propia vida: Su hijo amado.

El Hijo viene a este mundo y nos salva, testimoniándonos el máximo amor testimoniable en nuestro mundo: muriendo por el amado. Y ello para traducirnos en lenguaje humano el amor del Padre. A pesar de ser traducción muy limitada, agotó nuestro diccionario. Nos dió su vida, tal como suena; y, hecho a causa de ello Cristo y Señor en las esferas divinas, nos regala algo mucho más precioso que su misma vida y muerte humanas: instaura su señorío universal, regalándonos en mutuo acuerdo con el Padre, su propio Espíritu divino, más estimado que la propia vida, porque es un-otro-Yo, que al mismo tiempo es también Espíritu del Padre.

La Acción del Espíritu por su parte no es menos significativa. Se suma a nuestro propio espíritu para enajenarlo en un grito de oración: “Papá”. Grito por el que va configurando nuestra débil existencia humana dentro del ser filial del resucitado. Yo lo compararía a un adaptador, que así como adaptó la existencia humana de Jesús al tremendo voltaje de la corriente del Verbo, así transforma el voltaje de la vida divina, a los 10v. de corriente que puede soportar nuestra condición humana, pero haciéndonos llegar el mismo tipo de electricidad que alumbra y da vida a las moradas eternas.

Como un aparato correctamente enchufado a la corriente, es una delicia de usar, así también nuestro espíritu amarado en Espíritu Santo, es la máxima invención divina, totalmente eficaz para retornar al hombre y todo el universo, bajo el cariñoso señorío del Cristo Resucitado, a las mansiones de ensueño, diseñadas hasta el mínimo detalle por tan pundonoroso y tierna madre como es el Padre.

La Sma. Trinidad no ha parado de inclinar su faz hasta la altura de nuestro rostro, para acloplarnos sin estridencia alguna, y vivificarnos en la inaccesible y total unión de Amor en que vive y se re-crea. Su plan de salvación es tan perfecto, comedido y respetuoso, como el trinitario vaciarse mutuo en el otro para realizar un eterno recrearse.

Todo prometía ir como una seda, hasta a nivel de inserirnos a nosotros, pecadores y egoítas mortales, en esta eterna comunión de vida intercomunicada, en una plena confianza ciega de que íbamos a apostar por quienes tienen vida perfecta en sí, siempre a punto de comunicarla...

-¿Tanta confianza te merecemos?, le quería preguntar yo, medio incrédulo.

-La confianza no se merece; como el amor, sólo se puede regalar..., sin duda me respodería.

Ciertamente se trata de un Dios nada impresionable a los riesgos de la paternidad. Toda una eternidad es él, todo padre, todo Hijo en un sólo Espíritu. ¡Amable Dios, comunidad tan juvenil y aventurera, a pesar de tan larga experiencia en cosas de amores!.

¡Ven Espíritu Santo que en tu delicada y creadora mano, está la cosecha y recolección de tanta semilla y palabra de salvación, ya sembrada!

A tu lado delicias para siempre.

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Re: ¡Ven Espíritu Santo!
por: Jordi (211.135.43.---) - 18-jun-2006, 5:57:41

¡Ven, Espíritu Santo, desvela en nuestros corazones la Amante Trinidad!

Cristo Resucitado, por medio de la infusión del Espíritu, nos ha hecho asequible la vida íntima de la Trinidad, que consiste en un don de Amor total y recíproco. La plenitud de cada una de las personas consiste en el darse a las otras dos y ser plenamente aceptada por ellas: Don total que se transforma en Gratitud plena. Una Trinidad santa, indivisible y toda corazón rendido al otro. Todo un mundo de eterno bondad , belleza, amor y verdad. ¡Amante Trinidad!

Sin embargo la Santísima Trinidad neotestamentaria, no se mueve precisamente en un mundo divino tan perfecto, amable, encantador. Al contrario presenta el rostro de un Dios fundamentalmente alienado, todo él pendiente de unos seres que, desde las afueras, han sido introducidos en el corazón de su vida. Algo semejante a una ostra perlera, tan bien estructurada para llevar una vida tranquila y fecunda en el fondo del mar: Vienen unas manos humanas que abren brecha en la juntura de la caparazón protectora, cortan su carne hasta poder introducir en la herida un grano de concha extranjera. A causa de la herida, va segregando nácar protectivo todo alrededor del doloroso granito de cáscara ajena, hasta convertirse en enorme perla, que ensancha más y más la herida.

Parece ser que con la creación, Dios mismo abrió una brecha en el perfecto asamblaje donde eterna e imperturbable discurría su mutua donación de amor.

Es cierto que hay que relegar a las inescrutables razones que mueven al amor, para poder entrever un resquicio de lo que motivó a Dios para crearnos, pero lo que en realidad resulta alucinante, es la seriedad del todo divina, con la que Dios se enfrenta a su obra: desde la absoluta confianza que nos da, hasta la estoica esperanza que nos muestra ante nuestra bellaca traición, por no hablar ya de su inquebrantable resolución de reencaminarnos afablemente hacia el destino de sus anhelos, por más tercamente que nosotros nos empeñemos en apartarnos.

Dios literalmente empeña en ello su misma vida.

Este empeño de Dios, que desde la caída de Adán cada vez penetra más y más profundamente toda nuestra historia, no cesa hasta desembocar en la entrega de su mismo Hijo a muerte en cruz. Ello no puede representar sino una extremecedora convulsión en el seno de la Trinidad, sin que quede resquicio de vida trinitaria, ajeno a tan inaudita decisión y aniquilamiento.

Aunque se tratara de una decisión ejecutada por y para humanos, rayaría ya en lo increíble. Pero se trata de pundonor y tragedia que ha teñido la misma fuente del ser y la vida, cuyas aguas no se sabe si pueden ya volver al color original. No hay ya partícula tanto en Dios como en la creción, ajena a esta herida mortal y exaltación celestial y cósmica.

Resulta inacabable y frustrante hablar y hablar de ello, porque no nos es dado poder expresar ni su más tenue sombra. Mas lo que resulta del todo increíble, es que sea realidad, realidad que lo configura todo, relidad no separable de nuestra realidad.

Sí, Dios ha muerto; y ha muerto de amor, cómo no. Por algo Dios es amor. Por increíble que ello parezca, está en línea perfecta con el ser de Dios. Inefable, pero hasta cierto punto lógico en un Dios tan dado a amar.

Otra cosa estridente por de más, es el que no haya venido a morir por justos, sino por pecadores, por mí y por tí...

En este haber muerto por mí, pecador, está mi punto de partida real, para buscar la faz de este Dios. El turbio y revuelto Jordán de mi vida rebelde, fue por un momento herido de una luz o voz del cielo, cuando de en medio de otros innumerables pecadores salía el solidario Hijo, un poco puesto al descubierto por ser lugar de reposo manifiesto de la Paloma del Espíritu. Una vez la voz del Padre descubre entre mis aguas turbulentas, la presencia de su Hijo Amado, reposo y solaz del Espíritu, éste reemprede por milésima vez, su cometido de fecundar aguas tenebrosas y rebeldes, mucho más realmente que en el primer principio del Génesis.

Se trata de la acción del Espíritu, que es para mí el primer contacto personal con Dios, que al mismo tiempo eleva toda la profundidad de mi ser, a gemido y cántico a flor de piel. ¿quién podrá penetrar ya con repetuosa y colmante presencia los recobecos de mi espíritu de hombre, sino el Espíritu de Dios?.

No, las aguas de los pozos profundos de mi espíritu, incubadas por el Espíritu Santo, ya no podrán volver a su obscura rebeldía. El Espíritu de Dios lo renueva todo.

Es verdad; pero quizás también lo sea que mis aguas alborotadas no sean tan obedientes a la Palabra creadora, capaz de configurarlas fácilmente en ejércitos de estrelas de ordenado desfile, en tierra y mar, en vegetación y fieras, y hasta en una familia de humanos, encargados de gobernar (bajo el mando de Dios).

Divino Espíritu, ¿seré yo tan fácil de domesticar, entre tus tiernas manos, y en tu aspiración sabrosa de bien y amores llena?.

¡Ven, Espíritu Santo, desvela en nuestros corazones la Amable Trinidad!

En tu presencia, celebración eterna.

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Re: ¡Ven Espíritu Santo!
por: Kanbei (213.37.158.---) - 18-jun-2006, 3:06:58

Jordi,

extraordinarias tus reflexiones, siempre me tocan algo por dentro.

Me ha parecido muy buena la descripción de la creación del hombre como la perla que abre cada vez más la herida de Dios. Dios quiso crearnos, amarnos, atraernos hacia Sí, y en su Amor nos hizo plenamente libres de aceptar ese maravilloso regalo, regalo que muchas veces rechazamos. El Amor de Dios es despojamiento, no sólo de rango, sino también humillación ante un ser pequeño, insignificante ante Él, que en su arrogancia osa poner a Dios de rodillas, insultarlo, azotarlo y finalmente matarlo. Y Dios lo hace por cada uno de nosotros.

-Dios me ha creado porque pensaba en mi antes de la creación del mundo.

"Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo profeta de las naciones te constituí" (Jer 1, 5).

-Cristo ha muerto por mi, sin ningún merecimiento por mi parte.

“En efecto, cuando todavía estábamos sin fuerzas, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; -en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir -; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros”. (Rom 5, 6-8)

- El Espíritu Santo me da la Gracia de Dios. Insufla en mi el deseo de amar a Dios. Me hace capaz de hacer cosas buenas, no debido a mi bondad, sino en la medida que yo le dejo que actúe a través mío. Perfecciona mi oración, intercediendo por mi.

“Por eso os hago saber que nadie, hablando con el Espíritu de Dios, puede decir: "¡Anatema es Jesús!"; y nadie puede decir: "¡Jesús es Señor!" sino con el Espíritu Santo”. (I Cor 12, 3).

“Y de igual manera, el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables, y el que escruta los corazones conoce cuál es la aspiración del Espíritu, y que su intercesión a favor de los santos es según Dios”. (Rom 8, 26-27)

Decía hoy mi párroco en la homilía del Corpus Christi que “amor, con amor se paga”. ¿Podremos decir algún día...

Que yo en tu amor confío;

en tu salvación mi corazón exulte.

¡A Yahveh cantaré por el bien que me ha hecho

Salmodiaré al nombre de Yahveh, el Altísimo!

(Salm 13,6)

o bien

Bendice a Yahveh, alma mía,

del fondo de mi ser, su santo nombre,

bendice a Yahveh, alma mía,

no olvides sus muchos beneficios.

(Salm 103, 1-2)

Un abrazo.

"Habla, Señor, que tu siervo escucha".

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Re: ¡Ven Espíritu Santo!
por: Jordi (219.115.231.---) - 11-sep-2006, 6:13:44

¿Podremos, oh Espíritu divino, dibujar tus huellas invisibles, que moldearon el fluir rápido del pueblo de Dios en la historia y que siguen encarnando Cristo y misterio en nuestra vida disipada que se nos va de las manos?.

Irrelevante nos va resultando ya tu acción atrevida por la que plasmaste de la nada, un universo colmado en la vida, de cuya fecundidad somos nosotros mismos fruto y semilla. Cuántas pegas no encontraremos a tanto brodado de gracia de tus manos que nos penetra para que no nos desintegremos!. A veces hasta nos encontramos con ánimos como para diseñar en nuestras mentes un mundo mejor ideado. Y con más frecuencia todavía dejamos que las cosas vayan siguiendo la rutina en que las hemos encauzado, a pesar de entreverse el peligro real de que podemos acabar con todo este nuestro mundo, que propiamente es tuyo...

Si nos va resultando ya casi una sinrazón la emoción y grito del salmista: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, la obra de sus manos anuncia el firmamento”(Sal 19), cómo podremos aguzar vista y oído para dejarnos enajenar por tu susurro trinitario, que nos identifica con Cristo, para adentrarnos en las veredas encantadas del seno del Padre.

Repetidamente nos eres enviado, y continuamente se va renovando la faz de la tierra.

Repetidamente el Padre, por Cristo te manda para que marques con tu sello divino, la autenticidad filial de nuestro vivir el bautismo.

Con qué silencio y embarazadora normalidad formaste a Jesús en el seno de la esclava María. Con qué cotidiana presteza tranformas pan y vino en frágil y comestible sacramento del Cristo glorificado. Con qué penas y rodeos vas cosiguiendo transformarnos a nosotros en sacramento de la gloria del Resucitado!

Es esta pequeña historia sagrada de cada día, alejada de conmociones sinaíticas, de plagas de egipto y de letra en piedra grabada, lo que quisiera cantar aquí: el éxodo de un mundo de esclavitud, hacia la tierra de prometida de tu libertad.

Desde luego Jesús estaba encantado de tu pastoreo escondido y clarividente, de tu omnipotencia tan menospreciada, de tu sonrisa a bienaventuranza galilea.

Extremeciste, fecundándolo, el cuerpo de María; extremeciste el Jordán y a un Jesús inmerso en nuestro pecado, para deleite del corazón del Padre. Jesús soñaba extasiado en tu capacidad de acceso a nuestra alma, hasta cederte el cumplimiento en nosotros, de su salvación que le costaría la vida. “Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito, pero si me voy, os lo enviaré” Jn 16,7

Sin Tí, la Palabra de la Vida, a pesar de haberse hecho palpable y visible sinfonía de nuestro mundo, parece que no acaba de penetrar las alienadas defensas de nuestro corazón: “Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa” Jn 16,13

Qué comunión de vida no tendría contigo, qué confianza ciega en tu silencioso e irresistible acoplarte a nuestro espíritu alborotado, qué humildad en comunión de vida trinitaria, esta tu inaudita presentación a sus discípulos del que además de ser verdad completa, era también camino y vida: Cuando venga El, os guiará a la verdad completa!.

“El me dará gloria, porque recibirá de lo mío, y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío” Jn 16,14-15a

Sí, y todo lo tuyo es del Padre y es de Jesús. Y también el regalo del Padre, tan codiciado por Jesús, que somos los discípulos, también se te confió por Jesús y el Padre. ¿cómo podía Jesús dejar de exultar, sabiendo que nos dejaba en tus ardientes y delicadas manos, siempre prontas a darle gloria y a glorificarle en nosotros?

¿Cómo nos penetras, oh Espíritu, para hacernos exclamar desde lo más profundo de nuestra alma mezquina y pecadora: Cristo, Señor! Para remover toda nuestra historia y arroparla en el eterno “abbá”, resumen también de la mismísima historia de Verbo...

Y oras en nosotros tan solapadamente, que llegamos a dar por supuesto como la cosa más normal, que compusimos el padrenuestro.

Ay! A veces siento como si fueras demasiado callado y bueno. Es verdad que más de una vez echas chispas divinas, y hasta rayos, pero desde los tiempos de Elías eres decidido amigo de brisas suaves. 1 R 19,12-13

Eres tan bueno que a ver si no vas a encontrar quien te haga caso... No sé si tu encanto divino, hizo soñar un poquitín demasiado a Jesús, relegando un poco a segundo plano amargas enseñanzas de la historia sagrada: Is 66 (cfr v.10: “mas ellos se rebelaron y contristaron a su Espíritu santo”.)

En tu presencia delicias para siempre

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