sta pintura es uno de los más enigmáticos cuadros jamás hechos, que ha cautivado y desconcertado al público desde el comienzo. Es un gran tríptico, pero no estaba destinado para un ambiente religioso. Se puede leer en muchos niveles, desde el literal al alegórico.
Fue inicialmente adquirido -como muchas otras obras del autor- por el rey Felipe II de España, gran admirador del artista.
Forma parte en la actualidad de los fondos de exposición permanente del Museo del Prado de Madrid, donde ingresó como depósito del Patrimonio Nacional en 1939.