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El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
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«Mira que estoy a la puerta y llamo,
si alguno oye mi voz y me abre la puerta,
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Documentación: Lamentación y súplica ante la angustia
Salmo 143 (142)
El salmo 142 es la oración de un oprimido, en quien podemos ver personificado todo el pueblo de Dios. Entre dificultades y sufrimientos, los ojos puestos en el poder de Dios y en las obras de sus manos, meditando siempre [...]

las acciones del Señor, se va avanzando hacia la victoria definitiva.
El enemigo nos persigue, nos es difícil el camino del bien, nuestro aliento desfallece y, con frecuencia, caemos en el camino, porque somos de barro. Pero, Señor, tú, que eres el único justo, no nos escondas tu rostro a causa de nuestra debilidad; recuerda que ningún hombre vivo es inocente frente a ti; lo reconocemos humildemente, Señor.
Bajo el signo de la propia debilidad y de la santidad de Dios, conscientes de nuestro pecado, pero recordando los tiempos antiguos -el éxodo y la resurrección- en que Dios nos dio, de una vez para siempre, garantía de su amor, empezamos un nuevo día en la humildad y la esperanza. Señor, al empezar la jornada, tu Iglesia te pide suplicante: En la mañana hazme escuchar tu gracia e indícame el camino que he de seguir en cada una de las acciones de este día.
Oración I: Señor Jesucristo, que, saliendo victorioso del sepulcro, nos hiciste escuchar tu gracia en la mañana de la resurrección, haciendo resplandecer una aurora fulgurante sobre quienes estaban confinados a las tinieblas, como muertos ya olvidados, cuando la muerte nos abra las puertas de tu encuentro, no llames a juicio a tus siervos, antes, que tu Espíritu, que es bueno, nos guíe por tierra llana y nos conduzca hasta tu reino. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Oración II: Extendemos nuestros brazos hacia ti y te pedimos, Señor, que perdones nuestros pecados; Padre eterno, Dios todopoderoso, no llames a juicio a tus siervos, antes sácalos de sus angustias y líbralos del mal que los rodea, pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti; que, salvados, Señor, por tu bondad, tu Espíritu nos guíe por la senda llana, hasta alcanzar aquel reino donde tú vives, por los siglos de los siglos. Amén. [Pedro Farnés]



Partes de esta serie: Contra la burocracia eclesial · Salmo 143 (142)

sup>1Señor, escucha mi oración;

tú, que eres fiel, atiende a mi súplica;

tú, que eres justo, escúchame.

2No llames a juicio a tu siervo,

pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.

3El enemigo me persigue a muerte,

empuja mi vida al sepulcro,

me confina a las tinieblas

como a los muertos ya olvidados.

4Mi aliento desfallece,

mi corazón dentro de mí está yerto.

5Recuerdo los tiempos antiguos,

medito todas tus acciones,

considero las obras de tus manos

6y extiendo mis brazos hacia ti:

tengo sed de ti como tierra reseca.

7Escúchame enseguida, Señor,

que me falta el aliento.

No me escondas tu rostro,

igual que a los que bajan a la fosa.

8En la mañana hazme escuchar tu gracia,

ya que confío en ti.

Indícame el camino que he de seguir,

pues levanto mi alma a ti.

9Líbrame del enemigo, Señor,

que me refugio en ti.

10Enséñame a cumplir tu voluntad,

ya que tú eres mi Dios.

Tu espíritu, que es bueno,

me guíe por tierra llana.

11Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;

por tu clemencia, sácame de la angustia.

[12Por tu gracia, destruye a mis enemigos,

aniquila a todos los que me acosan,

que siervo tuyo soy.]

Partes de esta serie: Contra la burocracia eclesial · Salmo 143 (142)
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