imno después de la victoria sobre el enemigo
[1Aquel día se cantará este canto en el país de Judá:]
Tenemos una ciudad fuerte,
ha puesto para salvarla murallas y baluartes:
2Abrid las puertas para que entre un pueblo justo,
que observa la lealtad;
3su ánimo está firme y mantiene la paz,
porque confía en ti.
4Confiad siempre en el Señor,
porque el Señor es la Roca perpetua.
[5Doblegó a los habitantes de la altura y a la ciudad elevada;
la humilló, la humilló hasta el suelo, la arrojó al polvo,
6y la pisan los pies, los pies del humilde,
las pisadas de los pobres.]
7La senda del justo es recta.
Tú allanas el sendero del justo;
8en la senda de tus juicios, Señor, te esperamos,
ansiando tu nombre y tu recuerdo.
9Mi alma te ansía de noche,
mi espíritu en mi interior madruga por ti,
porque tus juicios son luz de la tierra,
y aprenden justicia los habitantes del orbe.
[10Si se trata con clemencia al malvado,
no aprende justicia:
en tierra de honradez obra mal,
sin ver la grandeza del Señor.
11Señor, tu mano está alzada, pero no la miran;
que miren avergonzados tu celo por el pueblo,
que un fuego devore a tus enemigos.]
12Señor, tú nos darás la paz,
porque todas nuestras empresas
nos las realizas tú.