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El Testigo Fiel
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Documentación: Himno después de la victoria sobre el enemigo
Cántico de Isaías (Is 26,1-4. 7-9. 12)
Nuestro poema es un cántico de victoria y un himno de esperanza. Los habitantes de Jerusalén se sienten orgullosos de su ciudad, protegida por Dios y, por eso, victoriosa e inconmovible: hacia ella confluyen los justos que confían en el [...]

Señor. La ciudad enemiga, en cambio, la Babilonia orgullosa y dominante, ha sido derrotada. Esta acción de Dios es el fundamento de la confianza que siente el pueblo de Dios: El Señor es la Roca perpetua; todas nuestras empresas nos las realizas tú.
Por fuertes que sean las embestidas del mal, no debemos acobardarnos, porque Dios hará que su pueblo salga victorioso en el combate: "El poder del infierno no derrotará a la Iglesia" (Mt 16,18). Dios se sirve, con frecuencia, de "lo débil del mundo para humillar a lo fuerte" (1 Co 1,27); los pasos del pueblo justo entrarán en la ciudad.
Que este cántico, recitado al empezar el nuevo día, dé optimismo a nuestra jornada: Mi alma, Señor, te ansía, mi espíritu madruga por ti, tú nos darás la paz en este día, porque en ti confiamos y en ti tenemos una ciudad fuerte.
En la celebración comunitaria, si no es posible cantar la antífona propia, este cántico se puede acompañar cantando alguna antífona que exprese la gloria de la ciudad de Dios o la confianza en el Señor, por ejemplo: "Ciudad celeste, tierra del Señor", sólo el estribillo (MD 601) o bien "El Señor es mi fuerza" (MD 647).
Oración I: Tú, Señor, eres nuestra ciudad fuerte, tú, nuestra muralla y baluarte de salvación, tú nos darás la paz porque en ti confiamos; sé tú, pues, nuestra ayuda y protección durante la jornada que empezamos, porque todas nuestras empresas de hoy deseamos que nos las realices tú. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Oración II: Señor Jesús, Hijo amado de Dios, que, confiando siempre en el Padre, tu Roca perpetua, te entregaste a realizar su voluntad, haciéndote obediente hasta la muerte; haz que también nosotros, esperando contra toda esperanza, mantengamos nuestra paz confiando en ti. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
[Pedro Farnés]



Partes de esta serie: Isabel Guerra, monja y pintora · Cántico de Isaías (Is 26,1-4. 7-9. 12)

imno después de la victoria sobre el enemigo

[1Aquel día se cantará este canto en el país de Judá:]

Tenemos una ciudad fuerte,

ha puesto para salvarla murallas y baluartes:

2Abrid las puertas para que entre un pueblo justo,

que observa la lealtad;

3su ánimo está firme y mantiene la paz,

porque confía en ti.

4Confiad siempre en el Señor,

porque el Señor es la Roca perpetua.

[5Doblegó a los habitantes de la altura y a la ciudad elevada;

la humilló, la humilló hasta el suelo, la arrojó al polvo,

6y la pisan los pies, los pies del humilde,

las pisadas de los pobres.]

7La senda del justo es recta.

Tú allanas el sendero del justo;

8en la senda de tus juicios, Señor, te esperamos,

ansiando tu nombre y tu recuerdo.

9Mi alma te ansía de noche,

mi espíritu en mi interior madruga por ti,

porque tus juicios son luz de la tierra,

y aprenden justicia los habitantes del orbe.

[10Si se trata con clemencia al malvado,

no aprende justicia:

en tierra de honradez obra mal,

sin ver la grandeza del Señor.

11Señor, tu mano está alzada, pero no la miran;

que miren avergonzados tu celo por el pueblo,

que un fuego devore a tus enemigos.]

12Señor, tú nos darás la paz,

porque todas nuestras empresas

nos las realizas tú.

Partes de esta serie: Isabel Guerra, monja y pintora · Cántico de Isaías (Is 26,1-4. 7-9. 12)
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