a Razón, 02/01/06 - -Ya está en la calle su obra «El libro de la paz interior» (Styria), libro de pensamientos y pinturas. ¿Qué nos impide la paz interior?
-No apreciar lo que tenemos, desear demasiadas cosas, el consumismo, la ambición, no saber asumir los compromisos...
-¿Le cuesta más escribir que pintar?
-No elaboro mucho mis textos: o me salen de un tirón o no me salen. Mi vida es la pintura. Soy una pintora que también escribe.
-La vida monacal parece ideal para crear, ¿no?
-Sí, soy una privilegiada: no necesito retirarme a una casa de campo para pintar o escribir, para encontrar la paz.
-¿Qué le puede decir este libro a un agnóstico?
-Si lo mira con el corazón abierto, le hablará de la alegría de la paz, de hacer el bien a los demás, de la luz, de lo que de verdad importa.
-Con su pintura trata de sugerir paz y serenidad, pero el mundo está lleno de guerras y tensiones...
-Lo sé. Respeto a los artistas que dan testimonio de ese mundo, pero yo prefiero sugerir la paz, la belleza, la luz, la serenidad.
-Trata de mostrar la belleza, pero el mundo está lleno de fealdad... ¿No está fuera de su tiempo?
-No, vivo este tiempo, pero intento ser un contrapunto de lo feo. Creo que la belleza salvará al mundo.
Vanidad artística.
-¿Ignora lo feo o prefiere no verlo?
-No, no lo ignoro, hay que conocer la realidad del mundo para rezar por el mundo. En el arte, busco un ideal. Soy así. Vivo así.
-Trata de mostrar la luz en un mundo de oscuridad. ¿Nada le ciega?
-Espero que no me ciegue la vanidad artística, ni el éxito, ni las modas. Yo abro los ojos y me dejo llevar por la emoción.
-¿Se atrevería con un desnudo?
-No hay en el arte ninguna limitación. Podría hacerlo, pero no lo hago, porque lo mío son las escenas cotidianas... vestidas.
-¿Por qué no hace escenas bíblicas, pintura religiosa?
-Nunca me ha llamado la atención. Prefiero buscar a Dios en lo cotidiano. El arte religioso vive una decadencia absoluta. No podemos vivir colgados eternamente de Murillo o Rafael, pero se hace poco y lo que se hace es flojo.
-La han nombrado últimamente académica de honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis de Zaragoza. ¿Le place?
-Lo agradezco. Y me sorprende. Creo que es una forma de decir que las monjas no son solamente cuatro ancianitas bordando pañuelitos.
-Dice una cosa muy rara en estos tiempos: que el éxito no le llama la atención...
-Soy muy crítica conmigo misma. Me sorprende que guste mi obra, pero el hecho de que guste me anima a seguir trabajando. Vivo muy centrada en la vida monástica. Aquí no me acuerdo de lo que es el éxito.
-Ya, pero sabe lo que es; usted lo tiene.
-El éxito es vivir como uno desea.
-Cada tres o cuatro años expone y sale al mundo. ¿Cada vez siente más ganas de volver en seguida al convento?
-Sí, ja, ja, ja. Soy feliz trabajando, no exponiendo. No pinto para triunfar, pinto para hablar con los demás.
-Trata de abrir ventanas al sosiego, dice. Alguien le dirá: es fácil el sosiego en un convento, pero salga a la calle y verá...
-Hablo del sosiego del corazón, del sosiego interior. Se puede estar muy activo y vivir muy en paz consigo mismo. El arte mayor es el arte de vivir.
-Sus textos parecen los de una mística. ¿Lo es?
-Ni idea. No me veo yo muy mística. Soy una persona que busca a Dios.
-Teresa entre los pucheros y usted entre los santos óleos...