adrid, 08/03/05 (La Razón ) El cardenal Rouco pronunció ayer su último discurso como presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE). El último, al menos, de este segundo trienio en que ha permanecido al frente de la Iglesia en España. Porque todos los indicios apuntan a que el arzobispo de la capital renovará hoy su cargo.
Esta mañana, los 76 obispos con derecho a voto que se encuentran reunidos desde ayer en la Casa de la Iglesia de Madrid, elegirán a su presidente y vicepresidente para el trienio 2005-2008.
Ayer por la mañana, en el hemiciclo episcopal, el cardenal Rouco mostró su respaldo a «las palabras luminosas» que pronunció a finales de enero el Papa Juan Pablo II. Con ocasión de la visita «ad limina» que realizaron los prelados españoles al Santo Padre, éste «hizo referencia a la difución de una mentalidad inspirada en el laicismo». «No se trata, naturalmente, de algo presente sólo en nuestra sociedad, sino de un fenómeno preocupante que afecta de uno u otro modo a las soicedades llamadas occidentales», matizó el purpurado.
«Tal mentalidad comporta una dificultad especial no sólo para la acción evnagelizadora de la Iglesia, sino también para el desenvolvimiento pleno y fluido de la vida social», añadió.
Relaciones positivas: El presidente de la CEE mostró también la disposición de los obispos al «diálogo y al espíritu de cooperación sincera al bien común». En este sentido, el cardenal Rouco destacó «el encuentro que el vicepresidente y el secretario general de la Conferencia Episcopal mantuvieron la semana pasada con la vicepresidenta del Gobierno y con el ministro de Justicia», reunión que, a su juicio, «pone de manifiesto la mencionada voluntad de cooperación de la Iglesia con la autoridad legítima».
Esto no presupone una luna de miel con el Ejecutivo, ya que «en otras ocasiones hemos hecho referencia a diversas cuestiones (...) que suscitan serias reservas y aun clara oposición para quienes contemplamos la convivencia social desde una perspectiva cristiana que asume la ética natural o racional en los planteamientos de nuestra cultura moral y legal», pero «hemos declarado siempre nuestra voluntad de mantener unas relaciones positivas de colaboración».
El arzobispo de Madrid quiso dejar claro de nuevo que «la misión y la tarea de la Iglesia no es la política», pero que sí les corresponde a los seglares católicos, como ciudadanos, «actuar de modo responsable en virtud de diferentes concepciones, legítimas, de la cosa pública y siguiendo diversos caminos para resolver los problemas a los que han de responder los gobernantes». La misión de la Iglesia, que «nadie debe temer», es «anunciar el Evangelio de Jesucristo fiel e íntegramente».
El cardenal Rouco retomó las palabras de Juan Pablo II en la visita «ad limina» en las que señalaba que «muchos de los retos y problemas aún presentes en vuestra nación ya existieron en otros momentos, siendo los santos quienes dieron brillante respuesta con su amor a Dios y al prójimo».
El presidente de la CEE enunció que «nuestra Iglesia realizará su misión de modo creíble y verdaderamente eficaz sólo si es capaz de suscitar en su seno hijos e hijas que aspiren con toda el alma a la santidad en el seguimiento humilde del Maestro». Y entre las prioridades de la Iglesia en España enumeró «el acercamiento a los alejados; la atención a las necesidades de los ancianos, los emigrantes y los jóvenes sin empleo; el cuidado de la vida humana naciente y la atención a las necesidades apremiantes de las familias y de la educación».
Estas labores, a juicio del purpurado, constituyen «el taller donde se fraguan los santos». A ellas se contrapone, en opinión del cardenal Rouco, una conciencia que «trata de satisfacerse a sí misma con las migajas del mero bienestar económico y, en todo caso, con las vacuas filosofías de un cierto cinismo hedonista».
Terrorismo: En su discurso ?algo más breve que en otras ocasiones?, el presidente de la CEE volvió a referirse al «flagelo inhumano del terrorismo», que «debe desaparecer». «No es moralmente posible ningún tipo de compromiso con quienes instrumentalizan a las personas y las asesinan indiscriminadamente, sin recatarse de reivindicar tales crímenes como si de acciones nobles se tratara», sentenció.
El cardenal Rouco se refirió en su discurso a la salud del Santo Padre, por el que pidió oraciones. «Deseo renovar en este momento la invitación a la plegaria por el Santo Padre: que el Espíritu Santo le conforte y le asista de modo especial en esta etapa de su vida», afirmó el purpurado. «Hemos podido comprobar personalmente una vez más cómo Juan Pablo II gasta y desgasta su vida en aras del ministerio que se le ha confiado con una entrega completa y conmovedora», subrayó.
El purpurado mostró también su satisfacción por «los varios centenares de miles los jóvenes de todo el mundo que han dado sus nombres para acudir» a la Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará el próximo mes de agosto en la ciudad alemana de Colonia y que, según el programa, presidirá Juan Pablo II.
Además, el presidente de la CEE anunció la «peregrinación al Pilar de Zaragoza, donde el 21 y 22 de mayo próximos tendremos ocasión de renovar la consagración al Corazón Inmaculado de María en un ambiente de celebración y adoración eucarística», enmarcada dentro del presente Año de la Eucaristía.