adrid, 30/11/05 (La Razón) El limbo, el lugar donde la tradición católica afirma que los niños van al morir sin haber recibido el sacramento del bautismo, puede tener los días contados.
Según informaron algunos medios italianos, una Comisión Teológica Internacional aconsejará al Papa Benedicto XVI que abandone para siempre el concepto del limbo. Si se siguiera el consejo de Juan Pablo II, la nueva ubicación de las almas quedaría en manos «de la misericordia de Dios».
Limbo es una palabra que procede del latín «frontera» o «límite», porque según algunos expertos teólogos «esos niños no merecen ir ni al cielo ni al infierno». El pasado octubre, siete meses antes de morir, el Papa Juan Pablo II pidió a la comisión que sugiriera una «forma más coherente y clara» de describir el destino de los inocentes. Como prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe, el entonces cardenal Joseph Ratzinger fue el encargado de los trabajos.
El limbo, a examen. Pero ahora el nuevo Papa Benedicto XVI y su sucesor al cargo de la comisión, el arzobispo norteamericano William Levada, tendrá que considerar el documento que le consignará la Comisión Teológica, reunida desde el lunes en el Palacio del Santo Oficio del Vaticano. La Comisión fue creada por Pablo VI en 1969 con la misión de examinar las cuestiones doctrinales de la mayor importancia.
La teoría del limbo es un problema de carácter teológico de gran complicación, ya que durante muchos siglos, en la Iglesia se defendió la tesis de que «sin bautismo no hay paraíso». Sin embargo, en los últimos años, la Iglesia prefiere no hablar sobre el limbo. Durante todo la Edad Media, ésta fue la doctrina que defendió la Iglesia. La versión que Juan Pablo II aprobó en 1992 prefirió una suerte más serena para los niños muertos sin bautismo.
«La Iglesia –afirma el punto 1261– no puede confiarlos a la misericordia de Dios» y señalaba que Dios «quiere que todos los hombres sean salvados». Por eso, Juan Pablo II reunió a unos treinta teólogos para «estudiar la suerte de los muertos sin bautismo».
Es por este motivo por lo que en el Catecismo no se menciona el limbo y se apela a la «misericordia de Dios» para los niños muertos sin bautismo.
L. R. R.