adrid, 28/10/04 - Muchos tienen que echar mano del atlas para ubicar la República de Tayikistán. Se encuentra en el sudeste del Asia Central, y es el país más pequeño de la zona. Colinda por el norte con Kirguistán, por el sur con Afganistán, por el este con China y al sudoeste con Uzbekistán. Hasta allá se desplazó en 1997 un pequeño grupo de sacerdotes argentinos pertenecientes al Instituto del Verbo Encarnado, a quienes envió personalmente Juan Pablo II. Siete años después, y en medio de una marea musulmana ?el 97 por ciento de los tayikos practica la religión de Mahoma?, los misioneros han abierto hasta el momento tres parroquias, un comedor para pobres, un centro misionero y otro de Caritas. Los bautizos y las confirmaciones también se han ido sucediendo, aunque con lentitud, y son ya cinco los sacerdotes argentinos que evangelizan allá, con una edad media de apenas 35 años.
Entre los cascotes de la derrumbada Unión Soviética germinó la Iglesia católica de Tayikistán. En 1997, apenas cuatro años después de que acabará la breve pero cruenta guerra civil que asoló la república asiática, el Papa encomendó al Instituto del Verbo Encarnado ?una joven congregación religiosa nacida en Argentina en 1984 y que cuenta ya con cerca de 200 sacerdotes? que se encargara de instaurar la Iglesia en aquel país de seis millones y medio de habitantes. Al llegar allí, los religiosos apenas se encontraron con un puñado de católicos, dos templos desvencijados en Dushanbe y Kurgan Tubie y con alguien que se les había «adelantado»: cuatro monjas de la Madre Teresa de Calcuta, que llevaban trabajando con los pobres de Tayikistán desde 1991. Sólo tres de cada cien tayikos eran cristianos, y la mayoría de estos, ortodoxos. Los católicos descendían, mayoritariamente, de prisioneros alemanes, rusos, lituanos y ucranianos que fueron deportados tras la Segunda Guerra Mundial a la remota república.
Los cinco religiosos argentinos se ocupan en la actualidad de las tres parroquias y de los centros asistenciales. Los domingos, además de las misas y las catequesis, que ya imparten jóvenes tayikos, los sacerdotes dirigen un «oratorio» juvenil ?al más puro estilo Don Bosco?, con juegos, deporte, clases de guitarra, etc. Según el padre Ezequiel Ayala, de 27 años de edad, «la mayoría de los niños que asisten provienen de familias difíciles, con problemas, padres separados, problema de alcoholismo, violencia, malos tratos. Por eso, el Oratorio es muy importante para ellos, dado que es una de las pocas ocasiones donde pueden recibir no solo educación, sino sobre todo cariño y aprecio».
Las cuatro misioneras de la Caridad se dedican a lo que les enseñó a hacer la Madre Teresa de Calcuta: visitan periódicamente a los enfermos cristianos y no cristianos de la ciudad y colaboran además en la parroquia de San José. Dirigen un comedor para pobres, donde ofrecen un plato de comida a más de 150 personas, dos veces a la semana, y también distribuyen medicamentos. La Iglesia tayika acaba de abrir una web, traducida al castellano: www. catholic.tj