adrid, 21/10/05 (La Razón) Es uno de los obispos que más se ha pronunciado para denunciar la situación de los inmigrantes que intentan llegar a Europa a través de las fronteras españolas. Como prelado de la diócesis de Málaga le corresponde administrar la actividad pastoral de la ciudad de Melilla, y por eso ha querido hablar para LA RAZÓN sobre la dramática situación «de personas como nosotros que viven situaciones terribles».
? Monseñor, no hay semana en la que no se pronuncie sobre el problema de la inmigración. ¿Teme que deje de ser noticia antes de que se resuelva?
? En realidad, lo novedoso de esta situación es la masificación. Antes existía el mismo problema, pero no era tan amplio el número de personas que intentaban llegar a España. Y aunque ya no intenten saltar miles de personas, el problema está ahí, no se ha movido. Los inmigrantes siguen queriendo salir del hambre y buscar una vida digna, y eso no se arregla devolviéndolos a Marruecos.
? Entonces, ¿no vamos por un buen camino para solucionarlo?
? Se están poniendo más vallas y tomando algunas medidas, pero este problema no se arregla con buenas intenciones. Aunque los devolvamos y levantemos más vallas, siguen viviendo unas condiciones tan penosas que les hará ser persistentes. La solución pasa por que Europa se preocupe de verdad por el Tercer Mundo y por el hambre que mata a miles de personas. No se puede mirar hacia otro lado y si Europa no actúa por solidaridad, lo hará por supervivencia.
? Luego los europeos somos, en parte, culpables de esta situación...
? Hoy día todos somos, si cabe, más prójimos de todo hombre. Los medios de comunicación han transmitido a estas personas una imagen de hedonismo, de consumo, por la que se sienten atraídos. Suponen una forma de vida materialmente más «humana». Nosotros mismos hemos avivado su conciencia y les hemos hecho moverse y despertar.
? Usted ha sido obispo de Cádiz y Ceuta. En estos años, ¿cuál es la situación más trágica que ha visto?
? Recuerdo que hace unos años, mientras visitaba el CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes) que tenía capacidad para 500 personas, vi cómo más de 1.200 personas se hacinaban en chabolas alrededor del centro. Entre cartones y mantas, esperando que les ayudasen... era impresionante. Ahora hay una especie de tiendas de campaña gracias a la colaboración de las instituciones y a que la población se ha portado extraordinariamente. El problema urgente es qué vamos a hacer con los que ya están aquí. Y no valdrá de nada devolverlos. El hambre los hará regresar.
Un «efecto llamada» distinto. ? Usted ha dicho que Dios comparte «el dolor humillante». ¿Humillamos a los que huyen de la miseria?
? Dios ha creado un mundo en el que pueden vivir todos sus hijos, pero nosotros hacemos que otros clamen de humillación. A los que huyen les mueve sentirse desposeídos de aquello de lo que otros gozan. Y saben que esta tragedia sucede por el enriquecimiento de ciertos países y la explotación que hacemos de sus tierras.
? ¿Cómo está siendo la actuación de los Gobiernos español y marroquí?
? Esta situación les supera porque trasciende sus posibilidades. Por eso se debe presionar a la Unión Europea y a la ONU para satisfacer las necesidades de los que sufren. Es un proceso lento pero que hay que recorrer. Se debe buscar el reparto equitativo de los que ya están aquí entre la población de la UE, aunque haya países que se opongan. Quizá provoquemos un efecto llamada, pero ellos nos están llamando a remediar la injusta distribución de los bienes y a un equitativo aprovechamiento de las riquezas.
? ¿Cree que de verdad interesa internacionalmente ayudar a África?
? Hay terribles intereses de por medio, y no sólo en África. Pero la realidad es que millones de personas se mueren. Millones. Y ese es problema de todos nosotros, no sólo de los Gobiernos. Por eso debemos ayudar y también instar a los políticos a que tengan en cuenta estas realidades.
? ¿Cómo puede actuar la Iglesia?
? Cada uno debe colaborar desde donde está: laicos, consagrados e instituciones. Hacen falta políticos que desarrollen políticas de servicio, economistas que aporten su ciencia para atender a los más pobres. Los obispos y las instituciones debemos ser voz de los que no tienen voz, tenemos que denunciar el rostro inhumano del mundo que estamos viviendo. Decimos que el mundo está harto de palabras. Puede, pero no de palabras verdaderas respaldadas por el ejemplo y el compromiso. Tomemos conciencia de lo que Dios puede hacer por el hombre cuando el hombre se deja mover por el amor de Dios.
? ¿Cómo le gustaría terminar esta entrevista?
? Pido a Dios que se adopten medias urgentes. Si Europa no toma conciencia de la dignidad de estas personas y actúa por solidaridad, llegará un día en que tenga que actuar por supervivencia.
José Antonio Méndez