aticano, 25/10/05 (La Razón) Ciudad del Vaticano- El presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, el cardenal Walter Kasper, explicó ayer una conferencia en la sede de la prensa extranjera que el debate surgido durante el Sínodo de Obispos en las últimas tres semanas sobre la negativa a que los divorciados casados en segundas nupcias puedan comulgar «no es el resultado final».
El purpurado recordó que aún falta la exhortación final postsinodal, que tendrá que firmar el Papa y que podría dar respuestas a este tema.
El cardenal Kasper reconoció que cerrar con un «no» rotundo el tema sería «un gran problema». En este sentido, comentó que aunque en el Sínodo se haya «cerrado» la puerta a la posibilidad de que los divorciados que se han vuelto a casar puedan comulgar, esta no será la última palabra: «Es una realidad que existe y se tiene que reflexionar sobre cómo responder», subrayó el purpurado.
Casos particulares. «Los divorciados casados son un gran problema pastoral. Yo que he sido obispo durante diez años y lo sé, igual que lo sabe cada obispo de cualquier país de Occidente», afirmó rotundo Kasper durante una conferencia en la sede de la prensa extranjera.
El purpurado recordó que, como dijo el Papa Benedicto XVI durante sus vacaciones en el Valle de Aosta, una solución sería que cada pastoral estudiase los casos particulares. Aun así, el «Mensaje final» del Sínodo ratificó el pasado fin de semana la negativa de la comunión para los divorciados que se vuelvan a casar, a los que sólo se permite y se anima encarecidamente a que continúen participando en la vida de la Iglesia.
En cambio, Kasper sí se mostró de acuerdo en la afirmación del Sínodo de respetar el celibato sacerdotal. «Estoy convencido que el celibato es un don para la Iglesia y que no tenemos que abandonarlo. En algunos, casos sería posible estudiar el caso de los ?viri probat? (ordenar a sacerdotes que han estado casados), pero que tendremos que realizar sin abandonar el celibato», concluyó.
L. R. R.