oma, 15/12/04 (La Razón) El libro lo firman el vicepresidente del Senado italiano y uno de los cardenales más influyentes del Vaticano. Se titula «Sin raíces» y, según los autores, su publicación la motiva la voluntad de explicar por qué es necesario reconocer las raíces cristianas de Europa, algo que la Unión Europea se ha negado a hacer, evitando incluir una mención a las mismas en el prólogo de la nueva Constitución. Los autores consideran que el pulso echado a la UE no es un simple capricho del Vaticano, sino una cuestión fundamental, vital para saber quiénes somos y, en consecuencia, cómo debemos comportarnos, a qué debemos hacerle frente. El libro destila un sabor amargo.
Ya el propio título («Sin raíces») deja claro que se parte de una premisa negativa. Y es que, en palabras de Ratzinger, «estamos atravesando un momento en el que Europa parece querer olvidar de donde viene». Frente a una situación así, exponen los autores, es necesario plantarse. Una postura que no sólo concierne a los creyentes, sino a todos los pertenecientes a la cultura católica. Esto último es algo que Ratzinger explica con precisión quirúrgica: «El cristianismo es la raíz de la identidad religiosa de aquellos que creen. Pero no es sólo eso.
Es también la raíz de la identidad cultural para aquellos que no poseen este don». Otro de los argumentos que afronta el libro, y que quiso subrayar Ratzinger durante la presentación, es la relación entre islam y cristianismo. Sobre este particular, dicen los autores, la postura dialogante emprendida por el Vaticano no sólo es compatible con la defensa a ultranza de los valores católicos en Occidente, sino que además ambas actitudes han de ir de la mano. «Creo que el Papa siempre ha manifestado con claridad su fe cristiana, pero ha hecho entender que esta fe es compatible con el resto de los credos.
Esto es posible gracias a que el Papa tiene la convicción de su propia identidad, de modo que puede responder a los desafíos a los que hoy nos enfrentamos desde su profunda fe», aseguró Ratzinger, denunciando que, por el contrario «muchos portavoces y pastores de la Iglesia se inclinan al relativismo y al dogmatismo». Pero, más allá del islam, los autores localizan en el laicismo al verdadero enemigo de la fe católica. Los autores creen necesario «unirse contra el laicismo dogmático y absolutista que quiere relegar a la religión a la esfera de lo privado».