adrid, 01/02/06 (La Razón ) - Dachau, el campo de concentración nazi cuyas ruinas aún resisten en pie a quince kilómetros de Munich, refresca su recuerdo en la memoria colectiva con la película que se proyecta durante estos días en los cines, «El noveno día», ambientada en febrero de 1942.
A partir de un pequeño texto perteneciente al diario de Jean Bernard (1907-1994) -en la película llamado Henri Kremer- se reconstruye la cronografía de nueve días en los que este sacerdote, confinado en Dachau por su oposición pública al régimen nazi, tendrá que enfrentarse a un terrible dilema: tiene que convencer al arzobispo de Luxemburgo para que firme un comunicado en apoyo del régimen nacionalsocialista. Si lo consigue, él y su familia podrán abandonar el país y serán libres. Si no lo consigue -o se niega- Kremer verá morir a su familia y volverá a la cárcel.
Dilema moral. Frente a las justificables licencias literarias de la película, el diario del sacerdote Jean Bernard cuenta la terrible historia de una decisión compleja y decidida al amparo de la fe. Pero el párrafo que ha inspirado toda la película (puesto que Bernard no describe con excesivo detalle esos nueve días), refleja el dilema moral de Henri Kremer en una conversación con el teniente de la Gestapo:
«-¿Cómo les va a tus colegas? ¿Tienen ya suficiente? ¿No desearían volver a casa?(...)
En mi mente veía a mis amigos muriendo en medio de la miseria, del hambre y del frío.
-Tendrás que preguntarles a ellos tú mismo, -respondí (...)».
En el campo de concentración de Dachau fueron internados casi tres mil sacerdotes de diferentes nacionalidades. Más de la mitad encontraron allí la muerte por sus creencias. Como recuerda Kazimierz Majdanski, arzobispo emérito de Stettino-Kamien y superviviente de Dachau, «los presos creían haber vuelto a los tiempos de Nerón y Diocleciano, a los tiempos del odio por el cristianismo y por todo lo que representaba». Para monseñor Majdanski, «el campo de concentración era la encarnación de la civilización de la muerte».
Sólo en Alemania, recuerda, se calcula que cerca de doce mil religiosos fueron torturados por el régimen nazi, y gran parte de ellos murieron: «En Dachau vi cómo morían muchos sacerdotes de manera heróica». Muchos de ellos son hoy mártires beatificados durante el pontificado de Juan Pablo II.
Las imágenes que Jean Bernard describe en su diario no son sino el retrato de unos días de sufrimiento y de decisiones dolorosas. El 25 de febrero, este sacerdote toma un tren de vuelta a Dachau, «a la miseria del campo de concentración»: «Cómo me siento es algo que no necesita ser descrito», concluye. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, Bernard fue liberado y murió finalmente en el año 1994.