adrid, 04/11/04 El archiconocido dicho de «segundas partes nunca fueron buenas» se vuelve a cumplir en el caso de «El exorcista: el comienzo», la última película del director Renny Harlin.
El filme, que llegó a las pantallas españolas el pasado viernes, es «superficial, sin guión, y se limita a ser una sucesión de sustos y escenas impactantes». Así opina el sacerdote y demonólogo (experto en demonios, espíritus y exorcismos) José Antonio Fortea, de la diócesis de Alcalá de Henares (Madrid). Según el presbítero ?el mayor especialista en este campo en España y autor de varios libros sobre el tema?, la cinta, «sencillamente, no recoge ningún exorcismo».
«Sólo hay algo de brujería, una mezcla de sueños y realidad, de nazismo, disquisiciones vagas acerca del mal, todo mezclado llegando a un resultado muy pobre», observa. El demonólogo lamenta que «en la película no hay rastro de un ritual de exorcismo, a pesar de su título», ni se encuentra «una explicación seria de lo que es un exorcismo».
«Todo son sustos, efectos especiales, algo así como ir en el parque de atracciones por un túnel del terror. Se parece más a ?Van Helsing? o a ?La casa encantada? que a la primera película de ?El exorcista?», prosigue. «Es una pena que no haya ninguna cinta que refleje esta realidad fielmente, porque sería muy interesante.
La mayor parte de los directores de este tipo de filmes ni siquiera se han leído el catecismo», agrega.
Según el padre Fortea, hay pocas películas sobre espíritus malignos que den una explicación acorde con las enseñanzas de la Iglesia católica. «La primera parte de ?El exorcista? sí tenía una historia que contar: se trata de una gradación perfecta que crea un clima in crescendo hasta lo preternatural», afirma.
Estaba basada en un hecho real que sucedió en 1949 a las afueras de Washington y, «aunque exagera en algunos puntos, trataba el tema de los espíritus malignos con bastante rigor», asegura el demonólogo.