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El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
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Documentación: Alegría del profeta ante la nueva Jerusalén
Cántico de Isaías (Is 61,10 - 62,5)
Este cántico de Isaías es un himno a Jerusalén, que será restaurada después de los años tristes del cautiverio. Nuestro texto tiene como dos partes. En la primera parte es la propia Jerusalén quien habla; se siente exultante y [...]

radiante al pensar en los días que se le acercan: El Señor me ha envuelto en un manto de triunfo, como novia que se adorna con sus joyas. En la segunda parte es el profeta quien habla, dirigiéndose a Jerusalén, que está a punto de abandonar el destierro de Babilonia: Los pueblos vecinos, por donde pasarán las caravanas de los desterrados que retornan, verán tu justicia y tu gloria; ya no te llamarán "Abandonada", como cuando eras esclava en Babilonia, sino "Desposada", porque el Señor te prefiere a ti, como un joven que se casa con su novia.
Dios continúa amando también a su pueblo en nuestros días, incluso cuando nosotros le hemos sido infieles. Este cántico nos recuerda el amor indefectible de Dios hacia nosotros. Los mismos castigos y silencios de Dios, aquellos momentos en que, personal o eclesialmente, nos podemos sentir como si fuésemos la "Abandonada", terminarán y desembocarán en un nuevo amor de Dios, esposo que no nos abandonará, porque el Señor nos prefiere a nosotros, y nuestra tierra tendrá un Dios por marido.
En la celebración comunitaria, es recomendable que este cántico sea distribuido entre la asamblea y un lector que representara al profeta. La asamblea podría recitar o cantar a dos coros desde el principio del canto hasta "los himnos, ante los pueblos"; el lector proclamaría, desde el ambón, la parte final, desde "Por amor de Sión no callaré". Si no es posible cantar la antífona propia, este cántico se puede acompañar cantando alguna antífona que celebre la gloria del pueblo de Dios, por ejemplo: "Hija de Sión, alégrate" (MD 606).
Oración I: Reconstruye, Señor, las murallas de la nueva Jerusalén, tú, que no dejas nunca de amar a tu pueblo; haz de la Iglesia una corona fúlgida en tus manos, perdonando todas sus infidelidades; por tu bondad, favorece nuevamente a Sión, para que, renovada y enriquecida con tus dones, como una novia que se adorna con sus joyas, pueda ser tomada como tu desposada y encuentres en ella la alegría que encuentra el marido con su esposa. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Oración II: Señor Jesús, que has venido al mundo, como esposo amante, a traer la paz y la salvación a la Iglesia, tu amada, y la has envuelto en un manto de triunfo, como una novia que se adorna con sus joyas, haz que esta esposa, que tu mismo te has elegido, te ame siempre con amor indefectible y que, unida a la Virgen María y envuelta en santidad, desborde de gozo y alegría y se alegre siempre contigo, su Dios y su Señor. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. [Pedro Farnés]



Partes de esta serie: Hong Kong necesita el testimonio de la vida consagrada · Cántico de Isaías (Is 61,10 - 62,5)

legría del profeta ante la nueva Jerusalén

10Desbordo de gozo con el Señor,

y me alegro con mi Dios:

porque me ha vestido un traje de gala

y me ha envuelto en un manto de triunfo,

como novio que se pone le corona,

o novia que se adorna con sus joyas.

11Como el suelo echa sus brotes,

como un jardín hace brotar sus semillas,

así el Señor hará brotar la justicia

y los himnos ante todos los pueblos.

1Por amor de Sión no callaré,

por amor de Jerusalén no descansaré,

hasta que rompa la aurora de su justicia,

y su salvación llamee como antorcha.

2Los pueblos verán tu justicia,

y los reyes tu gloria;

te pondrán un nombre nuevo,

pronunciado por la boca del Señor.

3Serás corona fúlgida en la mano del Señor

y diadema real en la palma de tu Dios.

4Ya no te llamarán "Abandonada",

ni a tu tierra "Devastada";

a ti te llamarán "Mi favorita",

y a tu tierra "Desposada",

porque el Señor te prefiere a ti,

y tu tierra tendrá marido.

5Como un joven se casa con su novia,

así te desposa el que te construyó;

la alegría que encuentra el marido con su esposa,

la encontrará tu Dios contigo.

Partes de esta serie: Hong Kong necesita el testimonio de la vida consagrada · Cántico de Isaías (Is 61,10 - 62,5)
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