
El padre Víctor, de los Siervos de María o Servitas, va de Florencia a Siena un día de 1254. Le acompaña un hermano laico taciturno, pero interviene con sorprendente elocuencia en una conversación doctrinal con dos dominicos, a los que encuentra en el camino. Enterados de ello, los Servitas deciden iniciar en el sacerdocio a este joven, llamado Felipe Benizi, nacido en el barrio florentino de Oltrarno. Los primeros textos del siglo XIV que hablan de él son la "Legenda originis ordinis" (Leyenda del origen de la Orden) y la "Legenda beati Philippi" (Legenda del beato Felipe). En este caso, legenda no tiene aún el significado que adquirirá más tarde: sólo significa «cosas que se leen». Pero los dos textos, que tienen ante todo una finalidad edificante, contienen abundantes narraciones de hechos prodigiosos y pocos detalles históricos.
Felipe parece haber estudiado medicina y filosofía, pero no se sabe con certeza dónde. Lo que sí es cierto es que ingresó en los Servitas en 1254 y fue ordenado sacerdote en 1258-59, asumiendo pronto cargos de responsabilidad en el sostenimiento de los diversos conventos, todos ellos de corta historia y que funcionaban en situaciones muy difíciles. Se trata de una lucha continua entre ciudad y ciudad. Muchas de ellas, pues, y Florencia en particular, están como divididas en dos: a los ciudadanos «de dentro», es decir, los que han ganado y mandan, se oponen los «marginados», los que han perdido y han sido expulsados (la sangrienta batalla de Montaperti, toscanos contra toscanos, con una masacre de florentinos, se remonta a 1260).
Felipe Benizi trabajó en el desarrollo de la Orden y en 1267 fue nombrado general: la más alta responsabilidad. Suyo fue el gobierno de la expansión, con la fundación de nuevos conventos, los viajes a Italia y Alemania, la creación de congregaciones laicas junto a la Orden, que dejaron su impronta en la espiritualidad de la época. En 1268, tras la muerte del Papa Clemente IV, se produjeron los famosos tres años de discusiones entre los cardenales en Viterbo antes de elegir a Gregorio X (Teobaldo Visconti): según una leyenda, en un momento dado se pensó que el propio Felipe Benizi se convertiría en Papa, e inmediatamente corrió a esconderse. No hay pruebas de ello, pero el hecho de que corriera el rumor es un signo inequívoco de su prestigio ya universal en la Iglesia.
El Hermano Felipe participó en el Concilio de Lyon en 1274, y defendió entonces con vigor la existencia misma de su Orden, en peligro de supresión debido a una deliberación de dicho Concilio. Se le atribuyen otros milagros en vida, pero el verdadero y continuo milagro son los numerosos santos y beatos que se formaron en su escuela y con su ejemplo, día tras día.
Felipe Benizi murió en Todi, en uno de los conventos más pobres de la Orden, el 22 de agosto de 1285, a su regreso de Roma. La Orden comenzó inmediatamente a llamarlo santo, pero fue el Papa Clemente X quien lo canonizó solemnemente en 1671. Su cuerpo se conserva en Todi, en el santuario dedicado a él. Los Siervos de María lo conmemoran el 23 de agosto.
Traducido para ETF de un artículo de Domenico Agasso en Santi e Beati.