
Isabel Cristina Mrad Campos nació el 29 de julio de 1962 en Barbacena (Minas Gerais, Brasil), en el seno de una familia de modestas condiciones económicas. Desde temprana edad asistía a la iglesia parroquial. Formó parte del Grupo de Jóvenes de la Sociedad de San Vicente de Paúl, donde un director espiritual le transmitió la espiritualidad de los Cursillos de Cristanidad y de los Vicentinos. Además, asistía con frecuencia al Monasterio de la Visitación, practicaba la oración en familia, se confesaba regularmente y participaba en campañas organizadas por los vicentinos. Su sueño era convertirse en pediatra.
Tras el curso escolar, el 8 de diciembre de 1980 obtiene el Diploma de Cualificación Profesional del Magisterio. Se mudó a Juiz de Fora (Brasil) para comenzar sus estudios de medicina y se fue a vivir con su hermano en una casa comprada por la familia. En la noche del 1 de septiembre de 1982, su hermano, al regresar a casa, la encontró asesinada, con signos de intento de violencia sexual. Una vez iniciado el juicio penal, Maurílio Almeida Oliveira fue declarado culpable de asesinato e intento de violación. De lo que surge de la autopsia, ella resistió esta agresión, manteniendo intacta su virginidad. El acusado fue condenado a 19 años de prisión. Siempre ha negado haber sido el autor material del asesinato. Después de varios años recluido, escapó de la prisión, quedando prófugo.
El martirio material está ampliamente probado: para amueblar la casa donde vivía con su hermano, la familia había recurrido a una empresa que había enviado al trabajador Maurilio; a la niña le inquietó la actitud intrusiva del joven, tanto que permaneció en oración todo el tiempo que Maurilio estuvo armando los muebles, según relató ella misma a familiares y amigos. El martirio se produjo dos días después, el 1 de septiembre de 1982. Según el testimonio, Maurilio volvió al apartamento hacia las 15:00 horas sabiendo que la niña estaba sola en la casa. Se las arregló para abrir y la atacó. Según la investigación, el homicida golpeó a Isabel en la cabeza, le ató las manos, la amordazó, le rasgó la ropa interior arañándole las extremidades inferiores y le infligió 13 puñaladas en la espalda y el abdomen; dos puñaladas más fueron infligidas en el área púbica. Isabella fue encontrada por la noche por su hermano en un charco de sangre. La autopsia reveló que, a pesar de la ferocidad del ataque, la joven había logrado conservar su virginidad.
En cuanto al martirio formal ex parte persecutoris (desde el punto de vista del atacante), el ataque no era un rapto momentáneo del asesino sino un plan predeterminado que debía estar correlacionado con la fe de la víctima. De hecho, Isabel permaneció en oración todo el tiempo que Maurilio se quedó en casa por trabajo. El joven volvió más tarde e intentó llevar a cabo su intento, a lo que Isabel Cristina también se opuso físicamente, impidiendo la violación.
En cuanto al martirio formal ex parte victimae (desde el punto de vista de la víctima), el sacrificio de Isabel fue consecuente con el ejercicio de la castidad que habitualmente la caracterizaba.
La fama de martirio, y cierta fama de signos, se difundió inmediatamente y permanece hasta el día de hoy.