Esta web utiliza cookies, puedes ver nuestra política de cookies, aquí Si continuas navegando estás aceptándola
Política de cookies +
estoy registrado  |  ¿registrarme?
rápido, gratis y seguro
El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003
A María Virgen, Madre de Dios
Madre dolorosa (Cántico de la Virgen al pie de la Cruz)
Romano el cantor

Romano nació en Siria, en la ciudad de Emesa, hacia el 490. Ordenado diácono en Beirut, durante el reinado del Emperador Anastasio se trasladó a Constantinopla, donde fue incorporado a la iglesia de la Santísima Madre de Dios. Allí se entregó a una vida de oración y de mortificación, caracterizada por su devoción a la Virgen. En el santuario de la Madre de Dios, recibió el carisma poético. La vena poética, milagrosamente desatada en él, inspiró nuevos y numerosos Kondakia, himnos para las principales festividades litúrgicas del año, especialmente las de Cristo y la Virgen. Se dice que compuso un millar de himnos, aunque son muchos menos los que han llegado hasta nosotros. Romano, que ha pasado a la historia con el sobrenombre de el cantor, murió entre el 555 y el 562, y fue sepultado en la iglesia de Ciro, donde se celebra su memoria el 1 de octubre. (Fuente: www.mercaba.org)
 

Venid todos, celebremos a Aquél que fue crucificado por nosotros. María le vio atado en la Cruz: «Bien puedes ser puesto en Cruz y sufrir —le dijo Ella—; pero no por eso eres menos Hijo mío y Dios mío».

Como una oveja que ve a su pequeño arrastrado al matadero, así María le seguía, rota de dolor. Como las otras mujeres, Ella iba llorando: «¿Dónde vas Tú, Hijo mío? ¿Por qué esta marcha tan rápida? ¿Acaso hay en Caná alguna otra boda, para que te apresures a convertir el agua en vino? ¿Te seguiré yo, Niño mío? ¿O es mejor que te espere? Dime una palabra, Tú que eres la Palabra; no me dejes así, en silencio, oh Tú, que me has guardado pura, Hijo mío y Dios mío».

«Yo no pensaba, Hijo de mi alma, verte un día como estás: no lo habría creído nunca, aun cuando veía a los impíos tender sus manos hacia Ti. Pero sus niños tienen aún en los labios el clamor: ¡Hosanna!, ¡seas bendito! Las palmas del camino muestran todavía el entusiasmo con que te aclamaban. ¿Por qué, cómo ha sucedido este cambio? Oh, es necesario que yo lo sepa. ¿Cómo puede suceder que claven en una Cruz a mi Hijo y a mi Dios?».

«Oh Tú, Hijo de mis entrañas: vas hacia una muerte injusta, y nadie se compadece de Ti. ¿No te decía Pedro: aunque sea
necesario morir nunca te negaré? Él también te ha abandonado. Y Tomás exclamaba: muramos todos contigo. Y los otros, apóstoles y discípulos, los que deben juzgar a las doce tribus, ¿dónde están ahora? No está aquí ninguno; pero Tú, Hijo mío, mueres en soledad por todos. Abandonado. Sin embargo, eres Tú quien les ha salvado; Tú has satisfecho por todos ellos, Hijo mío y Dios mío».

Así es como María, llena de tristeza y anonadada de dolor, gemía y lloraba. Entonces su Hijo, volviéndose hacia Ella, le habló de esta manera: «Madre, ¿por qué lloras? ¿Por qué, como las otras mujeres, estás abrumada? ¿Cómo quieres que salve a Adán, si Yo no sufro, si Yo no muero? ¿Cómo serán llamados de nuevo a la Vida los que están retenidos en los infiernos, si no hago morada en el sepulcro? Por eso estoy crucificado, Tú lo sabes; por esto es por lo que Yo muero».

«¿Por qué, lloras, Madre? Di más bien, en tus lágrimas: es por amor por lo que muere mi Hijo y mi Dios».

«Procura no encontrar amargo este día en el que voy a sufrir: para esto es para lo que Yo, que soy la dulzura misma, he bajado del cielo como el maná; no sobre el Sinaí, sino a tu seno, pues en él me he recogido. Según el oráculo de David: esta montaña recogida soy Yo; lo sabe Sión, la ciudad santa. Yo, que siendo el Verbo, en ti me hice carne. En esta carne sufro y en esta carne muero. Madre, no llores más; di solamente: si Él sufre, es porque lo ha querido, Hijo mío y Dios mío».

Respondió Ella: «Tú quieres, Hijo mío, secar las lágrimas de mis ojos. Sólo mi Corazón está turbado. No puedes imponer silencio a mis pensamientos. Hijo de mis entrañas, Tú me dices: si Yo no sufro, no hay salvación para Adán... Y, sin embargo, Tú has sanado a tantos sin padecer. Para curar al leproso te fue suficiente querer sin sufrir. Tú sanaste la enfermedad del paralítico, sin el menor esfuerzo. También hiciste ver al ciego con una sola palabra, sin sentir nada por esto, oh la misma Bondad, Hijo mío y Dios mío».

El que conoce todas las cosas, aun antes de que existan, respondió a María: «Tranquilízate, Madre: después de mi salida
del sepulcro, tú serás la primera en verme; Yo te enseñaré de qué abismo de tinieblas he sido librado, y cuánto ha costado. Mis amigos lo sabrán: porque Yo llevaré la prueba inscrita en mis manos. Entonces, Madre, contemplarás a Eva vuelta a la Vida, y exclamarás con júbilo: Son mis padres!, y Tú les has salvado, Hijo mío y Dios mío».
Buscador simple (o avanzado)
El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.
 
Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.
 
Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).

Las oraciones básicas de la vida cristiana

A Dios Espíritu Santo

A Dios Hijo, Jesucristo

A Dios Padre

A Dios Uno y Trino

A María Virgen, Madre de Dios

Madre dolorosa (Cántico de la Virgen al pie de la Cruz)

Acción de gracias

Actos de Fe, Esperanza y Caridad

Al Sagrado Corazón

Angeles y Santos

Bendiciones

En el dolor y enfermedad

Espiritualidades no cristianas

Eucarísticas

Himnos y cánticos

Intercesión por la Iglesia

Intercesión por los difuntos

Intercesión por los no nacidos

Intercesiones diversas

Jaculatorias

La Oración de Jesús

Meditaciones

Novenas, triduos y otros

Oración ecuménica

Oración Pascual

Penitencial

Poemas

Profesiones de Fe

Temas varios

Villancicos

© El Testigo Fiel - 2003-2019 - todos los contenidos del portal pueden reproducirse libremente, mencionando la fuente.
Sitio realizado por Abel Della Costa - 5.4.45