Cuando llegamos al área interna (es decir, al políptico abierto), nos encontramos con una obra más exuberante, si cabe: en colorido, en detalle, y también en escenas: 14 de las 26 totales (cuento como escenas independientes -porque entiendo que lo son- las referidas a Caín y Abel, aunque algunos no lo hacen) , con mucho más movimiento y variedad.
El conjunto se puede dividir en dos campos, superior e inferior, en cierto sentido (aunque sólo aproximadamente) el campo superioor está en el plano del cielo, mientras que el inferior, el más importante de todo el conjunto, está en la tierra... pero no en nuestra tierra, sino en la nueva tierra, ya transfigurada, de la que habla el Apocalipsis. Propiamente terrenos hay sólo cuatro paneles, que analizaremos en detalle luego: los de Adán y Eva y sus hijos., al exterior de este conjunto.
Presidiendo el plano superior hay un conjunto de tres figuras que no pueden separarse: al centro Jesús coronado, a su derecha la Virgen y a su izquierda Juan Bautista, los dos reinando y a la vez intercediendo. Este conjunto forma un motivo pictórico habitual en el arte románico, y también en la iconografía del Oriente ortodoxo, aunque poco utilizado en la pintura occidental posterior: se trata de la Deesis (en griego "súplica"), que representa -tal como aquí- la intercesión de la Virgen y del Bautista.
[Un detalle accesorio: la deesis que forma el encabezado de este sitio, El Testigo Fiel, se inspira en este cuadro y utiliza sus figuras laterales].

Tanto el Bautista como la Virgen llevan vestimentas reales, y los rodea una orla del trono con textos que aluden a sus atributos bíblicos. En el caso del Bautista, aunque en la reproducción digital no puede apreciarse, en sus manos tiene abierta la Biblia en la cita de Isaías 40: "Una voz clama: 'En el desierto abrid camino a Yahveh'...", además de que la orla del trono lo identifica como Juan Bautista. Para la Virgen, la cita que orla el trono es uno de los habituales textos que la Mariología extrae del Antiguo Testamento, de Sabiduría 7,29: "enim hæc speciosior sole, et super omnem dispositionem stellarum" (Es ella, en efecto, más bella que el sol, supera a todas las constelaciones); la corona exhibe diademas brillantes y lirios en representación de la virginidad, toda su vestimenta es especialmente suntuosa y da gusto recorrerla en detalle.
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Pero lo más complejo de la deesis es la figura central, la de Dios... ¿Padre? ¿Hijo? ¿Espíritu Santo? Aunque la identificación más inmediata es la figura del Hijo, en realidad tiene rasgos de los tres.
La orla del trono celebra con superlativos la grandeza de la majestad divina:
"Hic est Deus potentissimus propter divinam maiestatem (Este es Dios potentísimo por su divina majestad)
"Summus omnium optimus propter dulcedinis bonitatem" (El máximo, el mejor de todos, por la bondad de su dulzura)
"Remunerator liberalissimus propter inmensam largitatem" (Remunerador liberalísimo por su inmensa generosidad)
Pero además hay otros textos y códigos repartidos en la figura: en la cinta de oro bajo el medallón de la capa, puede leerse "Sebaoth", atributo del Tres Veces Santo en la doxología de Isaías: "Santo Santo Santo, es Yahvéh Sebaoth" ("Dios de los ejércitos celestiales" o "Dios del universo" traducimos nosotros en el Santo). Aunque es un nombre que se refiere a Dios mismo, tradicionalmente lo aplicaríamos al Padre. Pero por otro lado, el estampado de la pared (o la tela del trono, más bien) representa a un pelícano picando su pecho, figura muy corriente de Jesús en el bestiario medieval. La orla de abajo del manto tiene un texto entre sus pliegues; no se puede leer de corrido, pero las letras griegas y latinas que hay alcanzan para identificar la cita de Apocalipsis 17,14, que dicen sobre el Cordero: "Dominus dominorum est, et Rex regum" (Señor de señores y Rey de reyes).
En el escabel de los pies se puede leer:
Primera línea a la derecha de Dios: "Vita sine morte in capite" (en su cabeza, vida sin muerte)
Primera línea, a la izquierda de Dios: "Iuventus sine senectute in fronte" (juventud sin ancianidad al frente)
Segunda línea, a la derecha de Dios: "Gaudium sine merore a dextris" (gozo sin dolor a la derecha)
Segunda línea a la izquierda de Dios: "Securitas sine timore a sinistris" (seguridad sin temor a la izquierda)
Allí mismo hay una corona en el suelo; se puede entender que alude a que el Padre ha abdicado en favor del Hijo, o bien (lo creo más plausible) que ha llegado el reino definitivo, donde el poder real y el poder sacerdotal vuelven a estar unidos. Por eso la corona que lleva ahora Dios es una tiara papal triple, quizás sumando las alusiones al poder real y sacerdotal, pero en su referencia trinitaria. Como se ve, la representación de Dios es superabundante. El rojo de la vestimenta posiblemente deba leerse en clave litúrgica, como vestimenta martirial. El báculo evoca una flor, tal vez de lirio, y la tiara está rematada por una pequeña cruz, ya que, acorde con el texto apocalíptico, Jesús conserva eternamente la marca gloriosa de su pasión, como veremos luego en la figura del cordero, centro del cuadro.

Estas tres figuiras son imponentes; por el tratamiento más estático y majestuoso se suele suponer que son las que pintó Hubert, y que dejó sin terminar por su muerte. Pero téngase presente que es sólo hipótesis, ya que no hay nada interno al cuadro que indique eso, y la escena misma exige la solemnidad con la que se ha retratado, así que el cambio de majestuosidad puede entenderse como simple adaptación al tema, sin necesidad de suponer que se ha cambiado de autor.
En el panel siguiente veremos las figuras que rodean a la deesis.