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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde 2003

El Espíritu, el agua y la sangre

Solemnidad del Bautismo del Señor

por Lic. Abel Della Costa
Nació en Buenos Aires en 1963. Realizó la licenciatura en teología en Buenos Aires, y completó la especialización en Biblia en Valencia.
Desde 1988 hasta 2003 fue profesor de Antropología Teológica y Antropología Filosófica en en la Universidad Católica Argentina, Facultad de Ciencias Sociales.
En esos mismos años dictó cursos de Biblia en seminarios de teología para laicos, especialmente en el de Nuestra Señora de Guadalupe, de Buenos Aires.
En 2003 fundó el portal El Testigo Fiel.
10 de enero de 2009
¿Por qué Jesús se hizo bautizar por Juan? esta pregunta es muy difícil de responder. La liturgia lo hace a su manera, acudiendo, por ejemplo a textos como el de la primera carta de Juan, que no parecen tener mucha relación con el hecho del bautismo de Jesús.

Una de las lecturas que se leen en "Bautismo del Señor" es ésta de la primera carta de Juan 5,7-8: «Pues tres son los que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres convienen en lo mismo.»

El autor de esta carta pertenece a la misma tradición que dio origen al Evangelio de Juan, y en esa tradición se destaca un rasgo que es propio de la Pasión según San Juan: del costado de Jesús herido por la lanza mana sangre y agua. Sabemos la predilección de Juan por los símbolismos litúrgicos, así que si nos dice "salió sangre y agua", lo probable no es que quiera que pensemos en la sangre y el agua como líquidos "naturales", sino en los dos sacramentos fundamentales de la Iglesia: el Bautismo y la Eucaristía. Así que también muy probablemente, el autor de la carta joánica -que como he dicho, pertenece a la misma tradición que dio origen al Evangelio de Juan- no está hablando del bautismo del Señor, sino de que esa agua que es testigo y esa sangre que es testigo son las que manaron del costado herido, en la cruz.

Así que Juan no habla del bautismo del Señor sino de su muerte redentora; sin embargo, nosotros leemos este texto en relación al bautismo del Señor. La carta de Juan hace mención al fin de la gesta salvadora; nosotros lo leemos al principio. Esta especie de "inversión temporal" es constante en la liturgia, que llega a poner en relación textos que no tienen vinculación cronológica, ni temática, a veces por motivos que en apariencia son puramente circunstanciales, como la coincidencia de una palabra o de un gesto:

Jesús fue bautizado por Juan con agua del Jordán; del costado de Jesús herido -nos dice el Evangelio de Juan- manó sangre y agua; acerca de Jesús -nos dice la Primera de Juan- dan testimonio el Espíritu, el agua y la sangre... agua, agua, agua; por tanto leemos en esta fecha la escena del bautismo y leemos en esta fecha el testimonio de la Carta. De verdad que en el nivel de la historia de Jesús estos dos textos carecen de relación. De verdad que al nivel literario, de las narraciones y las escenas, tampoco tienen relación. ¿Se ha inventado la liturgia esta relación entre el inicio de la predicación de Jesús y su final?

San Juan dice de su evangelio: «Estas cosas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.» San Lucas, por su parte, nos señala que ha escrito su evangelio dedicado a Teófilo: «para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.» La narración de la vida, palabras y hechos de Jesús no es una colección de anécdotas, sino un verdadero "evangelio", un verdadero anuncio de quién es en realidad, bajo la presencia de su humilde humanidad, este Jesús, el Cristo. Cada cosa que dicen los evangelios es un testimonio de quién es -en realidad- Jesús. Nada se nos cuenta por el mero gusto de contarlo, ni porque simplemente ocurrió. Habrá hecho y le habrán ocurrido en su vida miles de cosas, habrá dicho miles de palabras, pero éstas, las que están en el Evangelio, están allí porque revelan quién es -en realidad- Jesús.

Es muy importante entender esta «intención confesante» de las Escrituras, para comprender que la liturgia tiene exactamente la misma intención: cuando celebramos un hecho de la vida de Jesús (su nacimiento, su bautismo, su muerte), no lo hacemos por el gusto de evocar la biografía de un gran predicador del siglo I de nuestra era, sino para encontrar cómo en esos hechos se inscribe la realidad no visible de Jesús: él es el Cristo.

Visto desde afuera, es muy difícil comprender cómo la liturgia recorta los textos bíblicos y los une formando en cada celebración nuevas figuras: hoy un texto sirve para presentar el agua del bautismo de Jesús en el Jordán como testimonio de quién es Jesús, mañana ese mismo texto servirá para mostrar que el agua que manó del costado de Jesús es el testigo de su mesianidad. No se trata del mismo hecho, pero en realidad y en lo profundo -y eso es lo que la liturgia quiere destacar- se trata siempre del mismo signo: el agua en la que Jesús se sumerge en el bautismo de Juan abre la predicación de Jesús, que se cierra cuando esa agua sale de su cuerpo.

El bautismo que trae Juan es un bautismo de conversión, el que trae Jesús es un bautismo de unción. Juan bautista preparaba a los hombres al encuentro con Dios, Jesús realiza ese encuentro, es él mismo ese encuentro.

Los primeros creyentes, meditando en la figura de Jesús a la luz de la pascua, no entendían del todo por qué Jesús se hizo bautizar por Juan... ¿acaso necesitaba ser purificado? En los relatos del evangelio esa misma perplejidad está puesta en la figura del Bautista; Mateo, por ejemplo, señala que cuando Jesús se acercó a bautizarse Juan trató de impedírselo.

Esta pregunta siguió y sigue presente en la Iglesia: ¿por qué, Señor, era necesario que te sometieras a un bautismo de conversión, tú, que no necesitabas penitencia ni conversión? La liturgia la responde hoy a su manera: en signo, en enigma. Era necesario que Jesús comenzara su predicación en contacto con el agua, porque agua es lo que saldría de su cuerpo para llevar su salvación a todos los que creyeran en él.

El bautismo de conversión que traía Juan no es el mismo que el bautismo de unción en el Espíritu que trae Jesús; y sin embargo percibimos que debe haber entre esos dos bautismos una relación interior, profunda, misteriosa, que se nos escapa. La liturgia de la solemnidad de Bautismo del Señor, con ese raro pero cuidadoso tejido de textos, muestra el signo -el agua- sin desvelar el misterio. Pan y vino salidos de la tierra, agua, fuego de un Espíritu que a la vez es un aire que lo penetra todo y sopla donde quiere: no hay modo de racionalizar ese misterio del encuentro de Dios con nosotros, pero no hay duda de que ha puesto en movimiento todos los signos de la creación para que seamos capaces de percibirlo.

Comentarios
por UNO QUE CONOCE LA VERDAD (i) (66.229.242.---) - dom , 18-ene-2009, 15:17:57

para obtener la salvacion del alma tenemos que creer que el mesias vino mediante tres obras de justicia, que El nos quito el pecado cuando fue bautisado por Juan el bautista, que Yahshua es el que fue a la cruz para quitar el castigo por el pecado del mundo al poner su vida por la humanidad, la paga del pecado fue la muerte, alli todos los creyentes murieron juntamente con el mesias, y resucitaron juntamente con El en su resureccion, para estar sentados en los lugares celestiales en el mesias , es por eso que 1 de juan 5 -6 y 7 nos dice que el agua=bautismo, sangre = madero o cruz, Espiritu - Resureccion son los tres testigos que estan de acuerdo con la redenciopn de la humanidad, si creemos en este misterio verdaderamente seremos salvos.

por Ovtavio (i) (76.111.193.---) - vie , 08-ene-2010, 03:41:20

la verdad que las tres obras de justicia que hizo Yahshua fueron para hacer la ofrenda perfecta, los pecados del mundo fueron transferido al cuerpo del mesias por manos de Juan el bautista, y lavado en el jordan y este jordan llega hasta el mar muerto donde los pecados fueron depositados en la profundidad del mar, despues de su bautismo el Padre Yahweh dio testimonio de que se agrado de su primera obra, despues de Yahshua tomar nuestra cargas El fue al madero de cruz para dar la paga por el pecado que era la muerte, con su muerte dio muerte al pecado y a la muerte, ahora al tercer dia El Espiritu de Yahweh levanto a Yahshua de entre los muertos y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en ese nombre [ Yahshua ] todo los hombres fueran salvos al poner su confianza en El, es por eso que Yahshua vino al mundo y mediante agua = bautismo sangre= la muerte de cruz y Espiritu = resureccion compro a la humanidad salvable , amen y amen
14913

por Pedro Hernández Prieto (i) (88.7.32.---) - dom , 08-ene-2017, 13:21:34

Jesús se humana hasta el punto de prestarse a la mediación humana,familiar,prófética o sociocultural, para conocer la voluntad del Padre. El Bautismpo en el Espíritu es el que le ungirá para cumplir su misión redentora, salvífica, acorde con el significado de su nombre. Presenta de este modo verdadero prototipo de la sacramentalidad.

Ese espíritu que toma del padre al humillarse ante el último profeta nacido de mujer, le pone en camino ahacia la Nueva pPascua, donde será glorificado en la cruz al entregar el Espíritu para la nueva humanidad, personificada en el discipulo amado y en la figura profética y arquetipo de la Nueva Alianza en iglesia, María.
Por eso podemos prefigurar el nacimiento del Mesías niño como itinerario pascual y toda su vida histórica como vocación a la voluntad del Padre, camino hasta la consumación de la promesa mesiánica que se fue anunciando en la escritura.
Este es el misterio que nos asocia a la intimudad revelada por. Nuestra vida cristiana es así, ir al Padre por el Espíritu de Jesús.

Zaragoza, España. 08 enero 2017

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