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El Testigo Fiel
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Balaam y la burra

La burra de Balaam

1626

 

Números 22,21-35


Se levantó Balaam de madrugada, aparejó su asna y se fue con los jefes de Moab.


Cuando iba, se encendió la ira de Yahveh y el Angel de Yahveh se puso en el camino para estorbarle. Él montaba la burra y sus dos muchachos iban con él. La burra vio al Angel de Yahveh plantado en el camino, la espada desenvainada en la mano. La burra se apartó del camino y se fue a campo traviesa. Balaam pegó a la burra para hacerla volver al camino. Pero el Angel de Yahveh se puso en un sendero entre las viñas, con una pared a un lado y otra a otro.

Al ver la burra al Angel de Yahveh, se arrimó a la pared y raspó el pie de Balaam contra la pared. Él le pegó otra vez. Volvió el Angel de Yahveh a cambiar de sitio, y se puso en un paso estrecho, donde no había espacio para apartarse ni a la derecha ni a la izquierda. Vio la burra al Angel de Yahveh y se echó con Balaam encima. Balaam se enfureció y pegó a la burra con un palo.


Entonces Yahveh abrió la boca de la burra, que dijo a Balaam: "¿qué te he hecho yo para que me pegues con ésta ya tres veces?"

Respondió Balaam a la burra: "Porque te has burlado de mí. Ojalá tuviera una espada en la mano; ahora mismo te mataba."

Respondió la burra a Balaam: "¿No soy yo tu burra, y me has montado desde siempre hasta el día de hoy? ¿Acaso acostumbro a portarme así contigo?" Respondió él: "No."


Entonces abrió Yahveh los ojos de Balaam, que vio al Angel de Yahveh, de pie en el camino, la espada desenvainada en la mano; y se inclinó y postró rostro en tierra.

El Angel de Yahveh le dijo; "¿Por qué has pegado a tu burra con ésta ya tres veces? He sido yo el que he salido a cerrarte el paso, porque delante de mí se tuerce el camino. La burra me ha visto y se ha apartado de mí tres veces. Gracias a que se ha desviado, porque si no, para ahora te habría matado y a ella la habría dejado con vida."

Dijo entonces Balaam al Angel de Yahveh: "He pecado, pues no sabía que tú te habías puesto en mi camino. Pero ahora mismo, si esto te parece mal, me vuelvo."

Respondió el Angel de Yahveh a Balaam: "Vete con esos hombres, pero no dirás nada más que lo que yo te diga." Balaam marchó con los jefes de Balaq.

 

 

Esta bellísima fábula bíblica -narrada con sencillez, y hasta con un toque de humor, en la naturalidad del diálogo de la burra con su amo- transmite una honda enseñanza: hasta una burra supo ver a Yahveh e interpretar su voluntad, pero el profeta no, atento como estaba tan sólo a su prestigio e interés personal.

 

Quien la acomete es aún un Rembrandt que no ha penetrado en los secretos de la luz -tiene apenas 20 años-, aún siquiera ha aprendido a desprenderse de la completa literalidad del texto (notemos que pinta cada uno de los elementos que va apareciendo en la escena, lejos de la libertad compositiva de los cuadros que vimos hasta ahora).

 

Y sin embargo, ha adquirido ya la mirada del instante que señalara al inicio: no se ha detenido en el ápice de la escena, en el diálogo de Balaam con el ángel, sino que el ojo se detiene un momento antes: en el momento en que la burra comenzará a hablar.

 

Notemos cómo el cuadro recupera el carácter misterioso e "interior" de la acción a través de los dos acompañantes que se ven de fondo, cuyo rostro expresa que sólo están viendo a un hombre pegándole nervioso a su burra, pero no lo que en realidad está sucediendo allí, y que nosotros tenemos el privilegio de poder ver, no porque la escena haya sido algo visible para todos, sino porque la narración bíblica ha sabido extraer de un hombre cascarrabias pegándole a un animal, todo lo que contenía, y que no puede salir a luz sin la mediación del relato.

 

 

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