Cuantas veces he escuchado que Jesús fue un gran maestro, que no tiene importancia su resurrección, que lo importante es su mensaje de amor y paz. Otros dicen que fue un profeta que nos habló de Dios, como tantos otros, pero no fue Dios. Otros nos mencionan que fue un gran agitador político…
Pero si decimos la verdad… Jesús no es nadie sin la cruz. Sus enseñanzas son pésimas enseñanzas, mofas al dolor humano e irrespetuosas. Lo repito con fuerza… Cristo sin la Cruz no es Cristo, es solo Jesús, y Jesús sin ser Cristo no es nuestro Dios… al menos no es mi Dios ni me interesa saber nada de él.
Si él no es Dios, entonces no hay sentido en seguirlo… es un profeta más que habla mucho pero no nos trae las noticias desde “el seno intimo de Dios”. Si Jesús no es Dios, si Jesús no nos habla de lo que el Padre le dice en la intimidad, si sus palabras no son, La Palabra, ¿de qué me sirve escucharlas…? Probablemente seria bueno estar atento a ellas como se podría estar atento de Jeremías o Isaías, pero ni las palabras de Jeremías ni Isaías salvan. De hecho sus palabras son solo la paciencia de Dios en busca del hombre, el ungüento que sana momentáneamente las heridas, el jugueteo amoroso de palabras entre Dios y la humanidad. Pero no es el YO SOY hablándonos de tú a tú… de hombre a hombre.
Si Jesús no nos explica a Dios desde dentro, si no es Dios mismo el que viene detrás de nosotros… no vale la pena morir por ese hombre… no vale la pena morir por un profeta.. a lo mucho por la carga divina de su boca.. pero Jesús no pide alegrarse por ser perseguidos por sus enseñanzas.. si no POR SU NOMBRE, por Él. Si Dios mismo no es quien viene a hablarme y explicarme… Jesús no vale la pena…
¿Y qué si Dios no existe y Jesús fue un gran rabí, un maestro…? Tonterías… ¿Quién dice que confiemos en “dios” y no nos preparemos para el futuro, comparándonos con las aves y los lirios? ¿Acaso querrá que muramos de hambre? ¿Tiene sentido su predica sin que no sea la de un lunático? ¿Darle la túnica además del manto a quien me lo exija? ¿Y morir de frío? ¿De qué sirve morir? ¿Temer un juicio que nunca llegará? ¿Dejarlo todo por un loco?
Pero vamos más acá… o más allá… Si Jesús es Dios, pero no trae la Cruz consigo, entonces no quiero saber nada de ese Dios… porque yo solo creo en el poder de un Dios capaz de salvar lo que ama… Las bienaventuranzas no se pueden comprender sin la Cruz. No hay mayor mofa al que llora, que se le prometa lo inalcanzable, el reino de Dios, cuando no hay nadie que se salve. No existe mayor contradicción que un Cristo pidiéndonos alegrarnos en las persecuciones en su nombre cuando ese Dios no es capaz de sufrir por nosotros, cuando su amor solo termina en la encarnación, “la encarnación está hecha para la cruz… y la cruz para nuestro Dios hecho hombre”
¿De qué sirve curar a los enfermos, sanar a los afligidos, ayudar a los desvalidos, resucitar a los muertos? ¿De qué sirve regresarlos a este valle de lágrimas, de qué sirve alargar sus días de pesadumbre, de vanas y cortas glorias y alegrías? ¿De qué sirve si nada de esas señales, de esos signos anuncian la buena nueva?, anuncian la verdad, anuncian el inmenso gozo que trae Jesucristo, tan inmenso que nos hace gritar con júbilo “¡Oh feliz culpa que nos mereció tal y tan gran Redentor! “
Locos… ¿Feliz culpa, feliz pecado?. De nada sirve esa taumaturgia si no anuncian la salvación de Dios, la verdadera salvación, que no es la mitigación del sufrimiento, el paliativo al dolor, el alargamiento y estiramiento de la poca felicidad, la satisfacción momentánea al hostigamiento del deseo de eternidad, gota a gota a un paladar sediento en el desierto. No, la verdadera salvación es la que viene a desterrar la muerte, a dar sentido al dolor, de dar sentido al sin sentido… viene a darnos la vida en abundancia.
¿Qué burla es esa de la parábola del Hijo Prodigo? ¿De qué sirve pregonar a un Padre Amoroso deseoso del retorno de su amado hijo, cuando la muerte, el pecado, mis pasiones, son un problema para mi mismo, un problema que me impide amar y me aleja de Dios. Qué tipo de burla y mofa es esa… ¡¡¡LEJOS DE MÍ ESE JESÚS!!! Débil no como mi Dios, sino débil como los hombres, llenos de promesas vanas y paliativos inútiles. Mi Cristo tiene fuego… Fuego que no anula el sufrimiento, pero no se dobla ante él y al final trae la vida, la fuente de la vida verdadera.
Cristo sin la cruz no es Cristo… y si Dios no me puede salvar… ¿Para qué quiero a Dios? ¿Para qué quiero amar a quien no me da la posibilidad de amarlo? ¿Para qué quiero desear a quién no me da la oportunidad de alcanzarlo? Si nuestro Dios no es un Dios que salva… no es Dios.
Un Dios alla arriba que no se compadece, que no se abaja, que no se despoja de su condición divina, acompaña, busca, encuentra, y salva… ¿Puede ser Dios?
Sin la cruz, el sermón del monte es una estupidez que no estoy salvado. Tonteras por que mi llanto no tiene sentido… Basura por que mi pureza de corazón es falsa… jamás podre ver a Dios. El hombre NO ES CAPAZ de alcanzar a Dios si Dios no viene por él.
¿Amar a los enemigos? ¿Por qué he de amar a mis enemigos? ¿Para tener paz? ¿Por qué he de hacerlo si Dios no ama a los suyos, si Dios no es capaz de amarnos a pesar de estar alejados de Él por nuestro pecado, si no es capaz de hacer algo con eso?
¿Confiar en Él? ¿Para qué? ¿Para tener una vida próspera con la copa rebosando de vino y los rebaño centuplicados? ¿Para qué? ¿Para que luego llegue la desgracia como a Job? ¿Para que la enfermedad termine por llevar la poca felicidad? ¿Para que la muerte hiera con su espada a quienes tuve el valor de amar en esta efímera vida?
¿Para qué Jesús me diría que debo de proteger al pobre, la viuda, el huérfano… si no los puedo proteger de lo más importante? ¿De qué sirve el pan al pobre, si el pobre es un problema para sí mismo, si no puede sentirse redimido, si no puede escapar a la sombra de la muerte, del peso de sus pecados, del poder de su maldad que no desea, del tironeo de las pasiones, del torrente de las ambiciones… del fuego del odio… de la melancolía de la eternidad inalcanzable?
Esa es la fuerza de Dios… para revelar los corazones… y en aquella noche silenciosa en Belén, no solo se venia la salvación, sino que era Dios mismo quien venia a salvarnos… por eso soy Cristiano… por eso los mártires morían por Cristo… por la resurrección de la carne, por la filiación de hijos de Dios, por la verdad tensa y profunda de la redención hecha en el sufrimiento de la cruz, donde Dios no se dobló ante el dolor y el sin-sentido… sino que los encaró… y con ello nos rescató… Y por eso puede decir, ¡¡Bienaventurados los pobres!!, ¡¡Bienaventurados los que lloran!!, ¡¡Bienaventurados los que son perseguidos!! No teman, yo he vencido al mundo, a la muerte… El amor es más fuerte que la muerte.
Ese es Jesucristo… mi Dios es un Dios que salva…
La Cruz permanece mientras el mundo da vueltas.
https://catolico.blog/sin-la-cruz-jesus-no-es-nadie/
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Felices Pascuas, Carlos, muy bueno yo diría que excelente este tema tuyo; me recordó una novela que leí hace tiempo, "Camino de Bizancio", en la que " un hombre de Dios", pierde la fe, al encontrarse con el dolor, con la cruz, y, otro sin fe, la encuentra, al descubrir a un Dios que se pone al lado del hombre, y, comparte su sufrimiento.
Dices que Cristo sin La Cruz no es nada; es evidente que La Cruz pudo no ser, no tenía porque haber sido así, pero tienes razón en tu frase, porque Cristo pudo librarse de La Cruz, y, no me refiero a que desobedeciera al Padre, sino que al rechazar los hombres su Mensaje, Dios pudo dejarnos a nuestra suerte, es decir en el mundo de muerte en que estábamos: en lugar de eso, Jesús nos asumió, hizo suyos hasta nuestros pecados, por Amor al Padre le devolvió los hijos perdidos, La Cruz es la mayor muestra de Amor, pero Dios nos amó al crearnos y conservarnos en el ser, sin necesitarnos para nada
En La Cruz, Jesús no bendice el dolor, el cristianismo no es religión del dolor, el dolor, la cruz, es estación de paso, por eso el 4º Evangelio, lo compara con los dolores del parto, ninguna mujer quiere ser madre, para sufrir los dolores, sino para tener un hijo, y de eso presumen las madres de sus hijos no de sus dolores de parto, y, no es más madre la que tiene más dolores, o ninguna porque tiene a su hijo por cesárea, o la que adopta.
Si los dolores de parto, no acabasen con un enano berreando sobre el pecho de su madre, serían un infierno
Sí La Cruz de Jesús no acabase en La Resurrección, sería un Infierno, y Dios no sería Dios
Pero al resucitar a Jesús, Dios nos dice que la muerte, el dolor no tienen la última palabra, nos da su abrazo de perdón, ahora sabemos que en verdad Dios nos ama, si teníamos duda, que Dios es Amor, que no, nos castiga, si no lo hizo por matar al Unigénito, no lo hará por nada, que en Él nos ha resucitado.
Sí Jesús no hubiera resucitado, su muerte sería la de un blasfemo, que murió maldito, como todo él que cuelga del madero, eso sería lo que veríamos, pero al devolvérnoslo vivo, Dios nos dice que es El Bendito, y, nos dice también que la muerte, el dolor vienen del diablo y de nosotros, de Dios, sólo viene la Vida y la Salvación
Por eso tienes razón, es preciso un Cristo con Cruz, pero un Cristo con Cruz Resucitado
Un abrazo
Maite
"No vayáis a la tumba que no esta, buscadlo en los caminos, hospitales, cárceles, entre vuestros vecinos, id a vuestra Galilea, allí lo encontrareis"