Por su indudable interés, ofrecemos la entrevista concedida por el ya obispo emérito monseñor José Gea Escolano, el 6 de julio del año pasado, momento en el que presentaba la dimisión que hoy le ha sido aceptada por la Santa Sede:
El obispo de Mondoñedo-Ferrol, el valenciano monseñor José Gea, presentó su dimisión al Papa el pasado 14 de junio por razones de edad, al cumplir los 75 años. Con este motivo, desde Real de Gandía, su pueblo natal, concedió hoy una entrevista a Veritas, en la que cuenta personalmente cuáles son sus sentimientos en estos momentos, qué proyectos tiene cuando se acepte su dimisión.
Para monseñor Gea, empieza tras la jubilación ?una relación muy fina con la Iglesia?, en la que ?la meta está cerca?. Su intención es ir a América a ayudar a las misiones, pero está dispuesto a ir donde se le envíe: ?donde me encomiende el Papa, yo voy?.
Durante el ejercicio de su ministerio episcopal, el prelado ha querido ?presentar ante las posturas de la Iglesia ante cuestiones que estaban en el ambiente, debatiéndose, y en las que había posturas, por parte incluso de políticos, no muy de acuerdo con la enseñanza de la Iglesia?.
-¿Cómo se siente un obispo en el momento de presentar su dimisión?
Monseñor José Gea: Yo diría que un obispo que ha vivido conscientemente su misión como pastor de la Iglesia, cuando llega el momento de presentar la dimisión, y por tanto, de dejar abierto el camino para que otro ocupe el cargo pastoral que él ocupa, yo diría que hay una especie de relación muy fina con la Iglesia.
Es decir, yo me imagino un poco a estos esposos que llegan a las bodas de oro matrimoniales, y que llegan con una ilusión, con un cariño entre ellos... Se han desprendido los frutos de su matrimonio formando nuevas familias, y entonces se encuentran en esa situación de que el amor se ha purificado, en que ya no hay esas relaciones entre uno y otro movidas por la atracción mutua que puedan tener, por mil motivos, sino que aparece ese amor que ha sido probado, que ha sido purificado y que casi casi podemos decir que no pueden vivir el uno sin el otro. Y de hecho, cuando uno de los dos muere, el otro no dura mucho.
La experiencia del obispo es más o menos ésta: ha estado durante toda su vida trabajando por la Iglesia, viviendo por la Iglesia, viviendo para la Iglesia, entonces se encuentra en esta situación en que dice: pues sí, yo amo al Señor, me he entregado al Señor, me he entregado a la Iglesia y sigo entregado a ella, aunque no pueda desempeñar un cargo dirigiendo una diócesis. Pues muy bien, cualquier otra cosa, cualquier otra tarea. Y esta es la situación en que nos vemos los obispos, y en la que más o menos me veo a mí mismo también.
-¿Ha supuesto para usted un momento de tristeza, de desprendimiento?
Monseñor José Gea: No, no, no, ¡nada de eso! Yo estoy en la misma situación de ánimo que me encontraba hace un año y hace catorce y hace veinte años. Yo creo que no podemos aplicar una visión puramente natural a esta realidad de la jubilación, a esta realidad de dejar un cargo porque ya la edad y la salud y las fuerzas quizás no lo permiten.
Hay una visión sobrenatural que es la que realmente, a mí por supuesto, me mueve, y es el estar ya cerca de la meta. Quizá esto que digo para muchos no acabe de ser muy comprensible, ¿no? Parece que todos queremos durar casi ?per secula seculorum?. Pero cuando uno se ve ya en esta etapa final de su vida, que puede ser de unos meses o unos años, o que se yo, pero que ya está un poco ?ahí delante?, y hay que contar con ello de una manera más consciente, pues, yo me alegro, estoy contento.
Estoy contento, y además ¡con ganas!. Quizás esto extrañe a algunos, pero estoy ¡con ganas! La razón de mi vida es el Señor, es la posesión del Señor, es la unión con el Señor definitiva por toda la eternidad. Y claro, cuando uno se ve ya casi casi en la meta o cerca de la meta... por eso yo estoy contento, y además, repito, con ganas. Es el encontrarte con el Señor que te dice: ?¡pasa adentro!, que has estado trabajando por mí toda la vida?.
Y vas confiado, no con esa visión que tenemos, al encontrarte con el Señor, de un Dios justiciero, de un Dios exigente, un Dios que te las hace pagar todas. ¡No! Es el Padre misericordioso que espera a ese hijo que le ha querido, que le ha amado, que ha trabajado por su Iglesia y que le ha dedicado su vida con todos los altibajos, que toda vida tiene. Y se encuentra con ganas de ver a Dios, de poseer a Dios, de ser poseído por Él, de ver a la Virgen, de ver a la familia que tienes allí ya, de ver a tus padres... Realmente es maravilloso, creo que debiéramos pensarlo. Yo, de verdad, me siento contento, me siento esperanzado. Es apasionante. Es apasionante llegar a la meta.
Estamos siempre agarrándonos a la vida como si la muerte fuera esa puerta que se cierra, y dices ¡hale! ¡No! ¡La muerte es la puerta que se abre! La muerte da paso a la eternidad de Dios, es el paso al gozo, es el paso al premio, es el paso a la meta. Y oye, si uno está corriendo todo el día, tiene ganas de llegar a la meta; si está en una competición, tiene ganas de llegar a la meta. Y si nuestra vida es eso, yo tengo ganas de llegar a la meta, porque mi vida tiene sentido en cuanto que está orientada hacia esa meta. Y esa meta debe de ser preciosa, debe ser preciosa: es la que de verdad nos llena, y nos llena por completo.
-¿Cómo sirve un obispo emérito a su Iglesia? ¿Qué tarea le queda?
Monseñor José Gea: La sirve de dos maneras, podríamos decir. Yo no sé a quien le oí o a quién leí que ?una sola persona es suficiente diócesis para uno mismo?. Efectivamente, si por cada persona dio el Señor su vida, pues oye, si yo puedo hacer el bien a una persona, allí hay un campo enorme.
De todas maneras, cuando me acepte la jubilación el Papa, si estoy más o menos como ahora, aunque tengo un poquito de achaques y eso, pero por decirlo de una manera familiar, si estoy todavía ?de buen ver?, pienso marcharme a América para ayudar a las misiones. Es un sitio donde se puede hacer algo ante la enorme escasez de sacerdotes, si yo puedo ayudar a cualquier párroco, o hablando, dando ejercicios, o retiros, o confesando, o lo que sea. Hombre, yo comprendo que no estaré en condiciones de ir viajando de un lado a otro, pero si estoy más o menos bien, pienso irme.
Y si el Papa me encomienda alguna cosa, en alguna delegación o en alguna comisión de la Conferencia, o en cualquier diócesis, ayudando, pues donde me encomiende el Papa, yo voy. Siempre he estado abierto a las disposiciones del Papa mientras he sido obispo, y cuando era cura, a las disposiciones del obispo.
Y si llega el momento en que no pueda moverme por mi mismo, hay siempre una presencia de uno frente al Señor, hay una actitud de oración, hay una posibilidad de rezar y de encomendar a la Iglesia y de ofrecer la vida por las necesidades de la Iglesia, y ahí es donde está mi campo de actividad y mi campo de trabajo como obispo.
Ahí está la posibilidad, la que sea. El futuro está en manos de Dios, y mi disponibilidad está totalmente abierta.
-¿Cuál es la experiencia más importante que tiene en su vida como obispo, la que más le ha marcado?
Monseñor José Gea: Mi lema episcopal es aquella frase de san Pablo: ?La palabra de Dios no está encadenada?. Los tiempos en que he ejercido el episcopado no han sido tiempos fáciles. Bueno, tiempos fáciles podemos decir que no ha habido ninguno en la Iglesia, pero estos tiempos han sido un poco revueltos: unos aceptando líneas del Concilio, otros confundiéndolas...
No ha sido fácil orientar, y quizás lo más importante en mi experiencia de obispo ha sido el presentar ante mis feligreses las posturas de la Iglesia ante cuestiones que estaban en el ambiente, debatiéndose, y en las que había posturas, por parte incluso de políticos, no muy de acuerdo con la enseñanza de la Iglesia. Yo he intentado que en esos momentos mis fieles tuviesen las ideas claras de lo que su obispo les decía.
Mi intención ha sido siempre ésta, la de clarificar la postura de la Iglesia. Y a veces he dicho, ante ciertas críticas que he recibido y ciertas incomprensiones y ataques etc., que si había algo que yo hubiese escrito que no estuviese de acuerdo con la enseñanza de la Iglesia, lo retiraba inmediatamente.
Esto es lo que más satisfacción me ha producido y lo que más... no quisiera decir que me ha hecho sufrir. Hombre, no lo pasas bien cuando se meten contigo, cuando te dicen cualquier cosa, cuando escriben de ti cualquier cosa, pero eso, sin que uno deje de sentirlo, después inmediatamente goza, porque se ha visto unido a la Cruz del Señor. Y cuando más unido me he visto a la Cruz del Señor, y cuando más me ?han empujado? hacia esa cercanía de la Cruz, más gozoso he vivido, sabiéndome muy cerca de Él.
-¿Siente ahora mismo la tentación de la soledad, el no estar tan cercano a la gente como lo ha estado en la diócesis?
Monseñor José Gea: No, no, no, es posible que algunos caracteres de algún obispo o de algún sacerdote, como en el caso de algún profesional que ante la jubilación se vea un poco desamparado, un poco solo. No, como decía antes, cualquier persona es suficiente diócesis para uno mismo.
Quizá también mi manera de ser es de relacionarme mucho con la gente. Mientras siga teniendo, si no la salud, al menos la mente como la tengo ahora, no me cuesta relacionarme con la gente. Lo mismo me da estar en un grupito pequeño en el que tratemos de cualquier cosa, no solamente ya sermoneando o predicando o tratando de temas religiosos, o de cualquier cosa, que estar con un grupo grande.
Yo lo que veo es que mi realidad de obispo y mi misión de pastor de la Iglesia pienso cumplirla y espero cumplirla con la mayor normalidad, como la he cumplido siempre. ¿Que cambia el escenario? ¿Que cambia el público? Pues muy bien. Pero yo quisiera que mi persona siguiera como hasta ahora, abierta a todos y dispuesto a pensar, hablar y actuar para bien de la Iglesia, a fin de ser un testimonio vivo de Cristo en medio del mundo.